LO MEJOR DE 2014: “NEBRASKA”

LAS MEJORES PELÍCULAS DE 2014 SEGÚN LOS ALUMNOS DE ESCAC:

 

1. Her
2. Magical Girl
3. El lobo de Wall Street
4. El gran hotel Budapest
5. A propósito de Llewyn Davis
6. Perdida
7. Boyhood
8. Nebraska
9. La isla mínima
10. Relatos salvajes

 

 

Nebraska o la nostalgia del tusitala

 

 

Hace aproximadamente diez meses, veinte días y siete horas que se estrenaba en nuestro país Nebraska, el último filme de Alexander Payne, con Bruce Dern y Will Forte como grandes protagonistas. Sobre esta road movie ya se han dicho muchas cosas, pues uno no puede imaginar todas las palabras que caben en diez meses, veinte días y siete horas.

 

 

Y pasan los meses, los días y las horas y yo sigo pensando en aquel plano que abría el filme: una carretera como tantas otras, por las que circulan tantos coches como en tantas otras carreteras. Una carretera cuyas vistas son una de esas fábricas con enorme chimenea, como tantas otras fábricas con enorme chimenea. El paisaje evoluciona mediante la autodestrucción, pues donde antes había naturaleza, ahora ya sólo hay asfalto; donde antes había pájaros, ahora ya sólo hay coches; donde antes había nubes, ahora ya sólo queda humo. Y entre tanto asfalto, coches y humo, el espectador puede ver una extraña figura cuyo despeinado pelo y desorientado paso a contradirección de los coches que circulan hacen pensar en un moribundo tan efímero como el humo, tan desubicado como el pájaro en el asfalto, al que ya sólo le quedan los recuerdos. Es, sin duda alguna, el relato de un fin.

 

Y creo que este primer plano contiene intrínsecamente todos aquellos componentes que configuran un cuento tan sencillo y a la vez tan complejo como Nebraska. La cinta surge, sin duda alguna, de la misma fuente de la que surge la poesía: la necesidad. No es, ni mucho menos, un filme pretencioso. Más bien lo contrario: es sincero, transparente y eficaz. Todo está al servicio de la historia.

 

A Payne no le interesa la innovación estructural, no pretende hacer un filme que, en cuanto a formalismo, abra nuevos caminos. Y sin embargo es una de las películas más inspiradoras del pasado año y, me atrevería a decir, de la década.

 

Cuando Robert Louis Stevenson decidió marcharse de su patria natal hacia una de las islas del Pacífico, estableció un gran lazo con los aborígenes de la isla y les contaba historias. Los nativos le llamaban tusitala, es decir, cuentacuentos.

 

Alexander Payne es hoy en día uno de los últimos tusitalas, que huye de cualquier intención explícita y superficial de estética formal para adentrarse en todas las emociones y sueños que los personajes son capaces de abarcar y así llegar a la verdadera estética.

 

Nebraska es la historia en blanco y negro del paso del negro al blanco que no llega nunca a ser ni negro ni blanco. Por eso la decisión de un blanco y negro bastante ambiguo, donde destaca la gran gama de grises, no resulta ser una decisión aleatoria. En otras palabras, Nebraska es la historia de la vida, donde la tragedia y la comedia se mezclan para dar fruto a esa extraña y malinterpretada sensación que es la nostalgia. Y digo malinterpretada porque la verdadera nostalgia es la no vivida, que es la que precisamente siente Woody Grant, personaje al que da vida el inmenso Bruce Dern.

 

 

La ilusión de un occiduo hombre simple, y el amor que su hijo siente hacia él serán los detonantes de una historia ilusa sobre la desilusión. Es curiosa la manera en que el director mezcla esperanza y desolación de manera tan sutil. El sueño del señor Grant reside en conseguir ese millón de dólares que anuncia un falso anuncio que llega por correo. En un inicio el filme tiene la misma visión ingenua que la de Woody Grant, y resulta interesante como el punto de vista del espectador evoluciona conforme la trama va desarrollándose.

 

Y pese a que el filme es, en cierto modo, una crónica trágica, consigue llenar al espectador de una profunda y honesta sensación de vitalidad. El director de filmes como Entre copas (2004) o Los descendientes (2011) lo logra: consigue relatar gracias al cine una historia de sueños y esperanzas y, a su misma vez, realiza una crítica a aquella América profunda donde la ignorancia es el pan de cada día, haciendo de Nebraska el anhelo de todo ser.

 

Nebraska es un filme absorbente donde tradición y originalidad se mezclan de tal manera que inspira a aquellos tusitalas que están por venir. Y pasarán los meses, los días y las hora y aún seguiré pensando en ese primer plano.

 

Jaime Puertas

 

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