NEGATIVO GANADOR: CRÓNICAS DEL SEFF (Martes)

MARTES 8

La dialéctica como motor de las narraciones. Convergencias en el interior de cada una de las películas vistas la jornada del martes: los dos planos temporales que se cruzan en la inabarcable Mimosas (Oliver Laxe, Sección Oficial), las clases alta y baja enfrentadas en la comedia surrealista Ma Loute (Bruno Dumont, Sección Oficial), las dos generaciones que se dan cita en Suntan (Argyris Papadimitropoulos, European Film Academy), la doble guerra que libran los soldados daneses en Afganistán y su propio país representada en A war (Tobias Lindholm, European Film Academy) y la ciudad como simulacro en las ocho Madrid del corto New Madrid (Natalia Marín, Resistencias) frente al documental Pasaia Bitartean (Irati Gorostidi, Resistencias).

 

Galardonada en Cannes con el Gran Premio de la Semana de la Crítica, Mimosas abría una jornada marcada por la diversidad tanto de géneros y formas, como de nacionalidades. Oliver Laxe (Todos vos sodes capitans) vuelve a filmar en Marruecos, en esta ocasión una ficción cercana al western que transcurre en dos tiempos simultáneos que se entrecruzan. Una película densa en la que las imágenes de Laxe, acompañadas de la fotografía preciosista de Mauro Herce y el guión escrito junto a Santiago Fillol, arraigan en la memoria y crecen con el tiempo. Sin duda una de las obras mayúsculas del Festival, abundante en ideas y abierta a numerosas lecturas, Mimosas apela a un espectador atento y despierto; un peaje que no todos estaban dispuestos a pagar a primera hora de la mañana.

 

Mimosas (Oliver Laxe, Sección Oficial)

 

En un tono distinto llegaba Ma Loute, una comedia tan disparatada como ingeniosa. Chaplin, Keaton, Tati… son algunos de los nombres que vienen a la cabeza cuando uno contempla la película de Dumont, una película casi tan sorprendente como la extrema interpretación que hace en ella Juliette Binoche, la gran revelación cómica. Tal vez menos radicales, pero igualmente caricaturescos, son el resto de personajes que pueblan la sátira de Dumont, en la que unos detectives investigan -infructuosamente- las constantes desapariciones de turistas que se están produciendo en un pueblecito francés costero, en el que vive Ma Loute con su pobre familia de pescadores.

 

Ma Loute (Bruno Dumont, Sección Oficial)

 

 

Y de una comedia absurda con algún toque de humor negro, a una comedia negra que termina en el más completo absurdo: Suntan. En ella, Kostis, un médico que trabaja en una pequeña isla griega, empieza a frecuentar un grupo de jóvenes turistas y a formar parte de sus ritos y fiestas locas llenas de sexo y alcohol. El interesante choque generacional propuesto por Papadimitropoulos en su película es la causa de algunas imágenes hilarantes. La puesta en escena, con esas puestas de sol que tanto gustan en festivales como Sundance, provoca un sentimiento de extrañeza que probablemente habría sido todavía más interesante si el tramo final evolucionara en una dirección distinta.

 

Suntan (Argyris Papadimitropoulos, European Film Academy)

 

 

Mucho más difícil resulta enumerar los problemas con A war, en la que su protagonista, un danés combatiente en Afganistán, es juzgado por un tribunal de guerra en su país tras tomar una decisión complicada en momento de conflicto. Una propuesta que, tal vez, pretende acercarse a cuestiones de complejidad ética, pero que las aborda con la poca inventiva y la simpleza de la tv movie más convencional. Personalmente no sorprende tanto su nominación al Oscar (a Mejor película de habla no inglesa), como que su director, Tobias Lindholm, sea el mismo que escribió el guión de La caza (Thomas Vinterberg, 2012).

 

A war (Tobias Lindholm, European Film Academy)

 

 

La poca transgresión de Linholm contrastaba más todavía con la última proyección de la jornada: el documental Pasaia Bitartean, de la sección Resistencias. La ciudad portuaria de Guipuzcoa se convierte en la protagonista de un magnético documental contemplativo de menos de una hora de duración. De la misma forma que los turistas que bajan del descomunal crucero que invade la localidad (y el documental) desde su primera imagen, el espectador desembarca en un filme en el que las imágenes construyen un discurso preciso que solo incluye el (poco) relato oral para generar nuevos sentidos. El paisaje sonoro, tan cuidado como el visual, sutura una película que, en mi opinión, da con aquella sustancia sobre la que problematizaba el documental de Lluis Galter. En cualquier caso, la mejor noticia es que ante la alarmante producción de imágenes huecas, Pasaia Bitartean se ha ganado la distinción de Resistencia(s).

 

Pasaia Bitartean (Irati Gorostidi, Resistencias)

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