CRÍTICA DE “LOS JUEGOS DEL HAMBRE: SINSAJO”

 

Después de participar en el Tercer Vasallaje de los 25 y de salir de nuevo con vida por sorpresa, Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence) se enfrenta a su batalla más complicada.

 

Sin duda, no será especialmente alabada por la crítica; mucho menos por el sector de la audiencia que se dedica a catalogar este tipo de películas como ‘cine comercial’. Por ello, dirijo estas líneas a aquellos prejuiciosos que deciden no disfrutar de ciertas películas  por la parafernalia que las rodea. Terminaré rompiendo una lanza a favor de esta obra, trepidante, basada en la tercera novela de Suzanne Collins, quien no se caracteriza por una escritura comparable a los maestros de la literatura, pero sí posee un gran dinamismo para desarrollar aventuras. Señoras y señores detractores de los blockbusters, esto es arte, pero nunca ha dejado de ser un negocio.

 

 

La dirección de Francis Lawrence enmienda los cuantiosos errores que sus antecesores cometieron en las dos películas que le preceden, y consigue mostrar la evolución de la protagonista como líder de un movimiento abocado al sacrificio de muchos por un futuro incierto. No solo Katniss Everdeen madura, también la historia. Panem se transforma en un escenario hostil, donde tendrán que arriesgarlo todo.

 

 

La película en cuestión, basada en la obra homónima, deja a un lado la acción, consecuencia de los juegos, para centrarse en una trama sombría, de dolor y desesperación.

 

El guión puede resultar inconsistente en ciertos momentos, con escenas insertadas con calzador para justificar ciertas reacciones. No obstante, mantiene un ritmo pausado, con pocas escenas de acción, pero otras muchas de gran poder dramático. La tensión y el desasosiego de lo inevitable es el hilo conductor hasta el final. Destacaría el tono subversivo, desarrollado de forma crítica, aunque con momentos de apología, lo que no hace más que avezar el dilema que supone rebelarse con todas sus consecuencias. El montaje es acertado y consigue mantener al espectador en un estado de expectación acongojante.

 

El veredicto es claro: calidad, soltura y trasfondo político muy marcado. Entronca con la historia contemporánea y esperamos una segunda entrega que sea capaz de concluir un final cuyo primer acto ha dejado el listón muy alto.

 

Daniel Molina

 

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