CRÍTICA DE “EL CONFORMISTA”

“Un hombre normal es un verdadero hermano y ciudadano, un verdadero patriota”

 

 

Bertolucci es uno de los cineastas más reconocidos que nos ha dejado el cine Italiano, entre sus inolvidables películas encontramos El último tango en París, El último emperador y El conformista, films que se mueven entre realismo y el surrealismo, con imágenes que han definido la historia del cine. El conformista, basada en la novela homónima de Alberto Moravia, logró trascender del film histórico para convertirse en nada menos que uno de los retratos más perturbadores de la condición del hombre moderno en el cine.

 

 

Tanto Moravia como Bertolucci se apoyan en la representación del cuadro psicológico del protagonista Marcello, sin duda uno de los más difícil de retratar con claridad: el hombre común en un contexto extraordinario. Ya no somos bombardeados con ideas románticas o críticas hacia las revoluciones y/o la guerra, sino que nos adentramos en lo más íntimo, y podríamos decir vacío, de la psique humana, con una sutileza y parcialidad de las que no pueden presumir muchos cineastas. Sin duda, esta película transciende de lo meramente narrativo para transmitirnos desde las teorías claramente explicitas de Platón, hasta las ideas de la escuela psicoanalítica de Freud la cual, como es evidente, revolucionó el pensamiento humanístico del siglo XX y sirvió como base para explicar, lo que podríamos considerar inexplicable, sobre el comportamiento humano. Entre ellas se encuentra “La psicología de las masas y el análisis del yo” un conjunto de tratados que intentan explicar la influencia que recibe el individuo del medio en el que se encuentra, y el deseo de corresponderse con el ideal de éste.

 

 

Entre otras de las muchas ideas que nos llaman la atención y que escapan de la versión literaria, es el énfasis que da Bertolucci a la propaganda fascista, incluyendo un personaje clave en la historia: Italo. Sin duda, el papel que tuvieron los medios de comunicación durante el fascismo y el nacismo, que supieron sacarle gran partido, afectó enormemente la concepción que se tenía del tercer arte considerándolo incluso peligroso, y hasta cierto punto con razón, debido a la vulnerabilidad de los consumidores. Todo esto creó grandes discusiones en el mundo intelectual de la posguerra, siendo defendido principalmente por Walter Benjamin en su célebre “La obra de arte en la época de reproductibilidad técnica” donde defendía el cine justamente por su carácter catártico, haciendo conexiones con el papel que tienen los sueños en el psicoanálisis. En el siglo XX se introducen en la sociedad los medios de comunicación: radio, televisión, cine… que se convertirán en los nuevos creadores de modelos, proyectores de sombras. Es curioso que otro de los elementos añadidos por Bertolucci haya sido el amigo ciego de Marcello, y que sea éste justamente el propagandista fascista. Además, es él quien pronuncia una de las frases más perturbadoras del film y que resume mejor la ideología de la época “Un hombre normal es un verdadero hermano y ciudadano, un verdadero patriota”.

 

 

La adaptación cinematográfica hecha en 1970, pese a ser bastante fiel a la idea original de Moravia, se toma ciertas licencias que considero interesante señalar y en las que encuentro otras varias conexiones con las ideas psicoanalíticas. Bernardo Bertolucci incorporó una escena que se escapa de la versión narrativa pero que, en mi opinión, representa una de las más memorables del film: En el primer encuentro de Marcello con su revolucionario y antiguo profesor de filosofía “Quadri”, Marcello intenta recordarle un trabajo sobre El Mito de la Caverna de Platón que le había expuesto años atrás. Con esta escena, Bernardo Bertolucci intenta describirnos la situación de Italia, y de podríamos decir toda Europa, en aquel entonces: un mundo confundido por sus sentidos, seres humanos encadenados, teniendo como realidad la sombra de objetos que se proyectan en la pantalla de un muro gracias al fuego. El planteamiento de las sombras quedará reforzada por el magnífico trabajo cinematográfico de Vittorio Storaro, director de fotografía, con memorables tomas, protagonizadas por la proyección de sombras de personajes u objetos en la vacuidad de los espacios.

 

Carolina Kuzeluk

 

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