CRÍTICA (A FAVOR Y EN CONTRA) DE “LA NOVIA”

 

Con la 30ª gala de los Goya todavía en la retina, hay un título que por derecho propio se ha desmarcado como una singularidad entre las nominadas, aunque sus premios se hayan quedado en dos (Mejor Fotografía para Miguel Amoedo y Mejor Actriz de Reparto para Luisa Gavasa). La novia, escrita y dirigida por Paula Ortiz, es una adaptación de la obra “Bodas de Sangre” de Federico García Lorca.

 

 

A favor: La Tarara sí, la Tarara no (Mar Subirats)

 

 

 

Muchas veces tendemos a valorar lo bello en relación a lo sencillo. ¿Pero, realmente tiene la belleza un límite de sencillez? El segundo largometraje de Paula Ortiz, que se estrenaba como directora en el 2011 con De tu ventana a la mía, nos demuestra que no. Las palabras de Federico García Lorca mirándolas por donde se las mire pueden suponer un desafío. Sin embargo, la directora nos demuestra que le gusta tantear con el límite en todos los sentidos para reinterpretar la tragedia de Lorca.

 

El espectador es testigo des del minuto uno de la apuesta por lo lírico en relación a lo bello. De tal manera, que gradualmente nos veremos inmersos dentro de un universo estético que abraza la trascendencia del texto de Lorca. Paula Ortiz opta en cierto modo por la atemporalidad en una película dónde el pasado juega un papel muy importante. Todo ello se sustenta con una ambientación y una fotografía puramente expresivas. Cabe destacar que en todo ese universo que se nos presenta, serán Luisa Gavasa e Imma Cuesta las que van articular fielmente la poética del texto.

 

Con La Novia, Paula Ortiz no únicamente nos quiere presentar una apuesta por lo bello, sino que con ello nos va a situar entre el drama y la tragedia y nos va hablar del engaño y del odio pero también de la amistad y el amor.

 

En contra: Entre dos aguas (Daniel Molina)

 

Con películas en cartel como Macbeth, de Justin Kurzel, vemos que una adaptación teatral exige cantidades ingentes de osadía para poder desembarazarse de la alargada sombra del autor y acierto para lograr que la obra consiga adueñarse del medio cinematográfico. Desde los primeros minutos del metraje, la autora plantea una puesta en escena poética, con un tono visual estimulante. El problema surge cuando el desarrollo de la acción no permite mantenerse en el lirismo y el guion se ahoga en el diálogo, si bien en teatro sirve para situar la acción, aquí puede volverse redundante. Ortiz arriesga, pero no lo suficiente. En el clímax, donde puede sublimar las reticencias que puedan surgirle a espectadores como a un servidor, se contiene y no deja que el teatro sucumba al cine, dejando una sensación de desaprovechamiento de una situación que podría redondear un filme tan interesante como imperfecto.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *