CRÍTICA DE «L’ATALANTE»

cartel de L'Atalante

 

L’Atalante es un relato aparentemente sencillo sobre la vida conyugal de una pareja recién casada. El marido Jean (Jean Daste) es propietario de un bote donde ahora tendrá que vivir con su esposa Juliette (Dita Parlo) acompañado de Pere Jules, una gran actuación de Michel Simon, sus muchos gatos y su criado. Jean Vigo retrata la vida cotidiana de esta pareja poniendo su atención en los pequeños detalles, dando importancia a las pequeñas experiencias de la pareja hasta llegar a un conflicto que pondrá en duda la consistencia de su amor y separará a los personajes hasta que vuelvan a reunirse posteriormente. Esta película consigue retratar tanto lo inocente como lo salvaje, tanto la hostilidad como la ternura. Como es característico del cine realista poético francés, los personajes pertenecen a una clase obrera, el costumbrismo y la sátira son especialmente representados por el personaje de Père Jules, un personaje basto y bruto que al mismo tiempo puede reflejar esa antítesis que contiene la película especialmente en el amor que tiene a sus gatos o en el buen trato que da a la Patrona, acciones que le dan especial humanidad y lo hacen entrañable, no en vano es el que al final consigue juntar a la pareja nuevamente. Al mismo tiempo, este personaje tendrá importancia ya que constantemente toca con el acordeón las canciones populares que acompañan al film. Por otra parte, ambos personajes principales, Daste y Parlo, logran transmitir un aura de delicadeza y sensualidad que fácilmente conmoverá al espectador.

 

 

Hay que resaltar la gran importancia del cine soviético en las secuencias exteriores y que viene dada por Boris Kaufman, hermano de Dziga Vertov y director de fotografía, quién destacó por el empleo de diferentes ángulos que daban al espectador una nueva visión de la acción. Otra influencia importante es el surrealismo. En 1929, Buñuel ya había realizado su primera obra surrealista “Un perro Andaluz” que servirá de inspiración a dicho movimiento fundado por André Breton. No es casualidad que L’Atalante haga utilización de constantes imágenes oníricas que quedarán perpetuadas en la historia del cine: la magnífica escena donde Jean quiere ver el rostro de su amada bajo el agua y lo consigue o cuando ambos sueñan el uno con el otro al estar separados y nos da la impresión de que se encuentran en la misma cama en una escena de alto contenido erótico que resulta completamente revolucionario para la época. Para esto las sobreimpresiones fueron fundamentales al igual que en el impresionismo francés de la década anterior.

 

Magnifica representación surrealista de Juliette bajo el agua

 

También la música tendrá especial protagonismo, canciones populares que acompañarán tanto los momentos felices de los persones como los más tristes. Hay que resaltar la importancia que dichos personajes dan a la música; es la música quien siempre está presente en los viajes solitarios, especialmente para Père Jules quién anhela reparar un fonógrafo (es entonces cuando tenemos dos de las quizás más ingeniosas escenas del film cuando Jules reproduce música con sus dedos y la imagen de los gatos alrededor del fonógrafo) y quién toca constantemente su acordeón. También es la que hace que Père y Juliette se puedan encontrar y ella pueda volver a casa.

 

Gatos alrededor del fonógrafo

 

Al ver el film nos podemos encontrar con algunos paralelismos con el cine expresionista alemán. Tanto el Expresionismo alemán como el Realismo francés representaban a la ciudad como un enemigo de los personajes, como un lugar hostil. Un ejemplo claro es “Sunrise” de Murnau estrenada en el año 1928: Sunrise narra la historia de una pareja de campesinos cuya vida conyugal se ve amenazada por la mujer amante del marido que viene de la ciudad; desde un principio la ciudad es ese ente destructor, deshumanizado que intenta separar a la pareja. En L’atalante vemos esta idea representada de manera diferente; Juliette quiere conocer la ciudad, se siente atraída hacia París ya que nunca antes había salido de su pueblo. Cuando finalmente consigue ir a la ciudad, ésta con sus encantos (bailes, entretenimiento) consigue seducirla mientras Jean se siente molesto por la intervención de otro personaje (Guilles Margarittes) que la llevará a bailar separando a la pareja. Los celos harán que Jean ya no quiera volver a la ciudad y una nueva intervención de este personaje tentará a Juliette regresar haciendo que Jean decida irse sin esperar a su esposa y dejándola sola en la ciudad. Una vez Juliette sabe que la han abandonado nos encontramos con la desidealización de la ciudad; ahora es un sitio de ladrones, locos, hombres que la persiguen y lleno de violencia.

 

Jean Vigo nos ofrece una obra única, con tan solo 200 minutos de metraje en toda su carrera ha conseguido retratar personajes con ingenio y lirismo de una manera que muchos con una larga trayectoria no han sabido lograr. Una obra que, tras una capa de sencillez, esconde un discurso profundo sobre las relaciones humanas sin discurrir a idealizaciones sino retratando los defectos humanos y mostrando como estos pueden ser también motivos de poesía y que nos hacen quienes realmente somos. En 84 minutos sabrá dejar grabadas imágenes en la memoria del espectador. El film no fue bien recibido por el público y por sobre todo por la productora quien eliminó algunas escenas de la película e hizo caso omiso de las últimas voluntades del director en cuanto a la película. El film quedará en el olvido hasta que fue restaurada años después. Esto llevará a que su director sea considerado una especie de poète maudit por varios años. El director no solo quedará impregnado en la memoria del cine francés, incluso grandes directores internacionales tales como Andrei Tarkovski mencionarán a Vigo como uno de sus directores favoritos.

 

Carolina Kuzeluk

 

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