NEGATIVO GANADOR: De Ulises a Superman

LA TRISTEZA NO TIENE FIN (LA FELICIDAD, SÍ)

 

El carnaval del amor y la muerte

“Orfeo Negro” (“Orfeu Negro” – Marcel Camus, 1959)

 

 

“La felicidad es como la pluma que el viento va llevando por el aire. Vuela tan leve – mas tiene una vida breve – necesita que haya viento sin parar.(Fragmento de “A Felicidade”, escrita y compuesta por Antônio Carlos Jobim y Vinicius de Moraes)

 

La bajada a los infiernos de los héroes puede deberse a diversas circunstancias. Mientras que algunos van en busca de respuestas sobre su propia esencia, otros tratan de recuperar aquello que han perdido y que anhelan por encima de todo. La obsesión y el amor desmesurado son motivación suficiente para que un mortal sea capaz de desafiar las leyes divinas e introducirse en el mismísimo Corazón de las Tinieblas con el simple objetivo de alcanzar lo deseado (aunque el propio destino del héroe se vuelva incierto).

 

Uno de los mitos que ha sobrevivido al paso de los siglos y que se ha retratado en todas las formas artísticas existentes es el mito de Orfeo y Eurídice. La figura de Orfeo, un héroe trágico con un objetivo marcado: recuperar a su amada fallecida bajando hacia las mismas entrañas del Hades, es el paradigma de una gran multitud de obras románticas debido a su carácter aleccionador del amor y, por supuesto, de cómo nos enfrentamos a su final.

 

Sin embargo, era de esperar que este héroe obsesivo y pasional fuera adaptado al cine; en 1959, el realizador francés Marcel Camus, tomando como referencia la obra musical de Antônio Carlos Jobim y Vinicius de Moraes, trasladó el idilio amoroso entre Orfeo y Eurídice en el caos del carnaval de Rio de Janeiro. La trama, absolutamente fiel al mito clásico, nos sitúa a finales de los años cincuenta en Brasil, con las favelas como escenario principal y gente pobre (pero excesivamente feliz) bailando al ritmo de samba y ataviados con disfraces a cual más excéntrico, mientras que la felicidad de una pareja enamorada se trunca y deja paso a la tragedia.

 

Todo empieza en vísperas del carnaval, cuando la joven Eurídice, huyendo de su lugar de origen, llega a Rio de Janeiro para visitar a su prima Serafina. El destino la lleva a coger un tranvía conducido por Orfeo, un hombre alegre y despreocupado que es conocido en toda la ciudad por su habilidad seductora con las mujeres simplemente con tocar cualquier melodía de su guitarra. Tras tener un primer contacto en la estación, son interrumpidos por la aparición de Mira, la novia de Orfeo. Dado su carácter claramente posesivo con su amado, Mira se casará ese mismo día con Orfeo por lo civil, coincidiendo así con los preparativos de las fiestas.

 

Mientras tanto, Eurídice consigue llegar a la casa de Serafina. Ahí le confesará que ha decidido huir de su hogar debido al acoso de un hombre misterioso, mientras que su prima la tranquiliza haciéndole ver que no puede encontrarla en la colina. No obstante, Orfeo llega a las favelas y, tras coger su guitarra y empezar a cantar una canción a los chiquillos del lugar, consigue hipnotizar a Eurídice, que lo oye desde la casa de Serafina. Acto seguido, ambos se encontrarán de nuevo y comenzará el idilio amoroso.

 

(Orfeo consigue encandilar a su amada gracias a su música y su encanto)

 

Entre los personajes principales de la historia existe un conocimiento sobre el mito en cuestión. Orfeo sabe que debe encontrar a su Eurídice y, una vez la encuentra, le hace saber que su unión está predestinada y, debido a sus encantos, consigue enamorarla. Le dedicará una canción con su guitarra y, como si de un matrimonio precipitado se tratase, acabarán irremediablemente ligados. Es en ese punto donde la aventura que vendrá más adelante empieza a germinar y, por tanto, empezamos a ver la transformación de Orfeo en héroe romántico, atado afectiva y moralmente al bienestar de Eurídice.

 

Esa misma noche se celebra en las favelas una fiesta previa al carnaval y Orfeo y Eurídice pasan el tiempo uniéndose a los bailes. Sin embargo, mientras ella se viste en casa de su prima, ve al hombre que la acosaba antes de llegar a Rio; un hombre vestido con un disfraz de color negro y una máscara con el dibujo de una calavera. Tras un ataque de pánico, Eurídice huye del hombre bordeando el precipicio mientras que Orfeo, que está al corriente de la situación, corre a socorrerla. Finalmente, el hombre disfrazado de la Muerte la acorrala pero, después de un enfrentamiento con Orfeo, decide entregársela después de hacerle a él responsable de Eurídice y de su destino. La muerte no tiene prisa y esperará para actuar cuando sea conveniente.

 

(Orfeo defiende a Eurídice de la Muerte)

 

Al día siguiente, la ciudad se prepara para el carnaval. Los niños, actuando en esta historia como los compañeros del héroe, hacen lo posible por mantener a Mira, airada por la amante de Orfeo, fuera de su círculo. Mientras preparan los vestidos para la fiesta, Serafina decide confundir a Mira intercambiando su disfraz por el de Eurídice. Sin embargo, durante el carnaval, la figura de la Muerte acecha entre los asistentes y Mira descubre a Eurídice tras el disfraz. Sedienta de venganza, la que fue esposa de Orfeo perseguirá a Eurídice a través de la ciudad hasta la estación de tranvía, donde la despistará y será sorprendida por la Muerte, alargando así la persecución.

 

En el mito original, Eurídice muere debido a la mordedura de una víbora; aquí, se colgará de un cable de alta tensión y Orfeo, al escuchar los gritos de socorro de Eurídice, encenderá los plomos para poder ver entre tanta oscuridad y, así, encontrarla. No obstante, ella acaba cayendo completamente electrocutada ante una Muerte que observa el fatal desenlace de Eurídice y que la acompaña hasta la morgue.

 

Ante el horror de los hechos y su incapacidad para salvarla de la muerte, la obsesión por recuperarla de entre los muertos se apoderará de Orfeo y, junto con uno de los niños de las favelas, bajará a los infiernos recorriendo el hospital en busca del cadáver de Eurídice. En la planta 12 del edificio se encontrará con un encargado de la limpieza que ayudará al héroe y le guiará hasta la puerta del lugar, custodiada por un perro guardián llamado Cerbero, donde tienen el alma de su amada muerta.

 

Una vez dentro, Orfeo observa como tiene lugar una celebración religiosa. El gurú, fumando de un puro, está rodeado de mujeres que danzan y cantan una oración. Orfeo trata de distinguir a Eurídice entre la multitud, pero su guía le aconseja que cante para que, de ese modo, pueda atraerla. Sin embargo, cuando ya parece que todos los intentos del héroe son inútiles, Orfeo escucha detrás suyo a Eurídice advirtiéndole que no debe volverse a ella si quiere que su cuerpo resucite, pero la voluntad de Orfeo se quiebra fácilmente y se vuelve, descubriendo a una anciana detrás suyo, despidiéndose para siempre con la voz de Eurídice de su intrépido enamorado.

 

Tras la devastación de Orfeo al haber fracasado en su cometido, decide llevarse de la morgue a Eurídice y llevársela al monte, cerca de su hogar, mientras canta para ella “A Felicidade”, representando de ese modo la rapidez con la que la felicidad deja paso a la tristeza más duradera. No obstante, Mira, una vez ve como su marido llega al pueblo con el cadáver de Eurídice ataviado entre mantas blancas en sus brazos, lanza con todo su odio una piedra a la cabeza del héroe, desequilibrándolo y haciéndolo caer ladera abajo. Los enamorados yacen ahora muertos al final del precipicio, uno junto al otro, tal y como estaban predestinados.

 

No son pocas las obras que beben de la fuente de esta historia. Su carácter aleccionador sobre el lado más devastador del amor sigue vigente, y no solo en el arte, sino en la vida de la gente en general. El viaje del héroe no deja de ser, en este caso, la excusa para dar una explicación a todo aquello que nos compromete emocional y moralmente. Antônio Carlos Jobim y Vinicius de Moraes introdujeron en la historia de Orfeo y Eurídice la esencia del amor con la canción “A Felicidade”; la moneda cuyas caras opuestas son la tristeza y la felicidad, estados de ánimo inevitables en toda relación amorosa. La felicidad es fácil de lidiar, sin embargo, la tristeza puede dejar una huella difícil de borrar.

 

“Hubo un Orfeo antes que yo, y vendrá otro después de mi… pero, por ahora, soy yo.” expone el “Orfeo Negro” de Camus.

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