NEGATIVO GANADOR: El existencialismo en el cine

Viendo lo que la vida pudo haber sido y no fue. El espejo

 

 

“A nuestros pies la menta

se acostaba

y las aves seguían

nuestra ruta larga

y los peces en contra

iban de las aguas

y se abrió el cielo ante nosotros

cuando el destino nos siguió celoso

cual un loco que lleva una navaja.”

 Arseni Tarkovski

 

 

 – Margarita Terekhova

 

Un televisor no sintoniza, empieza El espejo, un viaje a través de momentos que se reflejan en el tiempo dirigido por el escritor y cineasta soviético Andrei Tarkovsky. La película comienza con un prólogo en el que un tartamudo es curado de forma inmediata y casi hipnótica. Es una sesión que también busca desarticular la lógica del público para acercarlo a la realidad. En un juego narrativo especular, el espectador puede contemplar de forma desordenada los recuerdos de Aliosha (alter ego de Tarkovsky), un hombre que está a punto de morir. En los momentos que corresponden a la trama presente del film, el protagonista siempre está fuera de campo y sólo se escucha su voz cuando habla con su ex mujer, Natalia (Margarita Terekhova, que también interpreta a su madre en sus recuerdos de infancia), como si fuese la voz de una conciencia irritante. Esta sensación se percibe gracias a los cambios expresivos que Terekhova ofrece ante la cámara como si ésta fuese un espejo en el que recrearse. A través de los sueños y la memoria el discurso vuela por los años 30, los 40 y la II Guerra Mundial, la post guerra, los 60 y los 70. Aliosha ve a su madre en sus recuerdos idéntica a Natalia y el espectador también. Con ninguna de las dos ha podido mantener una buena relación. La ausencia del padre que lo abandonó y los distintos sentimientos de culpa que sufre catalizan la historia.

 

En El espejo la cámara se convierte en un personaje fantasma que camina y descubre los lugares en donde se producen las acciones. Tarkovsky es capaz de detener y congelar el ambiente mediante el tratamiento de las escenas. El largometraje está repleto de distintos planos secuencia que dirigen al espectador en el espacio. Si el alma es un espejo de algo, lo es de la percepción. La belleza que ésta puede otorgar es el motor artístico del director ruso. La contemplación de los elementos; agua, fuego, aire y tierra y de su poder activo, busca la interpretación y el juego desde los misterios del tiempo y la mente. Un vaso se puede caer solo de una mesa por muchos motivos, pero todos mágicos. El cine de Tarkovsky muestra la magia de la naturaleza viva e invita a una reflexión sobre la realidad, sus leyes físicas y la lógica de los sentidos.

 

Los traumas personales y colectivos deambulan a través de los campos y los árboles azotados por el viento. Los noticiarios sobre la Guerra Civil Española, la II Guerra Mundial y el enfrentamiento de la URSS con la alocada China de Mao Tse-Tung por la isla de Damanski, sitúan al espectador en distintos e importantes momentos de cambio. Las imágenes de los niños de Bilbao despidiéndose de sus padres entre lágrimas y de hombres y mujeres corriendo por las calles en pleno bombardeo replantean el valor de escapar de algo. La muerte lo cierra todo, la memoria no puede dejar de abrir las puertas de la nostalgia.

 

El espejo trata el tiempo de una forma mental, no matemática. Además de los continuos y oníricos saltos temporales que se suceden en la historia, las escenas están filmadas con la intención de retratar la diferente sensación que se tiene del paso del tiempo dependiendo de la intensidad del momento presente. También se expone un planteamiento sobre la crueldad de éste y su despiadada forma de actuar: una bomba atómica puede cambiar la vida de mucha gente en un instante mientras miles de personas envejecen de forma rutinaria dando paso a nuevas generaciones que harán lo mismo que ellos. Es, además, la historia de dos mujeres unidas por un espejo temporal.

 

 – El espejo

 

La película pasa de secuencias en color a secuencias en blanco y negro cuando hay un distanciamiento temporal o narrativo entre ellas, aunque este cambio parece no seguir ninguna norma establecida. Este concepto va acorde con la estructura racional del relato.

 

El juego de espejos que conduce al espectador por los engañosos recuerdos de Aliosha en los que el pasado se encuentra con el presente, intenta bailar en el terreno de los fallos del cerebro, como puede ser un déjà vu, en la irremediable imperfección del orden establecido y en la belleza imperfecta de los sueños. El protagonista recuerda constantemente su infancia, como una necesidad de volver a sentir que todo es posible aún. Cuando vuelve a su niñez aparece su madre, la oscura casa donde vivían, los gatos, la madera de los árboles, el verde de la taiga y el fuego en el viejo granero. Los detalles sensoriales y los accidentes dominan el subconsciente del protagonista.

 

 – Fotograma

 

Hay una escena en la que se muestra el entrenamiento militar de unos niños desamparados en un momento y en un lugar en el que cayeron como víctimas de sus desaparecidos padres. En esta escena Tarkovsky aprovecha la acción para mostrar la estupidez del lenguaje establecido ante la lógica rotunda de un conocimiento verdadero y desinteresado.

 

Aliosha se ve reflejado en su hijo, Ignat (Ignat Daniltsev, que también interpreta a Aliosha de niño), en el que aprecia sus mismos defectos por haber sido criado, igual que le ocurrió a él, por una mujer, y se siente culpable por ello. Pero la culpa es un sentimiento que surge del egoísmo o del sacrificio ajeno. Su verdadera desdicha ocurrió durante la guerra, un día en el que él y su madre caminaron hasta otro pueblo para intentar conseguir una ayuda económica en casa de unos conocidos lejanos de su abuelo. Allí, una mujer embarazada les invita a cenar y le pide a María (Margarita Terekhova) que le corte el cuello al gallo para matarlo y cocinarlo. A María le aterra la idea de matar a un animal y espera que su hijo coja el hacha por el mango, nunca mejor dicho. Aliosha no hace nada y su madre se ve obligada a ejercer de verdugo. Su mirada a cámara, tras el sacrificio, traspasa la empatía con Aliosha y decapita directamente al espectador.

 

Cuando se acerca el final, surge un sueño en el que su padre y su madre hablan de amor. En esta escena Tarkovsky realiza un plano sublime en el que María levita sobre una cama. En ese momento una paloma entra y sale de cuadro. Es un instante mágico de paz y de calma. Esta imagen pretende despertar nuevas formas de pensar, en las cuales, ver a una mujer suspendida en el aire no debería ser más extraño o increíble que ver a un avión de 200 toneladas volar entre las nubes.

 

Suenan varios poemas escritos y recitados por Arseni Tarkovsky (padre del director) que hablan, entre otras cosas, del alma y del destino. El vaho que deja un aliento en un espejo no tarda en consumirse. Es como una vida que pasa. Son la memoria y los recuerdos los que mantienen la eterna cuestión existencial del ser humano.

 

 – El espejo

 

 

En esta ocasión, mi recomendación musical es el tema Parece que aún fue ayer del álbum en directo ¿Hay alguien ahí? de Los Suaves.

 

 

 

                                                                                  A Marta y Manolita.

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