NEGATIVO GANADOR: Cine polémico

VIDEANDO

 

 

‘’Mientras andábamos por el borde del muelle, iba yo aparentemente tranquilo, pero cavilando todo el tiempo. Así que Georgie sería ahora el general, dictando lo que teníamos hacer o no hacer, y Dim su perro faldero de sonrisa boba. Pero de repente caí en la cuenta que el pensar es para los atristos, y que los omniosos cuentan con la inspiración y con lo que el Deñor manda. Porque ahora venía en mi ayuda una música deliciosa… Había una ventana abierta, con un tocadiscos en marcha, y en seguida videé el camino a seguir…’’ Alex DeLarge (Malcolm Mcdowell)

 

Ahora sí que sí. No se me ocurre una puta película más polémica en la historia del cine. Ninguna al menos con tanta repercusión. Estamos hablando de crímenes, prohibiciones y amenazas de muerte. Sexo, violencia con la mejor banda sonora. Si el cine fuese el Edén, esta película sería la puta manzana.

Como ya he contado en esta mi querida revista varias veces, mi historia con esta película es una de las dos razones por las cuales estudio cine. La primera vez que vi La naranja mecánica (1971) de Stanley Kubrick fue, sin mal no recuerdo, en 2007, a los once años, justo después de que mi vieja me prohibiera terminantemente no verla. Y tras una hora de descarga en mi querido y añorado Ares (sí, yo siempre fui más de Ares que de Emule), pude disfrutar de verla. Luego, al acostarme, no sabía si tenía miedo, nervios o curiosidad. Eso era amor, amigos.

 

Oh, Alex.

 

En MI (‘MI’, ¿vale?) humilde opinión el señor Kubrick es, sin ninguna duda, el mejor director de la historia. Por supuesto mi favorito es Quentin, pero creo que nada marca mejor la calidad de un director que su calidad en diferentes géneros. No me quiero imaginar a Woody Allen haciendo una de terror o a Tarkovsky escribiendo una comedia romántica. Pero Kubrick, oh, al tito Stanley dale un género y te hace una de culto. Terror: El resplandor (1980); De época: Barry Lyndon (1983); Ciencia ficción: 2001: Una odisea del espacio (1968); Comedia: ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (1964); Bélico: Senderos de gloria (1957), y de regalo La chaqueta metálica (1987). Y cuando se propuso hacer una verdadera obra de arte. Entonces amigos, es cuando hizo La naranja mecánica. ¿Qué es el cine? Una industria, un espectáculo, un arte, el séptimo arte. Todo junto. Esos planos, me cago en la puta, qué composición. Qué decorados, qué interpretación. Me puto corro. Y Kubrick lo tenía claro. A mi la banda sonora no me la va a componer un tío cualquiera. Así que mejor pongo a Beethoven y a Rossini. Y es que quién coño te va a hacer mejor banda sonora que (en palabras de Alex DeLarge) ‘’El grandísimo, grandísimo, Ludwig van.’’

 

Pero bueno, voy a dejar de suckarle el miembro a Stanley y voy a empezar a hablar de los hechos.

 

Stanley & Malcolm.

 

Kubrick se propone adaptar la novela de Anthony Burgess, La naranja mecánica (1962). Pequeñas diferencias aparte, el argumento rápido de ambas obras (cinematográfica y literaria) es el siguiente (ojo spoilers, LOL).

Alex es un chico en un Londres futurista que se dedica con sus colegas a hostiar a gente, a violar a tías y ya a solas, a pajearse escuchando Beethoven. Tiene algún rifirrafe con sus colegas, lo traicionan y el tío acaba en chirona. Al cabo de un tiempo y para poder salir de ahí, se somete a un programa que consiste en que te ponen imágenes de cómo le pegan palizas a Polanski y de cómo violan a putas con música de Beethoven de fondo, mientras te dan unos sueros que hacen que potes. De manera que cada vez que veas o intentes hacer algo así, pues te vuelvan a entrar arcadas. Total que el pavo sale de prisión más vulnerable que una mariquita (el insecto, no el despectivo homosexual). Todo el mundo a seguido su vida sin él y después de una serie de palizas el pobre acaba pidiendo auxilio en una casa. Y tócate los huevos, qué casualidad que es la casa de uno de los hombres a los cuales Alex puteó en sus días mozos violando a su parienta. El hombre lo reconoce, lo encierra en un cuarto y le pone Beethoven a toda hostia para que Alex se vuelva loco. Buscando la salida Alex se tira por la ventana. Sobrevive, se monta un escándalo nacional, y Alex vuelve a ser el mismo que era al principio, es decir un folletis maleante.

 

Bien, hasta aquí la película. En el libro hay un capítulo más. El capítulo veintiuno. En ese capítulo, Alex ve a un antiguo colega que ya ha madurado, está casado y con hijos. Por lo que Alex decide madurar y dejar atrás sus años de gambitero. Muy bien, pues no sé si Kubrick no se leyó ese capítulo o le pareció una mierda, que el fiera decidió no ponerlo en la película. Y os aseguro que es infinitamente mejor el final cinematográfico. Donde va a parar. La naranja mecánica un claro ejemplo de que, a veces, es mejor la película que el libro.

 

El método Ludovico.

 

Esta es la parte anecdótica. Ahora llega el drama. La polémica. Lo que nos gusta. La película sale y la gente reacciona. Criticada por su violencia extrema y su falta de humanidad. Considerada X en muchos países y prohibida en muchos otros. Decían que era un pésimo ejemplo para la juventud, que la consideró un referente. No se equivocaron y muchos chavales se pusieron a imitar las fechorías de Alex y sus drugos por las calles de Londres. Y el pobre Kubrick se vio obligado a pedir que retirasen la cinta del Reino Unido ya que había recibido amenazas de muerte.

 

La película, cómo no, se convirtió en una cinta de culto al instante. Y aún hoy en día sigue siendo famosa y un referente para todos los adolescentes cinéfilos. Y es que es así, o al menos mi caso. Con diez-once años te empieza a gustar el cine y ¿qué ves? Las míticas. La naranja mecánica, El club de la lucha, Trainspotting, todas las de Scorsese y, por supuesto, mi queridísima Pulp Fiction, la otra razón por la que estudio cine.

 

En resumen. ¿Polémica? Claro. ¿Recomendable? Depende. ¿Obra de arte? Por supuesto. A todos nos gustan los héroes, ya. Pero es que los antihéroes tienen algo aún mejor. Son humanos. Y ya puedes ser negro, blanco, hombre, mujer, que todos somos humanos. Y todos somos malos. Tú que robas bolígrafos Bic al compañero de clase. Que meas en los portales. Que dices ‘’no, no me he corrido dentro’’. Tú tampoco eres un héroe. Piensa eso antes de criticar a Alex. Porque es un bonito retrato del ser humano.

 

Siento la falta de objetividad pero, la escena del muelle, siempre ha sido mi escena favorita de la historia del cine.

 

Paz.

 

Videa bien hermanito, videa bien.

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