CRÍTICA DE “EL FRANCOTIRADOR”

Bradly Cooper en El francotirador
Bradly Cooper

 

Para mí, siempre han existido dos tipos de sensaciones al salir del cine. Una de ellas, es en la que sales de la sala a regañadientes por querer disfrutar aún más de la película y, la otra, es aquella en la que te levantas de la butaca, sin pena ni gloria, porque, al fin y al cabo, de cada película que se ve siempre puedes recoger algo. Pero, para mi sorpresa, American Sniper ha creado una nueva emoción dentro de mi clasificación: marcharte de la sala esperando que te regalen una bandera de EEUU como souvenir por la visita. Y lo digo totalmente en serio. Probablemente, el hombre que estaba sentado a mi lado ya haya ido a alistarse en el ejército… ¿En cuál? Será una sorpresa.

 

 

El francotirador, a mi parecer, se balancea entre  el espíritu patriota, el ensalzamiento de la grandeza de Estados Unidos,  y  el intento de  ahondar en la mente de uno de los militares más mortíferos de la historia para comprender, de alguna manera, su comportamiento. El fallo de esto es que, la forma en la que muestran las razones por las que el hombre se alista en los SEALS y mata a 256 personas, llega a los espectadores de manera superficial, ya que son más las escenas de acción que de introspección en el personaje, lo que me hizo sentir que más que conocerle lo que me estaban enseñando era una lista de excusas banales que debían poner para explicar o justificar sus acciones y el aire patriótico del filme. Aunque Clint Eastwood haya tratado de maquillarlo, a veces haciendo que los espectadores vayamos saltando entre posicionarnos de parte de Chris Kyle o no , finalmente no puede reprimirse las ganas y en las últimas escenas solo faltaron los fuegos artificiales rojos y azules en la sala.

 

Propagandas a parte, hay que reconocer el mérito y el gran resultado de las escenas de acción durante las misiones militares. Fuera cual fuese la intención del director, del guión y de la película en general, hay algunas secuencias que, simplemente, están rodadas de manera maravillosa y que transmiten la tensión, la angustia, la adrenalina incluso,  de cada batalla, dándole a cada una, una personalidad propia, un tono distinto. No solo por la evolución que se va produciendo en el personaje, sino porque así debe ser la guerra, cada situación es nueva, nunca sabes lo que te vas a encontrar y, en esta película, sentí que cada misión estaba abordada con un estilo diferente.

 

Lo que no puedo dejar de preguntarme es, si han hecho unas escenas tan buenas de acción -me refiero sobre todo a la última en la que llega, casualmente, una tormenta de arena-, ¿cómo no han podido camuflar o hacer pasar a un nenuco por un bebé de verdad? ¡Si el propio Bradley Cooper tuvo que moverle el brazo para que tuviera algo de vida! Menos mal que el director es Clint Eastwood y no un novel, porque si no, sería recordado toda su vida por este detalle.

 

 

Por otro lado, creo que el recurso del bar para conocer a una chica está bastante usado. No se si es un hecho fiel al libro (sí, está basado en un libro titulado igual que la película) o no, pero, aunque lo estuviese, creo que hay personas con creatividad de sobra para poder escribir una sola escena de un encuentro entre dos personas sin un bar entre medio… ¡Ah! Y sin la posterior “casual”  feria que pasaba por allí con el típico oso de peluche que luego cogerá polvo, por favor.

 

Después de esta (razonable) petición para películas venideras, solo me queda decir que, para una tarde en la que por el número de salas y los horarios que ocupa Cincuenta sombras de Grey, entre El francotirador y esta última, vayáis a ver, al menos, una buena interpretación de Bradley Cooper. Pero eso sí, no esperéis encontraros con una película de Oscar.

 

¡Qué el cine os acompañe!

 

Andrea Ordóñez

 

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