NEGATIVO GANADOR: El existencialismo en el cine

Fantasmas del pasado, Tarde para la ira.

 

 

Los presos del cine quinqui han vuelto, han cumplido su condena. Los muertos nunca volverán, eso está claro (los atributos de credibilidad que tenía aquel neorrealismo español de los ochenta se han esfumado con el tiempo). Los personajes de esta película ya no son delincuentes juveniles que se reúnen en un descampado para hablar de sus “palos”, fumar porros y escuchar a Los Chichos o a los Burning en su loro de una pletina. En Tarde para la ira son adultos que cometieron errores en el pasado y que quieren olvidarlos. Se reúnen en el bar para beber, jugar y escuchar, en este caso, a La Húngara o Miguel Poveda. Incluso la rumba y la juerga flamenca tienen un significado parecido pero no igual al que tenían en el cine de José Antonio de la Loma o en el de Eloy de la Iglesia. Es una vuelta a casa desde el exilio. Ahora los elementos narrativos expresan una renovación generacional que remite a la nostalgia.

 

Raúl Arévalo

 

El director novel, Raúl Arévalo, regresa al barrio como lo hubiese hecho José Luis Manzano (protagonista de las películas de la etapa ochentera de Eloy de la Iglesia) si estuviera vivo y tuviera un par de pistolas o una escopeta. Digo esto, porque José (Antonio de la Torre) es un forastero que pasa sus días en el bar de un barrio al que no pertenece, esperando su momento, calculando su venganza. Es Gregory Peck en El vengador sin piedad (1958, Henry King), es Gary Cooper en El Árbol del ahorcado (1959, Delmer Daves), es Lee Van Cleef en La muerte tenía un precio (1965, Sergio Leone), es Clint Eastwood en Sin Perdón (1992, Clint Eastwood), es… La estructura, a nivel dramatúrgico, es igual que la de muchos westerns. La concepción de los personajes se pasea entre dicho género y el cine negro. Todos son culpables y víctimas de un destino perverso e implacable. Igual que en el cine quinqui.

 

Antonio de la Torre

 

José lleva a cabo su estrategia de venganza, cocinada a fuego lento durante años, poco antes de que Curro (Luis Callejo), el marido de Ana (Ruth Díaz), la chica del bar, salga en libertad después de ocho años en prisión. Quiere saber quienes fueron los que entraron en la joyería de su padre y mataron a la que iba a ser su mujer. Utiliza a Ana, que ve un futuro seguro y placentero a su lado, para llegar al ex convicto, conductor en el fatídico atraco y único arrestado; por lo tanto chófer de lujo y miserias para José en su camino hacia la fría y a la vez instintiva venganza.

 

Arévalo estructura la película en varios capítulos de presentación: El bar, La familia, Ana y Curro. Cuatro episodios que preceden a Ira, capítulo donde empieza y acaba todo. Aunque Arévalo cambie los “viajes” de Paco y Urko en Bilbao en El pico (1983, Eloy de la Iglesia) por un gilipollas metiéndose coca por la nariz en el sótano de un gimnasio de barrio en Madrid, no deja de contar la interminable historia de los inadaptados. Trata el tema de los supervivientes pero desde un punto de vista muy similar al que lo veía Paco en El pico: Urko sí que se lo hizo bien, un buen pico, y a descansar para siempre. En Tarde para la ira nadie puede descansar. La culpa les obliga a actuar en una normalidad que no controlan. José lleva a cabo su plan con una naturalidad en la que sólo su obsesionado y adoctrinado cerebro pueden solucionar los devenires de su camino para los cuales él no está preparado. Lleva mucho tiempo esperando y todo tiene su fecha de caducidad, aunque no quiera admitirlo.

 

– Fotograma

 

Tarde para la ira acaba revelándose como una road movie en poca regla. Quiero puntualizar que me refiero a los pasos dramáticos del relato que suceden en la carretera dentro de un coche y a la continuidad de desplazamientos espaciales que resuelven la trama. José y Curro van en busca de los condenados. En El pico 2 (1984, Eloy de la Iglesia), Paco, Betty y El Lehenda van en coche de Madrid a Bilbao con el objetivo de escapar. Como decía al principio, los quinquis han vuelto, pero ahora ya no tienen edad para andar escapando, ahora vuelven viejos y tristes para que se haga “justicia”. Pero de qué justicia se puede hablar en un país en el que un bajito amanerado con voz de pito dominó al ardiente pueblo español con manos de paja durante 36 años, 7 meses y 19 días ¿Qué van a hacer los quinquis de postal cuando salgan del talego? Nada, no pueden hacer nada. No conocen el mundo contemporáneo. Sólo tienen la opción de interpretar un papel hasta que los descubran. En todo el film la cámara está pegada a los personajes, buscando reacciones faciales como las que obtenía de la Iglesia o intentando introducir al espectador en el conflicto interno del protagonista al estilo de los hermanos Dardenne.

 

Todo ha cambiado. La tan esperada y aclamada democracia está ahora en entredicho. En el fondo, Tarde para la ira no es más que un reflejo de la sociedad española, de los que mandan y de los indecisos, de los que van hasta el final y de los que se cagan con un simple destornillador. Vengando a los suyos, José se convierte en El estrangulador de Boston (1968, Richard Fleischer) en Madrid y alrededores. No siente piedad. Según él, no tiene nada que perder.

 

Ruth Díaz y Antonio de la Torre

 

Puedes cumplir tu objetivo y desembocar en aguas turbias. José no deja títere con cabeza y completa su misión (vengarse). El espectador aprende algo que el protagonista, con su escopeta al hombro, disimula. El tiempo y las situaciones cambian. Ahora sí tiene algo que perder: el amor de Ana. José está cegado por el odio. A veces es imposible darse cuenta de lo que de verdad importa. Venganza ¿Vale la pena? Tantos años después… creo que no. Demasiado tarde.

 

Mi recomendación musical es la canción Las calles de mi barrio, de Ángeles del Infierno.

2 pensamientos sobre “NEGATIVO GANADOR: El existencialismo en el cine”

  1. Gracias Duarte, como es habitual en ti, haces un análisis comparativo muy interesante q te hace pensar q cuando ves una película, te dejas muchas veces lo esencial. Lo dicho muchas gracias por seguir enseñándonos a ver cine.

  2. Sin duda te trata de una película realista y contemporánea, que refleja los suburbios de la ciudad: quinquis, drogadictos, perdedores…. gente problemática y que siempre tiene motivos para ir en contra de todo, gente sin oficio ni beneficio.
    A lo mejor solo se trata de algo que yo no entiendo, y que es
    el mundo de los quinquis de los cuales no se ver cual es su papel en el mundo en que vivimos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *