NEGATIVO GANADOR: El existencialismo en el cine

La fortuna de morir, Ikiru.

 

El hombre es un genio cuando se está soñando. Akira Kurosawa

 

 – Akira Kurosawa

 

Un plano del interior de un estómago con un extraño bulto y una voz en off que informa de que se trata de un hombre que tiene cáncer y todavía no lo sabe. Así empieza Ikiru, una magnífica reflexión sobre el poco sentido de la vida, dirigida en 1952 por el gran cineasta japonés Akira Kurosawa.

 

 – Takashi Shimura

 

El señor Watanabe (Takashi Shimura) es el jefe de la sección de ciudadanos del ayuntamiento. Es un viejo funcionario que se dedica a matar el tiempo sin hacer nada de provecho para conservar su trabajo. Un grupo de mujeres va al ayuntamiento para pedir que se construya un parque en un terreno que está en pésimas condiciones. Los trabajadores del estado, empezando por Watanabe, pasan la petición de una sección a otra, mareando y desesperando así a las mujeres para quitarse el problema de encima. No es consciente de su vacío existencial hasta que, a pesar de las mentiras de los médicos, descubre que tiene cáncer de estómago y que le queda poco tiempo de vida que matar. Al saberlo, se ve obligado a vivir para encontrarle algún sentido a 30 años malgastados en no faltar ni un solo día al trabajo. La incomunicación que Watanabe sufre con su hijo y su nuera (a los que sólo parece interesarles el dinero del viejo) le hace tomar sus propias decisiones a la hora de afrontar su nueva y reveladora realidad. Aún así, su hijo se preocupa desde la distancia al verlo raro y cabizbajo (Watanabe siempre está con la cabeza gacha. Desde que murió su mujer hace 20 años por él no pasa el tiempo vivo). No sabe cómo aprovechar adecuadamente lo que le queda de vida pero tiene claro que su situación ha cambiado y que debe actuar de otra manera. Saca sus ahorros (50.000 yens) y se va a un bar por la noche. Allí conoce a un escritor al que le confiesa su tormento. Éste se ve conmovido por el testimonio de Watanabe y acaba convirtiendo su pena en un privilegio: La desgracia enseña al hombre la verdad […] Muchos mueren sin saber lo que es la vida […] Gozar de la vida es el deber del hombre. Watanabe le pide que le enseñe a disfrutar de 50.000 yens y el escritor acepta el papel de Mefistófeles pero sin pedir nada a cambio. Su nuevo cómplice lo conduce por los placeres de la noche. Una chica le roba el sombrero a Watanabe en una calle repleta de gente. Esto le hará comprar un nuevo sombrero, que será el símbolo de su nueva actitud ante la vida. Aunque lo intenta, no es capaz de aguantar los bailes y excesos nocturnos (vomita todo lo que bebe). Puede que ya sea demasiado tarde para divertirse como si fuera un rebelde sin causa.

 

 – Fotograma

 

Watanabe ha dejado de acudir al trabajo, algo que antes nunca había hecho. Pasea solitario por calles en las que la juventud se mueve con un ritmo más acelerado que él. Se encuentra con Toyo (Miki Odagiri), una joven compañera del ayuntamiento que quiere dejar su trabajo para no hundirse en el aburrimiento de una burocracia de cartón piedra. Establecen una inesperada amistad que alarma a los familiares y conocidos de Watanabe, que piensan que está perdiendo la cabeza y el dinero por una mujer. Para él, Toyo representa la vitalidad y la humanidad que perdió hace años y que tanto necesita. Su extraña relación no dura mucho. Él está feliz a su lado pero ella lo rechaza. Esta experiencia le abre los ojos a Watanabe. Decide volver al trabajo y luchar con tesón por construir el parque que habían pedido las mujeres de la ciudad. Se enfrenta al sistema y sortea sin miedo todos sus obstáculos. A pesar de que otros quieren colgarse la medallita, él es reconocido como el verdadero creador del parque y consigue el respeto de todos los que le rodeaban.

 

En Ikiru, Kurosawa representa la estupidez humana como si se tratase de un defecto biológico: sin una clara conciencia de la muerte no se puede alcanzar una vida plena y auténtica. En el libro La psicoterapia existencial, Irvin Yalom define las cuatro cuestiones existenciales a las cuales se enfrenta el ser humano durante su experiencia vital: la muerte, el sinsentido, el aislamiento y la libertad. En su viaje personal, Watanabe lidiará con todas ellas a lo largo de su transformación. La canción La vida es corta, cargada de melancolía en una primera interpretación, acaba siendo expresión de la felicidad de Watanabe en sus últimos momentos, con un mensaje que convierte el pesimismo en optimismo.

 

Ikiru

 

Estoy bebiendo este sake para llevar la contraria a mi vida. Quiero decir que, a veces, torturarme me alivia. Kanji Watanabe.

 

Mi recomendación musical es la canción Solitary Man, de Neil Diamond.

4 pensamientos sobre “NEGATIVO GANADOR: El existencialismo en el cine”

  1. Hola Duarte, como siempre tus comentarios de películas, me
    encantan y esta también parece ser una película interesante. De Kurosawa via alguna película pero esta, no.
    Tu comentario sobre ella me hace pensar que me gustaría mucho
    verla.

  2. Me parece que debe se ser una película muy interesante desde luego pienso verla. Muy bien a Duarte que nos muestra el otro lado del cine se le agradece sigue así. Muy bien gracias por
    este bloc

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