NEGATIVO GANADOR: Otro Cine Español

Hoy os hablamos de El perdido (2016), estrenada dentro de la sección ZonaZine del Festival de Málaga y que también podrá verse el próximo 28 de abril en el D’A (Festival de Cinema d’Autor de Barcelona). Christopher Farnarier (director y director de fotografía de la película) firma una “crónica” ficticia sobre un hombre que abandona su vida en la ciudad para empezar a sobrevivir en la montaña, alejado de todas las facilidades de la sociedad contemporánea, a la que implícitamente hace crítica el director, plasmando una soledad “absoluta” que probablemente todos hemos estado tentados a probar alguna vez.

 

Lo que a priori puede resultarnos un argumento familiar en títulos que ya hemos visto en otra ocasiones en la gran pantalla (siendo Into the wild (2007) el primer título reciente que se me viene a la cabeza) se convierte en una propuesta interesantísima por la veracidad casi documental que el director consigue en el filme a pesar de la formalidad estética de éste.

 

 

La película, que está inspirada en un caso real que tuvo lugar en Andalucía durante los años 90 (de un hombre que desapareció durante 14 años para vivir escondido en la montaña), ha sido además construida por su director y sus guionistas bajo la influencia de Walden, el ensayo en el que el escritor Henry David Thoreau narró su propia experiencia personal de supervivencia en las proximidades del lago Walden en Massachussets, durante más de dos años.

 

Aunque este carácter casi documental del que hablábamos se evidencia por el pasado como documentalista de su director (siendo El perdido su primera película de ficción), dicha veracidad conseguida responde especialmente al particular planteamiento de rodaje. Localizada en diferentes regiones del pirineo catalán y francés, la película fue rodada durante períodos separados a lo largo de un año, utilizando las condiciones meteorológicas y lumínicas presentes de cada jornada, dando lugar a más de 60 horas de material, finalmente reducidas a hora y media de metraje.

 

 

El protagonista está interpretado por el actor no profesional Adri Miserachs, amigo personal del director y al que propuso llevar a cabo la película tras el deseo de éste de pasar un verano viviendo sólo en una cabaña. Sorprende el ser testigos de la evolución física (real) y el proceso de adaptación del protagonista, al que vemos desenvolverse con cierta facilidad en el hábitat en el que voluntariamente ha decidido vivir, a pesar de todos los obstáculos que se le presentan. La total ausencia de diálogos en el filme se equilibra con un exquisito trabajo de sonido, desde el que se matizan cada una de las situaciones a las que el personaje se enfrenta, y que consigue hacernos compartir desde una posición mucho más privilegiada su experiencia de supervivencia.

 

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