NEGATIVO GANADOR: De Ulises a Superman

TRASPASANDO EL UMBRAL

 

 

Es de sobras conocido que, en el viaje del héroe, los mundos que se encuentran antes y después del paso del Umbral (el inicio de la aventura) son mundos claramente diferenciados. El héroe, consciente en mayor o menor medida, decide cruzar esa puerta hacia lo desconocido y así, enfrentarse a todas las pruebas de fuego que lo definirán para siempre. No obstante, también se da el caso inverso.

El héroe de la aventura, en ocasiones, no tiene ninguna noción de estar cruzando ningún Umbral ni de que su destino esté marcado según un cierto patrón. No son ellos los que buscan entrar; directamente, es la aventura quién los busca a ellos.

 

En el cine, se han dado innumerables casos de esta particularidad en el género de comedia (especialmente). Si analizásemos por un instante a Ash, el personaje protagonista de la trilogía Evil Dead (Sam Raimi, 1983-1993), descubriríamos que no se trata sino de un hombre normal, con una vida más que resuelta, al que, de pronto, se le introduce en un mundo sobrenatural lleno de muertos vivientes y de magia negra. En ningún momento aparece en el primer acto de la primera película un personaje o un presagio que vaticine que Ash será el salvador del mundo, sino que la ironía reside en que ha pasado el Umbral sin enterarse y que, durante la hazaña, no para de preguntarse en qué momento su vida ha pasado de ser tranquila y medianamente monótona a ser un frenesí de fantasía y bravuconería.

 

 

Ash sería ejemplo del conocido caso del “héroe por accidente”; alguien que no desea encontrarse a sí mismo o que, directamente, no entra dentro de sus planes. Otro caso sería el de la película Jo, qué noche (After Hours – Martin Scorsese, 1985), en la que un ejecutivo de vida anodina conoce a una enigmática mujer y ello desencadena una serie de conflictos que lo llevará a vivir una odisea de una noche en la noche neoyorkina. Quizás, este ejemplo sea más extremo que el anterior, ya que el personaje protagonista de la cinta no está salvando el mundo ni rescatando a ninguna princesa, sino que trata de sobrevivir a un incontable cúmulo de situaciones a cuál más peliaguda sin dejar de preguntarse cómo ha llegado hasta ese punto (y cuándo piensa terminar). Aquí, el héroe es de un patetismo mayúsculo y es digno de lástima, algo que no resulta fácil de relacionar en la figura clásica de alguien que decide emprender una aventura.

 

 

Para finalizar, el personaje de Barry Egan, el atribulado protagonista de Punch Drunk Love (Paul Thomas Anderson, 2002), entraría dentro de esta categoría. Aquí, el Umbral que determina el paso del mundo corriente a la hazaña viene por un objeto: un armonio, abandonado por un camión al principio de la película. Siendo ya Egan un personaje con una peculiaridad, el mundo en el que vive, de repente, se torna bizarro e incluso hostil para él mismo, lo cual tampoco implica la búsqueda existencial del héroe; simplemente ocurre, y, al igual que los casos anteriores, ha de hacerse a la idea de que o bien debe llegar al final del trayecto o bien dar tumbos. En este caso, el amor por Lena es el arma con la que Barry se defiende de todo su entorno y por el que decide emprender una aventura que, como se ha dicho, no la ha buscado en ningún momento.

 

Por lo general, los héroes de los relatos y las leyendas empiezan su viaje por un motivo diverso, normalmente esencial. No obstante, la amplitud de dicha heroicidad nos muestra gente que poco o nada dan la imagen de estar a la altura de las circunstancias, por lo que la senda resulta difusa pero no imposible de superar.

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