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LAS GAFAS DE SOL DE ABBAS KIAROSTAMI

Abbas Kiarostami
Ilustración de Guillermo Labarga

 

Hace setenta y cuatro años, tres meses y veintidós días nacía en Teherán Abbas Kiarostami, el gran cineasta iraní. Un poco menos de tiempo hace, cuarenta y cinco años, desde la primera vez que Kiarostami decidió rodar un cortometraje para el Centro de Desarrollo Intelectual de Niños y Adolescentes o también conocido como Kanun. Su primer cortometraje es una pieza de unos escasos diez minutos que cuenta una historia (aparentemente) también escasa. Se trata de Pan y callejuela (1970). En esta pequeña filmación el cineasta iraní nos mostraba las adversidades de un niño que, tras haber salido a la calle a comprar pan, se cruza con un perro rabioso que no le deja pasar por una estrecha callejuela, tan estrecha, me atrevería a decir, como la sociedad iraní de aquel momento. Tras varios intentos fallidos, el niño decide darle un poco de pan al perro y, mientras está distraído comiendo, pasar por la callejuela. Fin. Así de fácil y así de sencillo. “Hágalo usted” dirán los más sensibles. Si cava más allá de la superficie, el espectador podrá encontrar en Pan y callejuela un relato moral sobre el sacrificio, sobre cómo para conseguir lo que queremos, tenemos que dar un poco de pan. Esta fábula sorprendió gratamente al Kanun, que a partir de ese momento histórico empezó a invertir cada vez más en el desarrollo del audiovisual. ¿Quién es Abbas Kiarostami? No lo sé.

 

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MÚSICA PARA RECORDAR EN PANTALLA

“El sonido es el amigo del director pues potencia cosas que en determinadas situaciones la imagen no puede potenciar” decía Francis F. Coppola, y qué gran razón tenía. Desde los orígenes del cine la música ha sido siempre un elemento imprescindible a la hora de realizar cualquier producción cinematográfica. Es muy difícil imaginar una película sin música. Este elemento es tan necesario que sin él el cine parecería ir desnudo, casi incompleto. Sin embargo, no siempre la música juega el mismo papel en una película; este elemento es capaz de entrar por nuestros oídos y estremecernos de mil maneras diferentes, y si además está jugando a favor de las imágenes el resultado es completamente apoteósico. Podríamos encontrar una infinidad de escenas en las que la música juega un papel importantísimo, pero sin duda estas cinco son las que han marcado mi pasión por la música en el cine firmemente:

 

 

5. Psicosis. “The murder” – Bernard Herrmann

 

Ya es un clásico que todos conocemos esa famosa escena en la que Marion Crane es asesinada a manos de Norman Bates en la ducha de aquel inhóspito motel de paso. Pero sin duda hay algo en esta escena que debemos admirar. Todos estaremos de acuerdo en que la primera impresión que puede tener cualquier persona de nuestra generación es que no hay quien se crea que esa mujer esta siendo acuchillada. Al igual que en la mayoría de las películas de esta época los efectos visuales colaban perfectamente en aquel momento, pero ese es un elemento con fecha de caducidad, los mecanismos se actualizan, se re-inventan y avanzan. Entonces, ¿qué tiene esa escena que a día de hoy sigue presente? La música. No hay otra razón que explique como esa escena a sobrevivido al tiempo y nos haga olvidar el hecho de que no lleguemos a creernos las puñaladas. Es increíble pensar como un sonido puede acaparar toda la atención y dejarnos llevar a través del tiempo. La fricción de las cuerdas contra el violín es capaz de recrear sonidos asombrosamente tenebrosos como si de irritantes chillidos se tratase. Se trata de una escena salvada completamente gracias a la fuerza de la música y la proyección de su potencial estremecedor.

 

 

4. 2001: Una odisea en el espacio. El Danubio Azul – Johann Strauss

 

Solo un genio como Stanley Kubrick podría hacer algo como lo que tenemos en este grandioso y apoteósico film. La escena en la que el cohete llega a la estación espacial acompañada por El Danubio Azul ha sido uno de los momentos cumbres que he podido experimentar de la música en el cine. Comienza la escena y vemos una nave flotando en orbita en el espacio, al poco rato descubrimos también la estación espacial, ahí, flotando, en medio de la anda. Parece no tener sentido nada de lo que estamos viendo, El Danubio Azul sigue sonando de fondo y seguimos desconcertados con lo que está pasando. De repente vemos como el cohete va acercándose poco a poco a la estación espacial, parece disponerse a estacionar en ella, en ese momento nos damos cuenta de la genialidad de la escena, todo esto se trata de una danza entre las dos naves, una elegante y lenta danza entre dos naves como si de un rito de apareamiento y juego de seducción se tratase. Evidentemente esto no hubiese sido lo mismo sin El Danubio Azul, y sin darnos cuenta estamos nuevamente ante una escena en la que el sonido potencia completamente la intención de la escena. Es este un momento de la historia del cine para recordar.

 

 

3. Evita. Don´t Cry For Me Argentina – Madonna

 

Solo por esta magistral interpretación del tema mas representativo de la gran mujer que fue Evita Perón, perdonamos a Madonna por los múltiples esperpentos que ha hecho en la gran pantalla. Que este es un grandioso musical no hay duda, pero hay un punto y aparte antes del Don´t Cry For Me Argentina. Antes de este momento nos encontramos ante una película entretenida, en la que no entendemos muy bien que hace Antonio Banderas y no sabemos hacia donde nos llevará. Pero entonces llega el gran momento, Madonna sale ante el pueblo argentino desde el emblemático balcón de la Casa Rosada y encarna toda la magia que un día Evita derrochó a cada paso. Es un momento asombroso que marca un antes y después en el transcurso de la película, de la concepción del personaje y de la carrera cinematográfica de Madonna. Esta grandiosa obra compuesta por los ya aclamados Andrew Lloyd Webber y Tim Rice recomponen el alma de todo un pueblo, de una nación, y en pantalla potencia hasta limites impensables una sacudida increíble de sentimientos que hacen volcarte al cien por cien con el personaje que se está recreando.

 

 

2. Ascensor para el cadalso. Générique – Miles Davis

 

Lo que Miles Davis creó en Ascensor para el cadalso es una de las mejores bandas sonoras jamás creadas en el cine. Podríamos pasarnos horas debatiendo sobre cual es la mejor pieza que hay en este film, pero no hace falta irse mas allá del opening para llegar a la conclusión de que a través de la trompeta de Miles Davis esta historia se cuenta por si sola. La forma en la que esta forma se inicia resulta tan elegante y sensual. Lo que Davis creo es una prefiguración de lo que mas tarde veremos en pantalla e incluso nos hace reflexionar mas allá de eso, a través del sonido nos transmite la pasión, el romance y el frenesí de los protagonistas, impregnando la película de un ambiente propio y que nos envolverá. Podemos decir que esta historia se recrea a través de la música llevándonos a un estado mental mucho mas allá de nuestra realidad, nos traslada automáticamente a el universo envolvente de Ascensor para el cadalso.

 

 

1. Philadelfia. La Mamma Morta – María Callas

 

Si me preguntasen por aquella escena que cada vez que la vieses fuese como la primera vez, sin pensarlo dos veces diría que es esa en la que Tom Hanks inundado por el sentimiento que la voz de la Divina produce sale completamente de este planeta para trasladarse a un estado mental. Esta no es una escena cualquiera, al igual que en Psicosis, esta escena se basa esencialmente en el sonido, en la voz de María Callas. Pero no es lo único que tiene de especial, no se trata de una escena en la que la música es un elementó potenciador, sino que la música pasa a ser un elemento más dentro de la escena, siendo esta aria, La Mamma Morta, el desencadenante de la acción, el elemento narrativo que explica el clímax de toda la película. Se trata de un momento duro, un momento que azota nuestros sentimientos con la mayor fuerza, estamos ante el desarrollo de una devastadora reflexión que lleva al personaje a la conclusión de que su destino es morir y la forma en la que explica como acepta su muerte es esta canción. Sin duda es grandioso este momento, no es una canción que acompaña a la imagen, es la canción la que acompaña a la narración, el elemento en el que esta se soporta, el pilar en el que se confía todo sentimiento. Es esta escena nuevamente una absoluta genialidad, capaz de conmover, saltarte las lagrimas y desgarrarte el alma hasta el punto de conectar con el personaje de forma única llevándote a un espacio y tiempo diferente.

 

 

Diego Castiñeiras

 

CRÍTICA DE “MOMMY”

¿MAMÁ, ME HAS DEJADO DE QUERER?

 

 

Xavier Dolan, el niño prodigio del cine alternativo llega con su nueva obra, Mommy. Ya nos había sorprendido con largometrajes como J’ai tué ma mère (Yo maté a mi madre), su ópera prima, dónde también nos hablaba sobre el concepto de dependencia en una relación materno-filial, pero ahora con Mommy el director se aproxima al punto de vista de una madre. Es un largometraje que nos habla de las conexiones emocionales que se establecen entre tres personajes claramente inadaptados: el amor catastrófico que existe entre la madre y el hijo se ve respaldado con el personaje de la vecina, actuando así como eje catalizador entre los dos.

 

Dolan nos presenta una película enmarcada en un futuro realmente cercano hablándonos del dilema moral que supone el abandono de un hijo y las consecuencias emocionales que conlleva.

 

Mommy, rodada con el formato 1:1 prácticamente en su totalidad, solamente abre el formato (a 1:1,66) cuando los personajes se sienten emocionalmente liberados, dejando respirar al personaje y también al espectador. Con éste formato el autor lo que hace es situar el rostro del personaje dentro de unos límites y que con ello el espectador centre su atención en la imagen. Realmente estética, Mommy, no hace más que moverse entre los extremos, entre lo desbordante, lo excesivo, jugando así con el encuadre. El exceso no sólo se mueve dentro de parámetros estéticos sino que los personajes van variando de tono a medida que se va desarrollando el argumento, van saltando entre distintos tonos cada uno de ellos y la estética que engloba toda la película no hace más que acentuar ese aspecto.

 

 

Mommy, un largometraje que no hace más que consolidar la temprana trayectoria de un joven director, de una joven y prodigiosa promesa: Xavier Dolan. Puede ser que éste prodigio ya nos empiece a señalar un nuevo cine de autor.

 

Mar Subirats (1º)

 

CRÓNICA DEL FESTIVAL REC

Cuando asistí a la XIV Edición del REC Festival Internacional de Cinema de Tarragona prácticamente no salí de la sala de proyecciones. Y aunque llegué el tercer día, pude ver los primeros proyectos de nuevos cineastas muy prometedores que competían en la sección principal, Ópera Prima. Estos son para mí los más destacables, para mejor o para peor.

 

10000 Km nos cuenta la historia de una pareja separada por la distancia que se comunica a través de las nuevas tecnologías. Éste último es el factor más redimible de la obra, puesto que la historia es algo insulsa. Completamente integrados tanto en la trama como en nuestras propias vidas, los sistemas de comunicación modernos aún tienen que hacerse su sitio en el cine. Hasta ahora si hablamos de películas en las que pasamos la mayor parte del tiempo viendo pantallas en la pantalla (valga la redundancia) nos vendrán a la cabeza obras de ciencia ficción como Star Trek II: La Ira de Khan o imaginaremos un futuro distópico y pesimista. No nos damos cuenta de lo cerca que está ya de nuestra realidad. 10000 Km se encarga de ir acorde con ella y recordárnoslo. Tal vez nos encontremos ante una metáfora sutil, la vida del protagonista masculino parece ser truncada completamente, pero, ¿es por la distancia de su amada o es porque ha olvidado que hay algo más fuera de la pantalla? Quizá esté divagando pero la película no se aleja de introducir conceptos sutilmente, como podemos ver en su inteligente uso de patrones cromáticos en los decorados y vestuario. Para acabar, resaltar que está muy bien interpretada. Natalia Tena y David Verdaguer son el verdadero sustento de la película, no sólo por ser los únicos personajes si no por la espontaneidad y frescura de sus diálogos.

 

10.000 Km

 

The Tribe te remueve. Inquietante y atractiva a partes iguales des de el primer minuto. De un lado tenemos el contenedor, larguísimos planos generales-secuencia y diálogos en lenguaje de signos sin subtítulos. Del otro su contenido, una inmersión fascinante hacia un mundo oscuro que no conocemos o ignoramos deliberadamente, pero que tenemos justo al lado. La elección en el tipo de plano, los diálogos ininteligibles y la crudeza al tratar escenas violentas nos transmiten una sensación: no deberíamos estar viendo esto. Como lo hace su ritmo lento, al que no estamos nada acostumbrados. La pantalla nos invita a formar parte de algo a lo que no pertenecemos y de lo que queremos guardar una cómoda distancia, provocándonos a la vez rechazo y un interés cuasi morboso, motivado por la incredulidad. Brillante.

 

Dos otoños, tres inviernos debería ser un corto. Y probablemente lo sea, aunque estirado como un chicle, pues muchas de las obras presentadas a la sección Ópera Prima encuentran su origen en cortos previos. Su formato, combinando constantemente voz en off con personajes hablando directamente a la cámara, es como éstos mismos. Por su personalidad y su comportamiento y palabras pueden enternecernos al principio y sin duda pasaremos un buen rato y nos divertiremos con ellos, pero pasada la novedad cansan un poco.

 

Si The Tribe nos muestra el reverso tenebroso del mundo actual y la sociedad, El camí més llarg per tornar a casa hace lo propio con nosotros mismos. Borja Espinosa interpreta a un hombre abatido por la muerte de un ser querido. Su incapacidad para afrontarlo y la enajenación que le provoca el duelo lo arrastrarán en una espiral descendiente hasta lo más bajo y triste del comportamiento humano. Aunque pueda parecer un tema muy casuístico su mensaje adquiere un carácter universal. No es solo que todos intentemos negar nuestro inevitable perecimiento para así vivir mejor, también puede aplicarse a cómo nos evadimos en general de afrontar problemas. El tono que utiliza le da al tema un aire oscuro y así consigue tocarnos de una manera mucho más desgarradora. El uso del perro como símbolo encaja a la perfección con el contexto y representa muy bien cómo un conflicto nos perseguirá por más que intentemos evitarlo, pero resulta un poco manipulador.

 

El camí més llarg per tornar a casa

 

For some inexplicable reason se nos vende en el programa del festival como la historia de un Woody Allen húngaro. Y ciertamente nos remite a la obra del director, concretamente a Toma el dinero y corre. Ambas son óperas primas y sucesiones de secuencias unidas por un hilo bastante fino, cuasi invisible, pero igualmente tienen su gracia y nos hacen reír. Solo que esta menos. Cuando en el Q & A posterior al pase se nos reveló que nunca llegó a escribirse un verdadero guion no nos sorprende. Aun así hay que felicitar al equipo, formado en gran parte por noveles que colaboraron en este proyecto de fin de carrera. La película ya ha cosechado un notable éxito en Hungría y ha ganado ya algún premio (irónicamente, al mejor guion).

 

Viktoria es épica e intimista, histórica y onírica. Nos cuenta a la vez la historia de tres generaciones de mujeres de una misma familia y la de la caída de la URSS. Aunque puedan parecer oxímoros y ciertamente algunos de sus contenidos choquen entre sí o no estén del todo bien enlazados, no se puede concebir el film quitando una de sus partes. Además todo va envuelto en una fotografía y un diseño de producción impecables que nos atraen y sumergen.

 

Los Hongos es un gran ejemplo de película descriptiva. Lo inusual de su contenido y sus colores bonitos y brillantes nos entretienen mientras conocemos el estilo de vida de dos jóvenes grafiteros de la Colombia urbana y lo contrastamos con el de sus progenitores. Casi todos ellos son personajes con algún punto de ternura (o muchos), y todo va aderezado con música muy rítmica y alegre. Su visionado deja un muy buen sabor de boca.

 

No One’s Child es la historia basada en hechos reales de cómo un niño lobo fue encontrado en los bosques y posteriormente civilizado. Aunque la premisa sea algo tópica se nos acaba presentando una subversión del tema, que también acaba siendo un poco típica. Como estereotipada es la rápida aceleración que el niño experimenta en su proceso de aprendizaje. La pregunta es, ¿daña eso a la película? Sí, puede que no sea muy original y que ello haga rehuir al espectador con más experiencia, pero su factura es reluciente. Hay que elogiar la interpretación de Denis Muric como el niño, al igual que la de sus compañeros, adultos e infantiles. Y la historia, sea como sea, está contada de una forma muy fluida y correcta. Además, el uso de metáforas y un mensaje simples nos hacen sentir muy listos como espectadores, por lo que es un recurso muy astuto. Perfectamente comprensible que ganase el premio del público. Pero bajo su “sencillez” se esconde mucho trabajo de preparación y detallismo, que también hay que valorar.

 

No One’s Child

 

Como se ve, ha sido una experiencia muy variada e interesante. Concluiré con un pequeño apunte sobre el festival en sí. Por su sencillez, por su humildad y por mantener un ambiente distendido y familiar que se mantuvo en los Q & A (y sobretodo en el acto de clausura con Carlos Vermut), quisiera felicitar a la organización. Mi más sincera enhorabuena.

 

Jaume Bernabéu (1º)

 

ESTRENOS PARA NAVIDAD

Diciembre. Llega la Navidad y con ella nuevos y esperados estrenos. Uno de ellos, personalmente el más especial, es El Hobbit, la Batalla de los Cinco Ejércitos. Un año después, Peter Jackson nos presenta la que va a ser la última de la mítica saga de la Tierra Media y según las palabras del propio director, es el filme de la trilogía del Hobbit del que más se siente orgulloso. Ian Mckellen, Martin Freeman y Orlando Bloom, entre otros, se despiden de unos de los personajes más famosos del cine. Si ya fue triste imaginar que no volveríamos a ver a Gandalf en la pantalla después de El Señor de los Anillos, el Retorno del Rey, ahora, que ya es el adiós definitivo, hará que esta película tenga el doble de emoción y emotividad para los fans.

 

El Hobbit, la batalla de los cinco ejércitos

 

Otro filme imprescindible que se estrenará este mes (25 de diciembre) es Big Eyes, una película en la que Tim Burton nos cuenta la historia de los famosos cuadros de Keane, más conocidos por los cuadros de los niños de grandes ojos, que aún hoy en día se comercializan. Para ello, cuenta con la interpretación de Amy Adams en el papel de la artista y la verdadera autora de estas obras de arte. Este filme, comparte día de estreno con Invencible (Unbroken), Musarañas y Kaplan, tres películas de tres países diferentes y que son obligatorias para ver este mes. Unbroken es un drama épico, dirigido por Angelina Jolie, basado en hechos reales y que , además, es considerada como una de las Top 10 del año según el AFI (American Film Institute). Por otra parte, tenemos Musarañas, una producción española protagonizada por Macarena Gómez que ha decidido pasar de la comedia al thriller de terror. Una apuesta diferente y con un reparto que seguro que no nos decepcionará (Luis Tosar, Nadia de Santiago y Asier Etxeandia, entre otros). Y, por último, Kaplan, una comedia que representará a Uruguay en la carrera hacia el Oscar al mejor film de habla no inglesa. ¿Cuál de ellas ver el día del estreno? Difícil decisión.

 

Por otra parte, Benedict Cumberbatch no solo estrena la cuarta temporada de la serie Sherlock en España, sino que protagoniza The Imitation Game junto con Keira Knightley. Cumberbatch se mete de nuevo en la piel de un personaje extravagante y, en apariencia, solitario, pero su buena interpretación en todas las producciones en las que ha realizado este tipo de rol hace que sea una apuesta segura y que sepamos que este filme cubrirá todas nuestras expectativas.

 

The Imitation Game

 

Cambiando de género, la comedia también estará presente estas Navidades en dos películas francesas que han recogido muy buenas críticas: Se nos fue de las manos, dirigida por Philippe Lacheau y Nicolas Benamou, en la que un empleado, en apariencia serio y tranquilo, tiene que cuidar al hijo de su jefe mientras este está fuera. Por la noche, se ve enredado por sus amigos para montar una fiesta en la casa para celebrar su cumpleaños. Quizá, pueda parecer un argumento muy visto y previsible, pero el hecho de que el segundo acto esté narrado como si fuera la grabación de un amigo del protagonista podría marcar la diferencia y ser una buena apuesta para pasar una tarde entretenida. Y, por otra parte, tenemos Dios mío ¿pero qué te hemos hecho? de Philippe de Chauveron. Cuenta la historia de unos padres muy conservadores que lo único que quieren es que sus cuatro hijas se casen. Todas lo hacen, pero su elección, quizá, no sea la que ellos se esperaban…

 

Y, para finalizar, dos películas muy esperadas: una de ellas, Mr Turner, dirigida por Mike Leigh, ganador de la Palma de Oro en Cannes y varias veces nominado al Oscar, en la que continúa apostando por la improvisación y cuenta la historia del pintor cuyo nombre le da título a la obra. El protagonista es interpretado por Timothy Spall, que actualmente ha ganado ya 4 premios por su interpretación en esta película. Y, por último, Walesa, la Esperanza de un Pueblo, un filme dirigido por Andrzej Wajda, también ganador de la Palma de Oro en Cannes en el año 81 y nominado a los Premios Oscar.

 

Póster de Mr. Turner

 

En definitiva, puede que las Navidades sean una época de descanso, pero a los que nos apasiona el cine tendremos que organizarnos bien para que no nos quede ninguna película por ver. ¡Felices fiestas y a por el calendario!

 

Andrea Ordóñez (1º)

 

CRÍTICA DE “JAUJA”

PARAÍSO PERDIDO O CÓMO INTERPRETAR CONSTELACIONES

 

 

«Los Antiguos decían que Jauja era una tierra mitológica de abundancia y felicidad. Muchas expediciones buscaron el lugar para corroborarlo. Con el tiempo, la leyenda creció de manera desproporcionada. Sin duda la gente exageraba, como siempre. Lo único que se sabe con certeza es que todos los que intentaron encontrar ese paraíso terrenal se perdieron en el camino»

 

Y así empieza Jauja, la última película del argentino Lisandro Alonso, director de filmes como Liverpool o Los muertos. Sin duda alguna, Jauja es mucho más que un largometraje de 101 minutos de duración protagonizado por un excelente Viggo Mortensen; Jauja es una declaración de principios, un ensayo filosófico, una reflexión sobre aquello que nos empuja a continuar.

 

Gil de Biedma dijo una vez: “Pero también / la vida nos sujeta porque precisamente / no es como la esperábamos”. Y Jauja es esto: el planteamiento, a partir de una trama tan visceral como la del padre que busca a la hija en mitad del desierto, sobre los pilares que constituyen el ser humano tal y cómo lo conocemos, tal y cómo nos conocemos. Y aquello que empieza siendo una búsqueda de la hija, del único patrimonio perdido, acaba por derivar en un viaje existencial donde el paisaje es lo único que queda.

 

 

Y, sin embargo, Jauja sigue siendo todavía más que esto: la magia del cine. Sí, la magia del cine de retratar tiempos y espacios distantes entre sí que coinciden en el destino. Llega un momento en el filme donde el realismo que impregnaba los primeros planos se convierte en anhelo, sueño, e incertidumbre. Anhelo el del protagonista por encontrar a su hija, sueño el de la hija al reencarnarse e incertidumbre la del espectador ante el relato que Alonso nos propone. Y entra la irracionalidad, y el filme te acoge, y cada plano de mece como mece la madre al niño recién nacido.

 

Y sin embargo, Jauja sigue siendo todavía más que esto: las constelaciones. Hacia la mitad del largometraje, en un bellísimo plano donde yacen Ingeborg, la hija del protagonista, y el amante latino con el que se escapa, la joven muchacha, fascinada por las marcas que el amante tiene en su espalda, entona: “Parece una constelación”. Sin duda alguna, Jauja es la metáfora del ser comprendido como constelación: complejidad y belleza unidos por una misteriosa áurea que, cuando más cerca estás de comprenderla, menos tiempo de vida te queda.

 

Y sin embargo, Jauja sigue siendo todavía más que esto: la incomprensión. Minutos antes de que empiece la proyección, Mortensen nos advierte en persona: “Muchos son aquellos que, tras ver el filme, se han preguntado infinitud de cosas. Les deseo mucha suerte a los que se atrevan a ir en busca de respuestas”. Pues sí; preguntas y más preguntas. Y al final lo único que queda es el paisaje desértico como espejo del capitán que, por cierto, también va en busca de preguntas que al final no se resolverán. Y la incomprensión tanto del espectador como del protagonista se refleja en la pérdida de aquellos colores magníficamente pintados por Timo Salminen, habitual director de fotografía de Kaurismäki. Así pues, como por arte de magia, el verde vegetal y el azul del agua van derivando a un gris volcánico donde no sólo se ha perdido la hija, sino también el padre.

 

Y sin embargo, Jauja sigue siendo todavía más que esto: la nostalgia del perro que hecha de menos a su dueña. La soledad de la mujer a la que sólo le queda su animal y su manantial. La tristeza del paisaje marchito. La desolación del hombre sin respuestas (quizá porque nunca supo formularse las preguntas). El romanticismo del siglo XIX. La nostalgia de Lisandro Alonso que, en un melancólico formato de pantalla en 4:3, canta a un cine artesanal en vías de extinción. Y quizás Jauja es el paralelismo entre la búsqueda de la tierra prometida y la recuperación de un cine perdido. Y sin embargo, Jauja sigue siendo todavía más que esto.

 

Jaime Puertas (1º)

 

CRÍTICA DE “SOMEONE YOU LOVE”

Hay películas que caen en tus manos en el momento adecuado y Someone You Love (Alguien a quien amar) ha sido, en mi caso, una de ellas. Las películas que suelo recordar con más nitidez y mejor sabor de boca no son las que voy contando los días que quedan para su estreno o las que cumplen mis expectativas después de salir del cine, sino aquellas a las que voy sin ningún convencimiento, solo por puro entretenimiento, y que, poco a poco, a medida que avanza la historia van calando en mi hasta tal punto que, en la escena final, a pesar de que esté con un grupo de amigos que sé que se reirán de mi al salir de la sala si me pongo a llorar, consigue que me de igual estar una semana escuchando sus bromas y termine cogiendo un pañuelo para quitarme las lágrimas porque no puedo ver la pantalla. Sé que en este caso, mi reacción causada por el desenlace fue un tanto exagerada (tranquilos, no revelaré nada importante), pero hay veces en las que las emociones contenidas interpretadas por los actores (y la película se basa en la represión de los sentimientos), consiguen hacer que el espectador las sienta como propias.

 

 

Someone you love, cuenta la historia de un cantante y la escasa relación que tiene con su familia debido a la fortaleza que se ha creado él mismo para evitar que le hagan daño. En uno de los momentos más estables de su carrera musical, en el que piensa lanzar un nuevo disco, y en el que, además, se siente mejor consigo mismo, ya que ha encontrado una nueva forma de vida que le permite estar lo más tranquilo y encerrado en su mundo posible, su hija le pedirá ayuda para que cuide de su niño, rompiendo todas sus costumbres y reglas establecidas, pues quiere intentar dejar las drogas en una clínica de desintoxicación y no tiene a nadie más a quien pedírselo. Una premisa inicial no muy original y en apariencia un tanto previsible, pero que gracias al gusto con el que se lleva a cabo, la delicadez de las imágenes y la increíble interpretación de Mikael Persbrandt , se consigue que sea una apuesta única y emotiva.

 

Como punto negativo, destacaría el final, pues es el momento más esperado de la película y tiene un desenlace muy rápido y sencillo. Pero, como dije anteriormente, los aspectos negativos no superan en absoluto a todas sus otras cualidades como: fotografía, sonido e interpretación.

 

Sin duda, una película más que recomendable para cualquier tarde o noche en la que os prometo que, si no os gusta la historia, al menos disfrutareis con las canciones interpretadas por Mikael Persbrandt acompañadas de una puesta en escena muy cuidada y delicada.

 

Andrea Ordóñez Lozano (1º)

 

CRÍTICA DE ANNABELLE

TERROR CLÁSICO MODERNO

 

 

La esperada precuela de Expediente Warren: The Conjuring llega a los cines contando, esta vez, la historia de la tétrica muñeca que tanto pánico causó en el prólogo de su sucesora.

 

El argumento gira alrededor de una joven pareja a la espera de su primer hijo que, tras vivir un trágico accidente que acaba con la vida de sus vecinos y pone en peligro la suya, se vuelve víctima de continuados sucesos paranormales. Aquí es donde entra en juego la inanimada protagonista de la película, pues desde la adquisición de la muñeca, la vida de esta pareja se ve inundada de sucesos terroríficos y siniestros.

 

El film se presenta como una rememoración y homenaje a los clásicos del cine de terror de los años 60, progenitores del género. Las referencias son claras: encarnación de espíritus malignos, utilización del recurso de muñecos diabólicos, presencia eclesiástica, ambientación de época, y como guinda, protagonista joven y rubia. Todo un clásico.

 

Aunque utilice muchos recursos y elementos del terror de los inicios, la introducción de efectos digitales a la hora de presentar lo fantasmagórico nos hace sentir cómo serían esas películas si se rodasen con la tecnología actual. ¿Es posible hacer un film antiguo rodado con los medios de hoy día? Encontramos respuestas muy diversas a esta pregunta, dependiendo de si la exposición directa de los “monstruos” nos anula la magia del terror a lo desconocido, o si de lo contrario nos aterra la presencia del mal en su forma material.

 

La trama, típica y puede que algo previsible para los más experimentados del género, se encuentra a disposición de la muñeca, que brindará por más de un susto a nuestra salud.

 

Así, Annabelle se presenta como el concepto que tenemos de “película de miedo”, pero con la inclusión de un ingrediente que la hace diferente. ¿Es este clasicismo moderno la causa de su innegable éxito a nivel mundial?

Eric Borrás Benavente (1º)

CRÍTICA DE LOREAK

FLORES PARA RECORDAR

 

 

Loreak es el último trabajo de los directores Jon Garaño y Jose Mari Goenga, debutantes con 80 egunean en el 2010, que ahora nos presentan una película que se mueve alrededor del drama interno, utilizando las flores como idea principal, incluso como tema alrededor del cual el argumento va transcurriendo. Un largometraje que nos habla de las flores y de éstas utilizadas como una metáfora, como un recuerdo, como símbolo de la vida pero también como símbolo de la muerte.

 

Todo empieza con un ramo de flores y a partir de éste se va creando un puzle. Jugando con diferentes puntos de vista y con la ayuda de una voz en off, provocando así un crescendo continuo que crea un cierto suspense que deja atrapado al espectador. Es un rompecabezas protagonizado por tres personajes distintos y muy diferentes pero con una cierta similitud entre ellos, la soledad.

 

Así pues, las flores serán el elemento que va a unir a tres mujeres, el nexo de tres historias que llegan a ser una. Ese paralelismo entre personajes será el que nos recreará una atmósfera inicialmente marcada por la soledad. Las flores utilizadas como el elemento de unión de unas vidas marcadas por la ausencia.

 

Un largometraje que juega con el olvido y con lo que éste significa, creando una estructura de espejismo con unos personajes que quieren recordar pero finalmente acaban olvidando, olvidándose de la vida y de la muerte.

 

Loreak, que está hablada íntegramente en euskera, se mueve entre dos aguas, entre la vida y la muerte, entre el recuerdo y el olvido, entre la soledad y la compañía. Éste último trabajo que nos presentan los directores Garaño y Goenga es el perfecto ejemplo de la complejidad que conlleva lo simple.

 

Mar Subirats (1º)

 

CRÍTICA DE BOYHOOD

Este blog pretende ser, entre otras cosas, un espacio para que los alumnos expresen y compartan sus gustos y opiniones cinematográficas. Hacednos llegar vuestra voz.

 

A continuación, Jaime Puertas, alumno de 1º, nos da sus impresiones sobre Boyhood.

 

 

EL GRAN VIAJE

 

Cuando hablamos de Boyhood, momentos de una vida (Richard Linklater, 2014), hablamos de la infancia, de los sueños, de las fantasías, de los conflictos de familia, de los padres, de todas las ilusiones que el ser humano es capaz de abarcar. Cuando hablamos de Boyhood hablamos del tiempo, de la vida. Pero cuando hablamos de Boyhood también hablamos de la muerte. No de la muerte en el sentido más estricto de la palabra, pero sí en su significado más primitivo: la muerte entendida como el fin de una etapa. La muerte entendida como un viaje. En cierta manera, Boyhood no deja de ser una road movie, siendo la carretera una metáfora del paraíso perdido que es la infancia.

 

Whitman escribió en el Canto a mí mismo estos versos: “el retoño más pequeño demuestra que no existe la muerte / y que si alguna vez existió lo hizo para impulsar la vida, / sin esperar al fin para detenerla, / y que cesó en el momento en que apareció la vida”.

 

He estado pensando en estos versos, y creo que podrían ser perfectamente el origen de este valiente proyecto. Linklater se propone hablarnos de la vida a través del fin, de la muerte de todas las etapas que vivimos, que soñamos y que, una vez pasadas, añoramos. Una de las grandezas del filme reside en el personaje protagonista: Mason (magnífico Ellar Coltrane). Un chico normal, con una familia normal que vive en un sitio normal. De hecho, Mason somos todos nosotros. Todos en nuestra vida nos hemos enfadado con nuestros hermanos, hemos llegado a pensar que los elfos existen o que los adultos son aburridos. Sí, quizá lo que Linklater pretende decirnos con Boyhood es que nosotros siempre seremos nosotros, indistintamente de nuestra edad o del tiempo que pase. Y todas las experiencias por las que pasamos nos marcan, nos hacen ser como realmente somos. Nosotros: tristes o alegres, llorando o riendo, corriendo o en coche, durmiendo o despiertos, soñadores o aburridos, locos o cuerdos, volando, caminando, respirando, pero al fin y al cabo, nosotros. Boyhood habla de la vida en el sentido más sencillo (que no simple). Y como bien dice uno de los temas principales de la película, Hero (Family of the year): “I don’t wanna be your hero / No quiero ser tu héroe”. No, no hemos nacido para ser héroes de nadie. Simplemente viajamos, conocemos, disfrutamos, vivimos, morimos para ser héroes de nosotros mismos. Crear nuestra propia epopeya, escribir nuestra gran aventura, explorar lo desconocido, descubrir nuevos senderos. Eso es lo que somos y para lo que vivimos. Y esa es la sensación que transmite Boyhood; un filme lleno de vida. Citando la acertada frase, y quizá el mensaje más importante del filme, de la amiga universitaria de Mason: “¿Sabes cuando dicen eso de “atrapar el momento”? Pues cada vez estoy más convencida de que es al revés: el momento nos atrapa a nosotros”. Y quizá eso es la vida: un momento. Y por eso los 165 minutos de metraje del filme pasan como un instante fugaz. Un instante que, cuando más remoto, más genial. ¿Qué es Boyhood? Podríamos decir que es un sí a la vida. Un sí a la magia. Quizá no existen los elfos, pero en la vida existen mil maneras de hacer magia, realizar sueños. ¿La de Linklater? El cine.