NEGATIVO GANADOR: De Ulises a Superman

ULISES Y EDIPO, TRAS LA PISTA DEL HADA AZUL

  

“A.I.: Inteligencia Artificial” (“Artificial Intelligence” – S. Spielberg, 2001)

 

El camino del héroe no está falto de ironías, cambios de condición y crueldades del destino. Si bien es cierto que Ulises finalmente volvió a Ítaca, perdió durante el recorrido de veinte años por el mar la oportunidad de ver el crecimiento hacia la madurez de su propio hijo Telémaco, y poder atender a su esposa Penélope, rodeada de pretendientes a su llegada. No obstante, el origen de esa ironía que envuelve al héroe viene ligada a algo tan irremediable como el tiempo.

 

Tampoco escasean esas ironías en los cuentos populares. En la obra de Carlo Collodi “Las Aventuras de Pinocchio” podemos apreciar la presencia de personajes bajo circunstancias bastantes surrealistas. Hasta entonces, cualquier historia relatada en siglos pasados cuyo nexo fuera el tiempo efímero trataba la mortalidad del hombre como un mal a hacer frente; Pinocho, que no era sino una marioneta de madera creada por el artesano Geppeto, trataba de conseguir todo lo contrario.

 

¿Por qué un héroe, dotado de una inmortalidad inherente, trata de luchar contra algo cuyos antecesores consideraban una bendición divina? Años más tarde, a finales del siglo XX, dos maestros del celuloide, Stanley Kubrick y Steven Spielberg desarrollaron un cuento moderno bebiendo directamente de dos vertientes: la primera, de una trilogía de relatos cortos de ciencia-ficción titulado “Supertoys last all summer” de Brian Aldiss; el segundo, del popular cuento de Collodi sobre la marioneta que quiso ser un niño de verdad. El borrador de “Supertoys”, con sus tres actos completos, quedó en la sombra: la historia de un androide llamado David cuya cruz en su existencia es su capacidad de amar y que tratará de recuperar el amor de su madre, la cual lo abandonó en medio del bosque.

 

Una vez David es abandonado a su suerte en el bosque, se inicia el Viaje del Héroe. Tanto Kubrick como Spielberg dotaron a su historia de teorías campbellianas y estas se ven claramente a partir del segundo acto de la película. David, una curiosa mezcla entre Odiseo y el Edipo, deberá sortear la hostilidad de su ambiente, adquirir compañeros en su travesía y enfrentarse a su destino final.

 

 

La influencia de Pinocchio es directa. El coraje de nuestro héroe viene ligado a su conocimiento del cuento y, por ello, su búsqueda, su Santo Grial, se encuentra en la figura del Hada Azul, la que buscará por el medio que sea, sin ser consciente de la línea que separa la realidad de la ficción, para que pueda otorgarle la mortalidad y, de esta forma, conquistar el corazón de Mónica.

 

Proyectado hacia un amor incondicional hacia sus padres adoptivos, David fue creado por un ingeniero, el profesor Hobby, para llenar la pérdida de su hijo con el fin de conseguir que padres cuyos hijos se encuentran al borde de la muerte tengan la compañía afectiva (pero artificial) de un hijo biónico. Hobby, a diferencia de Gepetto, concibe al androide David con un fin egoísta y su proyecto digno de un Prometeo moderno se ve quebrado nada más saber que se ha dado el primer caso de abandono.

 

El quid de la historia viene del confort que tiene David una vez llega a la casa de Mónica y Henry Swanson, un matrimonio que trata de afrontar a duras penas la posible muerte de su hijo Martin, criogenizado en el hospital. David, aún ignorante de su propósito en esa casa, recibe una impronta verbal de Mónica, haciendo que este reaccione desde entonces con un amor desmesurado hacia la que considera que es su madre, creando así a un Edipo renovado.

 

 

No obstante, el mundo de nuestro héroe comienza a derrumbarse cuando el hijo real de los Swanson se rehabilita y vuelve a convivir con ellos, siendo David víctima de sus travesuras debido a su condición de robot. Eso hará posible una serie de situaciones incómodas para Mónica y Henry y, tras un episodio en el que, por accidente, casi pierde la vida Martin, Mónica abandonará a David, quedando desolado en el bosque.

 

Hace mella en David el cuento de “Pinocchio” que Mónica le relató durante su estancia con los Swanson. Es por eso que, una vez se queda solo en el bosque, tratará por todos los medios posibles encontrar al Hada Azul, que es portadora de la sabiduría y el poder suficiente para convertir a David en un niño real, digno del amor de Mónica.

 

(David se enfrenta a un mundo que conocía, completamente hostil)

 

En su viaje hacia esa utópica conversión le acompañarán dos personajes clave: un oso de peluche mecánico llamado Teddy, que salvará la vida de David en infinidad de ocasiones, y un peculiar androide conquistador llamado Gigoló Joe. Ambos personajes se irán turnando los roles, adoptando el papel de compañero y, en ocasiones, de mentor. Al ir a buscar respuestas al templo del “profesor Know”, una especie de oráculo dentro de la lujuriosa Rouge City, Joe le expondrá a David todo lo que ha de hacer para realizar las preguntas adecuadas para el profesor. Incluso el mismo profesor Hobby, su creador, abrirá los ojos al héroe extraviado, haciéndole ver la realidad de lo que ha estado buscando; lo que es verdaderamente ser un niño real y qué es el Hada Azul sino la personificación de los anhelos del hombre.

 

Por tanto, hacia el final del viaje que el héroe, este niño-robot, emprende, descubre que todo aquello en lo que creía fervientemente, todo lo que buscaba con desesperación, se derrumba al conocer la verdad. Se arroja desde la sede de Cybertronics, la sede del profesor Hobby, hacia un Manhattan inundado. Sin embargo, el destino hará que David llegue a un parque de atracciones en ruinas; un parque con temática de cuentos populares entre los que se encuentra Pinocchio, y frente a una estatua de porcelana del Hada Azul, el héroe de esta cruzada por la esperanza suplicará su deseo más visceral, y así permanecerá dos mil años, tratando que el Hada le escuche y haga realidad sus anhelos hasta que este quedará congelado y desconectado.

 

 

No obstante, una vez transcurridos esos dos mil años, unos seres rescatarán a David del trance, resucitándolo de entre los muertos, para otorgarle una variante de su deseo: gracias al ADN de un mechón de cabello de Mónica, en una clara referencia a Sansón, podrán revivirla durante un día solamente, tiempo suficiente para que David recupere lo que más ha anhelado desde su impronta: el amor incondicional de su madre. Una vez finalizado este día, ambos, madre e hijo, mueren tras haber pasado el tiempo más feliz de sus vidas.

 

Mucho han estudiado Stanley Kubrick y Steven Spielberg los conceptos teóricos de Joseph Campbell. Tanto es así que han transmitido en su película esa ansia del ser humano por amar y, por descontado, ser amados con una aventura que oscila entre lo racional y lo irracional, lo verdadero y lo ficticio, y, especialmente, por lo que realmente merece la pena emprender un viaje que desemboca en el conocimiento de nuestro potencial y nuestra esencia.

 

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