NEGATIVO GANADOR: Resonancias

RESONANCIAS

La promesa de Tara

 

 

“¡A Dios pongo por testigo de que nunca más volveré a pasar hambre!” – Escarlata O’Hara (Lo que el viento se llevó, 1939)

 

(Fig. 1)

 

 

Cómo olvidar aquella promesa que, hace ya casi 80 años bajo el árbol de Tara, proclamaba desafiante la Escarlata O’Hara de Lo que el viento se llevó (Gone with the wind, 1939), aquella promesa de la que solo eran testigos el árbol bajo el que se encontraba -relacionado con la idea de las raíces- y los enmudecidos espectadores de la sala de cine, y en la que ponía a Dios por testigo de que nunca más volvería a pasar hambre (Fig. 1), en una secuencia que se situaba en la mitad exacta del colosal filme de casi cuatro horas de duración, justo antes del intermedio, y que sin ninguna duda marcaba el punto de inflexión del memorable personaje interpretado por Vivien Leigh.

 

 

Los tonos rojizos de la imagen parecían anunciar su grabado a fuego en las retinas de los espectadores, pues la de Escarlata es sin duda una de las estampas más emblemáticas y referidas de la Historia del cine. Su grandeza, subrayada a través de un crescendo musical, obra del compositor Max Steiner, y un travelling en retroceso que iba de un plano general del personaje a un gran plano general, no solo dejaba constancia de la férrea convicción de la joven O’Hara, sino que la situaba inmediatamente en la lista de protagonistas mayúsculos de la ficción cinematográfica.

 

 

Esta puesta en escena tan peculiar permite, al mismo tiempo, señalar un cierto proceso de conversión en símbolo, pues todo este encumbramiento del personaje antes descrito tiene como peculiaridad visual un fuerte contraluz que solo permite percibir la silueta de Escarlata O’Hara. Desprovista así de cualquier rasgo definitorio o distintivo, la mujer de la novela de Margaret Mitchell se convierte por un instante en todas las mujeres del mundo.

 

 

Así, debido a la importancia y magnitud del personaje de Escarlata O’Hara, y tomando la imagen descrita como muestra, podemos rastrear la permanencia de la heroína clásica en toda la producción cinematográfica posterior, hasta toparnos con ejemplos aparentemente tan difíciles de vincular como, en este caso, el de Joddy Hopps, la conejita antropomórfica protagonista de una de las últimas cintas del estudio Pixar: la fábula Zootrópolis (Zootopia, 2016).

 

 

De nuevo con el horizonte de fondo y a contraluz (Fig. 2), en una secuencia en clave cómica heredera de La recluta Benjamín (Private Benjamin, 1980), nos encontramos con la silueta de un personaje femenino con una férrea convicción, en esta ocasión la de cumplir su sueño casi imposible de convertirse en policía en un mundo eminentemente masculino; una idea que también vincula el personaje de una forma muy evidente a la Clarice Starling de El silencio de los corderos (The silence of the lambs, 1991).

 

 

(Fig. 2)

 

Situada la imagen en esta ocasión en el primer tramo de la película, en mitad de una batería de imágenes que marcan el paso de la aspirante por la academia, de nuevo también sirve para establecer un antes y un después muy marcado en la evolución del personaje, así como, en esta ocasión, permitir una presentación del mismo de una forma muy sintética. La promesa de Escarlata O’Hara, aquella bajo el árbol de Tara, es reformulada y todavía hoy continúa vigente. Las imágenes del pasado, filtradas por nuevas sensibilidades, continúan poblando las pantallas actuales.

 

 

Este mismo gesto de convicción, personificado en los personajes de O’Hara y Hopps, es el que ahora le gustaría invocar al autor de estas palabras para manifestar el espíritu firme y renovado de esta sección y esta revista digital después del parón vacacional, poniendo a dios por testigo de que nunca más volveremos a pasar hambre (de imágenes).

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