CRÍTICA DE “SOMEONE YOU LOVE”

 

Hay películas que caen en tus manos en el momento adecuado y Someone you love (Alguien a quien amar) ha sido, en mi caso, una de ellas. Las películas que suelo recordar con más nitidez y mejor sabor de boca no son las que voy contando los días que quedan para su estreno o las que cumplen mis expectativas después de salir del cine, sino aquellas a las que voy sin ningún convencimiento, solo por puro entretenimiento, y que, poco a poco, a medida que avanza la historia van calando en mí hasta tal punto que, en la escena final, a pesar de que esté con un grupo de amigos que sé que se reirán de mi al salir de la sala si me pongo a llorar, consigue que me de igual estar una semana escuchando sus bromas y termine cogiendo un pañuelo para quitarme las lágrimas porque no puedo ver la pantalla. Sé que en este caso, mi reacción causada por el desenlace fue un tanto exagerada (tranquilos, no revelaré nada importante), pero hay veces en las que las emociones contenidas interpretadas por los actores (y la película se basa en la represión de los sentimientos), consiguen hacer que el espectador las sienta como propias.

 

 

Someone you love cuenta la historia de un cantante y la escasa relación que tiene con su familia debido a la fortaleza que se ha creado él mismo para evitar que le hagan daño. En uno de los momentos más estables de su carrera musical, en el que piensa lanzar un nuevo disco, y en el que, además, se siente mejor consigo mismo, ya que ha encontrado una nueva forma de vida que le permite estar lo más tranquilo y encerrado en su mundo posible, su hija le pedirá ayuda para que cuide de su niño, rompiendo todas sus costumbres y reglas establecidas, pues quiere intentar dejar las drogas en una clínica de desintoxicación y no tiene a nadie más a quien pedírselo. Una premisa inicial no muy original y en apariencia un tanto previsible, pero que gracias al gusto con el que se lleva a cabo, la delicadez de las imágenes y la increíble interpretación de Mikael Persbrandt, se consigue que sea una apuesta única y emotiva.

 

 

Como punto negativo, destacaría el final, pues es el momento más esperado de la película y tiene un desenlace muy rápido y sencillo. Pero, como dije anteriormente, los aspectos negativos no superan en absoluto a todas sus otras cualidades como: fotografía, sonido e interpretación.

 

Sin duda, una película más que recomendable para cualquier tarde o noche en la que os prometo que, si no os gusta la historia, al menos disfrutareis con las canciones interpretadas por Mikael Persbrandt acompañadas de una puesta en escena muy cuidada y delicada.

 

Andrea Ordóñez Lozano

 

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