CRÍTICA DE “SPOTLIGHT”

Director y reparto junto al equipo de investigación Spotlight original

 

Tom McCarthy (Win Win, The Visitor) se compromete con la verdad a través de una narración tan clásica como anómala en una candidata al Oscar.

 

Esta película es un claro ejemplo de eficiencia en cuanto a encontrar la forma idónea para la historia que se tiene entre manos. Sus detractores acusan a Spotlight de no tener director; sin embargo, no se me ocurre un método más efectivo que esta supuesta asepsia.

 

 

En 2001, el grupo de investigación Spotlight del periódico local The Boston Globe pone en marcha una investigación sobre presuntos abusos de curas pertenecientes a la archidiócesis de Boston a niños.

 

Si buscamos un referente inmediato, sería Todos los hombres del presidente de Alan J. Pakula, un film del que McCarthy evidentemente se nutre, pero siguiendo su propio posicionamiento ético. Su convencionalismo narrativo no es ni mucho menos un defecto; al contrario, permite metodizar la historia en función de la investigación y, destacando el ágil montaje de Tom McArdle, crear una inercia que aleja a la película del peligroso abismo del aburrimiento, riesgo que corre por su vocación objetiva al eliminar toda indagación en la vida personal de los protagonistas.

 

 

La intimidad claustrofóbica frente a la amplitud

 

No obstante, esto no convierte la empatía en una entelequia, ya que esa cotidianidad o, según se mire, monotonía de las oficinas abarrotadas de archivadores del Boston Globe consigue situarlos en un plano mundano como el puñado de asalariados que son mientras luchan por algo que quizá no puedan demostrar. Llegados a este punto, donde la ampulosidad hollywoodiense se apodera de los guiones y tiende a ensalzar a los personajes como encarnaciones del Bien, es donde Spotlight se desmarca y reivindica el compromiso de su discurso con el contenido, de la imagen frente al fondo. El director desaparece, cede su puesto a la historia y a sus verdaderos protagonistas, interpretados por un reparto que ofrece magníficas actuaciones, especial mención para Michael Keaton como jefe de equipo con tintes fordianos; y el papel interpretado por Brian d’Arcy James, tal vez el más emotivo junto al Mitchell Garabedian de Stanley Tucci.

 

En definitiva, Spotlight es una película equilibrada y contenida de motu propio, rasgos que no le restan eficacia y brillantez sino que premian la valentía en su propuesta.

 

Su mayor virtud es que no pretende convertir a estos periodistas en héroes. Simplemente son periodistas, ¿acaso no es suficiente?

 

Daniel Molina

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *