CRÍTICA DE “CATFISH”

catfish

 

Nev Schulman es un joven fotógrafo de Nueva York que comparte piso con su hermano Ariel y su amigo Henry, ambos cineastas de profesión. Un día, Nev recibe por email una pintura basada en una de sus fotografías que había sido publicada en un periódico tres meses atrás. La autora de la obra era Abby, una niña de ocho años. Desde ese día, la relación de Abby y Nev fue avanzando a medida que otras fotografías suyas se convertían en pinturas de la chica, se enviaban correos y chateaban por Facebook. Es entonces cuando Ariel y Henry deciden hacer un documental sobre Abby, la niña pintora.

 

 

Esta es la premisa de Catfish, un documental que destaca por la simpleza y austeridad de su puesta en escena, por lo que se hace muy creíble —incluso familiar— la historia que nos cuentan. Pero, ¿realmente estamos ante un documental?. Si hilamos fino, después de varios visionados podemos identificar incongruencias en la trama que nos hacen pensar que todo lo que se nos muestra es un gran montaje. Si es un falso documental que se presenta y se reafirma como puro documental, ¿estaríamos ante una sucia mentira?, o mejor aún, ¿ante un nuevo género del documental?: el Documental Falso (que no falso documental).

 

Pero sigamos con el argumento de Catfish… Nev crea fuertes lazos con algunos miembros de la familia de Abby a través de Facebook, sobretodo con Megan, la hermana mayor de Abby. En poco tiempo se crea un fuerte vínculo sentimental entre los dos, se escriben a diario, se envían cartas, se telefonean todas las noches y sueñan con el día en que puedan conocerse en persona. El giro se da cuando Nev descubre que las canciones que Megan le solía dedicar personalmente estaban sacadas directamente de Youtube. A partir de aquí, Nev empieza a sospechar y descubre que tanto Megan como Angela le han mentido en algunos aspectos (Angela es la madre de ambas Abby y Megan, con la que Nev también había hablado cordialmente por teléfono). Así que los tres compañeros deciden viajar hasta Michigan por sorpresa y conocer la verdad sobre esta familia.

 

Detengámonos aquí. En este punto podríamos pensar que, de entre todos los personajes, Nev es el claro protagonista. Sin embargo, es interesante como sus compañeros de piso Ariel y Henry (a la vez autores del documental) participan activamente en la historia, apareciendo en cantidad de planos y aportando su punto de vista en cada ocasión, llegando a fusionarse con el mismo Nev en el rol de protagonista. Pero se deja muy claro que el documental está dedicado a Abby, la niña pintora, ¿no debería ser ella la protagonista? Resulta que en pocos minutos la historia de Abby queda relegada a un segundo plano y es esa historia de amor a distancia entre Nev y Megan la que roba la atención del público. Estamos entonces ante una película tan poco convencional, que pasada la media hora de metraje, todavía no tenemos ningún protagonista ni objetivo claro. La estructura y núcleo dramáticos son ambiguos y desconcertantes, y es aquí donde radica el éxito de Catfish, pues no necesita seguir ningún modelo clásico para captar la atención del espectador en todo momento, y en última instancia, hacer que se emocione. Esto es porque esta película funciona como la vida misma, llena de giros espontáneos, situaciones absurdas, imperfectas, aleatorias.

 

 

Retomemos la historia de Nev y Megan. Cuando los tres amigos llegan a la dirección de la chica en Gladstone (Michigan), se encuentran la vivienda vacía. En el buzón, todas las cartas sin abrir que Nev le había enviado. Al día siguiente, conducen hasta Ishpeming para ver si Angela les puede aclarar la situación. Angela les cuenta que pronto se someterá a una quimioterapia por su cáncer de útero y que Megan está en una clínica de desintoxicación por sus problemas con la bebida. Nev habla por primera vez a solas con Abby y descubre que ni siquiera le gusta pintar. Es en este punto cuando descubren toda la retorcida verdad detrás de esta familia. Angela es una mujer con sobrepeso de unos cincuenta años que vive con su marido Vince y los dos hijos de éste, los cuales sufren severas discapacidades físicas y mentales. Angela pintaba los cuadros que Nev recibía con la firma de Abby. También se había hecho pasar por Megan todo el tiempo, incluso había fingido la voz por teléfono. Había creado perfiles falsos de Facebook utilizando fotografías de otras personas, creando así su nueva familia virtual. No existe ninguna Megan, ni Abby tiene un talento especial, ni Vince tiene tanto pelo en la vida real, ni ella es la modelo brasileña que aparece en su foto de perfil.

 

En el desenlace de la historia, cuando Angela se sincera con Nev y le explica cómo y porqué hizo lo que hizo, conseguimos por fin identificar a la protagonista de la película. Angela confiesa que los personajes que creó representaban fragmentos de su personalidad, y en algunos casos reflejaban lo que ella creía que habría sido su vida en el caso de haber tomado otras decisiones. Paralelamente, Vince cuenta que cuando trabajaba en la pesca, trasladaba bacalao vivo desde Alaska a China, y los tenían en unos estanques dentro de los barcos, pero al llegar a su destino la carne de los peces estaba blanda e insípida. Para solucionar esto, alguien pensó en poner a los bacalaos dentro de estanques grandes junto con “peces gato” (catfish), para que los bacalaos se mantuvieran ágiles durante el viaje. Vince concluye que hay personas que actúan como esos “peces gato” en la vida, manteniendo alerta a quienes las rodean, obligándolas a pensar y a estar “frescas”.

 

Al fin y al cabo, Catfish es la historia de una mujer que nunca encontró a su “pez gato”. Una mujer desgraciada que decidió esconderse tras la máscara de internet para escapar de su triste realidad.

 

Pero la pieza esconde algo más interesante aún. La idea de que todo lo que nos están contando haya sido meticulosamente planeado. Por ejemplo, ¿por qué Ariel y Henry empiezan a rodar justo cuando Nev recibe la primera pintura de Abby?, ¿por qué Vince empieza a hablar de su antigua profesión, aportando un símil perfecto con la situación de su mujer, la cual ignoraba por completo?… La idea de una mentira dentro de otra: primero la de Angela, y luego la de los autores, Ariel y Henry. Ellos sostienen que todo cuanto aparece en pantalla es real, pero la historia es demasiado redonda como para no sospechar nada. En el caso de que fuera una gran maquinación, ¿cuál es la reacción del público?. La mayoría se sentirían engañados y tomados por tontos, cosa respetable. Yo personalmente prefiero pasar por el aro: me gusta lo que veo y no me cuestiono cuánta verdad hay en ello. Porque de todas maneras, todo —sea documental, falso o no— pertenece al mismo juego.

 

Fabio Pereztol

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *