ENTREVISTA CON EL DIRECTOR CARLOS VERMUT

Tras un primer largometraje que se parecía más a un experimento narrativo que a una ficción convencional, y que le valió un seguimiento de culto, Carlos Vermut se ha situado en la cresta de la ola del mundillo cinematográfico en España gracias a haber ganado el Festival de San Sebastián con Magical Girl.

 

Jaime Puertas (1º) ha tenido la suerte de poder conversar con él y sacarle jugo. Aquí os dejamos con su entrevista.

 

Carlos Vermut
Carlos Vermut

 

CHANTAJE Y CHOCOLATE CON CHURROS: ENTREVISTA CON CARLOS VERMUT

 

El problema de la gente en general es la necesidad que tienen de comprenderlo todo. Por eso eres débil, Lola; porque tratas de comprender cosas que no tienen explicación

 

Así de fácil lo declara Carlos Vermut (Madrid, 1980) en boca de Juana, en su opera prima Diamond Flash (Psicosoda Films, 2011). Y parece que va en serio: con 34 años y con una breve carrera de un lustro, Vermut ha conquistado a la crítica y al público en la pasada 62 edición del festival de cine de San Sebastián. Su segunda y última película hasta la fecha, Magical Girl (Aquí y allí films, 2014), lo ha consagrado en palabras de Almodóvar como “el mejor descubrimiento del cine español en lo que llevamos de siglo”. Tan sólo hace falta comparar la portada de su último filme con La prima Angelica (Saura, 1974) para ver que el joven cineasta sabe lo que hace. Como un oasis en mitad del desierto, ha nacido un artesano en medio de tanta sequía. Larga vida.

 

Me gustaría que hablaras sobre tu primer contacto con el cine, es decir, sobre tus orígenes. ¿Cuándo decidiste dedicarte al cine?

 

No sé hasta qué punto puedo hablar de un primer contacto con el cine. La relación que yo tengo con el cine es progresiva. En el momento en que empiezo a dibujar es el momento en que empiezo a contar historias. A los dieciséis años grabé un vídeo con la cámara de mis padres, por pura curiosidad. Más adelante, a los veintiocho, me compré mi propia cámara y empecé a grabar a mi hermano y a mi compañero de piso, en plan de coña. Empecé a contar historias filmadas, hice un par de cortos y gané el Notodofilmfest. En ese momento me di cuenta de todas las posibilidades que este mundo me ofrecía, y, pese a que en ningún momento me planteé dedicarme al cine, acabé por escribir el guión de mi primera película, Diamond Flash, que consistía en tres cortos unidos. Para producirla tuve que ahorrar dinero y me puse a trabajar. Todo fue ir experimentando, y para evolucionar tienes que cagarla y volverte a levantar: es el ciclo del aprendizaje. Y la verdad es que mi recorrido ha sido bastante improvisado, como todo en esta vida supongo.

 

Antes de cineasta, fuiste dibujante de cómics. ¿Hasta qué punto ambos mundos pueden interrelacionarse en tus filmes?

 

Sí, la influencia del cómic es importante en mi cine. Fundamentalmente lo veo desde el punto de vista técnico, en la planificación. El hecho de ser dibujante me permite expresar en un plano muchas cosas. De alguna forma, siempre pienso en los planos como si fueran viñetas de un tebeo. Y por eso en las dos películas que he hecho predominan los planos estáticos, donde el movimiento de cámara es mínimo.

 

“El Banyan rojo” de Carlos Vermut

 

Con tan sólo dos películas has logrado crear todo un cosmos de personajes y situaciones caracterizado por tu siempre tan peculiar visión. Tu cine es claramente de autor, y, sin embargo, los dos filmes que has realizado hasta la fecha son thrillers. ¿Te consideras un autor o un cineasta de género?

 

Estas cosas no me las planteo. No me preocupo por definirme como un autor de Cahiers du cinéma o de blockbusters. Mi objetivo es hacer la película que quiero hacer, la que me emociona. Si para el siguiente filme que haga voy a encontrar un productor que me proporcione veinte millones y total libertad, pues yo encantado. No quiero ni mucho menos etiquetarme.

 

Háblame sobre tus personajes: seres de pasado incierto capaces de llegar hasta donde sea por lograr su objetivo. ¿Cuál es tu proceso de construcción de personajes?

 

Es cierto esto que dices: me gusta explorar la moral del ser humano. Y es verdad que temas como la venganza están muy presentes. Pero también creo personajes que persiguen otros objetivos; Enriqueta, en Diamond Flash, por ejemplo, simplemente busca un hombre que la haga reír. En el cine siempre se ha tendido a catalogar a los directores o bien en la trama o bien en el personaje. Yo siempre intento buscar el equilibrio entre ambos, pues creo que los personajes tienen tanto que aportar a la trama como la trama a los personajes. Me gusta contar historias donde los diferentes destinos se crucen. Siempre tengo una concepción de lucha interna en mis personajes. En Magical Girl lo ejemplifico con la tauromaquia: el combate entre razón y emoción. Pues sí: me gusta que los personajes se debatan entre el instinto y la racionalidad. Al fin y al cabo como todos.

 

Muy ligado a tus personajes y a tus tramas se encuentra esa dimensión del misterio y de lo desconocido con la que juegas en tu cine.

 

Me fascina el misterio en el cine. Yo me limito a contar el presente de una historia y de unos personajes, pero estos personajes también tienen un pasado. Es un aspecto que muchas veces se olvida y es fundamental. El hecho de crear unos personajes con pasado, presente y futuro, de los cuales el espectador sólo conozca el presente, es uno de los principales mecanismos del misterio. Poniendo el ejemplo de Pulp Fiction: ¿qué hay dentro del maletín? Nadie nunca lo sabrá. Pero es algo que está ahí, implícito o explícito, y crea tensión. Me gusta dejar espacios en blanco para que el público los rellene, no tanto con la lógica sino con la intuición, imaginación o emoción. Por eso Magical Girl es tan diferente según el espectador que la visione: porque intuición, imaginación y emoción son diferentes en cada persona. También tengo que decir que el cine ya de por sí es misterioso, y el arte en general. No sabemos por qué nos emociona, pero nos emociona: lloramos, reímos o incluso llegamos a sentir rabia. Ese es, sin duda, el misterio más grande.

 

Si hay algo que te caracterice como creador y realizador es, ciertamente, la meticulosidad con la que cuentas tus historias, perfectamente calculadas y tramadas. ¿Cuál es el proceso de escritura de guión que sigues?

 

En un inicio me centro, sobre todo, en la estructura: hay guionistas que empiezan a escribir una historia que no saben cómo acabará. Yo no puedo. Necesito saber de qué va la película mínimamente. Una vez estructuradas las diferentes escenas, las desgloso, es decir, entro en detalles, escenarios, diálogos, etc. En parte es lo que te comentaba antes: para crear una historia no sólo me centro en la trama sino que también en los personajes. Quiero que todo esté justificado y todo vaya de la mano. En el caso de Diamond Flash tenía claro que quería contar la historia de la vida de un superhéroe sin tener en cuenta, precisamente, al superhéroe. En el caso de Magical Girl, sabía desde un principio que quería contar una historia de chantajes. Claro está que no te puedes quedar en la trama, sino que tienes que dotar cada escena, cada palabra de un sentido personal y emotivo.

 

“Diamond Flash”

 

Y siguiendo el tema de los actores, ¿hasta qué punto es importante la dirección de actores en tu cine?

 

La dirección de actores es una de las dimensiones del cine que más me interesa y fascina. Es, claramente, fundamental.  Al fin y al cabo son los actores los que interpretan a aquellos personajes que forman parte de ti y que constituyen la película.

 

De Diamond Flash a Magical Girl has dado un gran paso: has pasado de rodar con actores no conocidos a rodar con actores como Luís Bermejo o Bárbara Lennie o incluso con consagrados como Sacristán. ¿Hay una gran diferencia?

 

Sinceramente no me preocupo por eso. Lo que me han aportado Luís, Bárbara o Pepe ha sido ese espíritu profesional que tanto beneficia al cineasta y del que tanto puede aprender. Por lo demás, lo que más me preocupa es encontrar al actor perfecto para el papel. Si es conocido o no, es secundario. Fellini iba por Nápoles buscando por las calles las caras más raras, por ejemplo. En Magical Girl he tenido la suerte de trabajar en el casting con Sara Bilbatua, directora de casting de directores como Almodóvar o Guillermo del Toro. Fue con ella con quién tomé la decisión de incorporar a Bárbara Lennie y José Sacristán en el equipo. A Luís Bermejo ya lo tenía fichado: había escrito el papel prácticamente para él.

 

Bárbara Lennie en “Magical Girl”

 

Pese a la peculiar estética de tus filmes, al final nos hablas de toros, de churros con chocolate y utilizas a Manolo Caracol en la banda sonora. ¿Hasta qué punto son importantes los orígenes? ¿Cuáles son tus influencias?

 

Siempre se ha dicho que para saber hacia dónde vas tienes que saber de dónde vienes. Pues es un poco esto: para contar una historia, tengo que conocer aquello que rodea a los personajes, que al fin y al cabo no dejan de ser mis personajes, y, por lo tanto, también mi mundo. En el filme retrato, en cierta forma, mi mundo: el Madrid que conozco, los bares que conozco, etc. Y utilizo aquella música que me gusta y creo conveniente, no sólo Manolo Caracol sino también música japonesa. Me encantan directores como Carlos Saura y Pedro Almodóvar. Y veo muy interesante a Nacho Vigalondo, entre otros.

 

¿Cómo crees que te va a influenciar el haber ganado la Concha de Oro a la mejor película y la Concha de Plata al mejor director en la pasada edición de San Sebastián?

 

Yo encantado. Quiero que estos premios sean un beneficio, como un apoyo a mi carrera para que mis próximas películas tengan un mayor alcance. Nunca me lo tomaría como un punto de presión para el próximo proyecto.

 

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