NEGATIVO GANADOR: De Ulises a Superman

SIGFRIDO Y BRUNILDA, FUERA DE ÓRBITA

 “Wall-E” (Andrew Stanton, 2008)

 

 

Cuando Sigfrido, héroe estandarte de la mitología nórdica, decidió desafiar a los dioses y rescatar a la valkiria Brunilda, condenada a un letargo de sueño ininterrumpido por su padre Wotan y rodeada de un anillo de fuego que obstaculizaba todo intento de rescate, sabía que su destino quedaría por siempre ligado a esa hazaña. A lo largo de los siglos, las historias de caballeros que luchan por una dama en apuros se han convertido en una constante narrativa y ello se debe a un carácter aleccionador sobre el amor, algo por lo que merece pelear. Por tanto, este amor que siente el héroe se convierte, inevitablemente, en el impulsor total de la aventura.

Los héroes de estas aventuras, cegados por un deber personal y guiados por un corazón sincero e intrépido, estarán predestinados a superar cualquier obstáculo para recuperar a su amada a cualquier precio. El modelo que encontramos en la aventura de Sigfrido se ve claramente en la película de Disney/Pixar “Wall-E”, de Andrew Stanton, en la que un robot de limpieza, abandonado en una Tierra deshabitada y descuidada, descubre por primera vez el amor y trata de ganarse a su amada cautiva hasta los confines de la galaxia. Los creativos de Pixar, grandes conocedores de la narrativa funcional, crearon un mito amoroso moderno, partiendo de la creación de un héroe insólito que, al igual que Sigfrido, emprenderá su hazaña más emocionalmente decisiva.

 

(WALL-E, basurero curioso y ocioso)

 

La película nos sitúa en un futuro post-apocalíptico, en el que la Tierra ha sido definitivamente invadida por la basura y la contaminación y ello ha permitido que la humanidad sea evacuada. WALL-E, un robot rutinario, curioso y solitario, es el único ser sobre el planeta. Mientras cumple su función apilando todos los deshechos que la humanidad ha ido dejando de forma descuidada en el pasado, empieza a fijarse en la belleza de las cosas pequeñas viendo viejas películas que rescata de viejos reproductores de vídeo y coleccionando todo tipo de objetos que, de alguna forma, sacian su curiosidad, tales como mecheros, tapas de cubos de basura y una planta que encuentra de forma accidental durante uno de tantos días de rutina y a la que encuentra cobijo en una bota abandonada.

 

No obstante, la llegada desde el espacio de la rastreadora de la compañía BF, la robot EVA, cuya misión es encontrar cualquier indicio de fertilidad en la Tierra, rompe con la monotonía de nuestro atareado héroe. WALL-E, un ser mecánico que lo poco que conoce del amor se debe a las películas, se enamora de forma automática de la visitante y, tras varios intentos fallidos a cual más disparatado, consigue llamar su atención y mostrarle la belleza que se encuentra en su colección personal de joyas que en el pasado, ha ido encontrando entre la basura.

 

(WALL-E muestra a EVA todo aquello que le fascina)

 

Sin embargo, al ver EVA la planta que WALL-E ha conservado, ve su propósito cumplido. Almacena el espécimen en su interior y, automáticamente, queda en estado de trance. Al igual que ocurre en el mito de Sigfrido y Brunilda, WALL-E, transformándose en un héroe romántico con un propósito claro emergente, hará todo lo que esté en su mano para recuperar a EVA del trance.

 

Pero poco dura el idilio entre una EVA pasiva y un WALL-E que trata efusivamente de revivirla. Una nave de BF baja a la Tierra para recuperar a su rastreadora y, en el momento en que queda atrapada en su interior, WALL-E trepa por el casco de la nave sin contar con que la nave abandonará la Tierra y regresará a la nave base de BF.

 

(Una vez en el espacio, WALL-E se maravilla del paseo cósmico y muestra a una ausente EVA la belleza que él ve por primera vez.)

 

Nuestro héroe se encuentra en estos momentos en el paso previo a cruzar el anillo de fuego, donde el amor muestra su lado más puro y bello. La nave llega a su destino: la Estación Espacial Axiom. Este refugio de la Humanidad, dedicado enteramente al consumo abusivo y a una vida cómoda en exceso, con hombres y mujeres obesos y despreocupados yendo de una punta a otra de la estación en hamacas flotantes. WALL-E se infiltra en Axiom mientras sigue a EVA que es llevada al puente de mando de la nave.

 

Una vez en el puente, el capitán extrae la planta de EVA. Al ver que la fertilidad terrestre es posible, el capitán de la Axiom decide poner rumbo al planeta Tierra. EVA, una vez despierta de la ensoñación de su mecanismo, trata de que nadie descubra a WALL-E. Lo introduce en una capsula de escape rumbo a la Tierra, pero este hace lo posible por escabullirse. Finalmente, la cápsula consigue salir con WALL-E a bordo, pero se acciona por error la autodestrucción. EVA, dándose cuenta de la situación, sale de la Axiom al espacio para socorrer a WALL-E, mientras que este hace lo posible por escapar de ahí, pero EVA ve, desolada, como la cápsula es destruida.

 

Sin embargo, WALL-E ha conseguido escapar y se dirige a su amada propulsado por un extintor. La alegría del reencuentro de los dos amantes ha llegado al punto álgido y ambos se propulsan, dando vueltas alrededor del casco de la estación, retomando de esta forma el idilio romántico. Al final, regresan a la Axiom para acabar con la extorsión del ordenador central de la nave, cuyo principal objetivo es mantener (si es necesario, a la fuerza) a la Humanidad fuera de la Tierra.

 

(WALL-E y EVA retoman su idilio tras el trance)

 

Durante la ofensiva, el capitán es doblegado por el ordenador de la estación. Mientras tanto, en otro frente, EVA, WALL-E y un grupo de valientes robots de mantenimiento de la nave tratan de frenar sus intenciones, pero cuando el capitán decide tomar la iniciativa de enfrentarse a su némesis, consigue desconectarlo tras una contundente pelea y poner rumbo a la Tierra. Sin embargo, cuando el sistema de la nave pasa a la entera disposición del capitán, EVA queda desolada al ver a WALL-E gravemente dañado.

 

Al llegar a la Tierra, EVA trata de reparar a WALL-E, pero este, al ser reparado de nuevo, se reinicia y se vuelve un robot insensible, ofuscado en la tarea para la que le han programado: la recolección de basura. EVA, desesperada, trata de hacerle recordar sus sentimientos, pero este reniega de EVA. Al final, EVA, abandonando toda esperanza, se despide de él estrechando su mano. Este gesto final de aprecio despertará a WALL-E de su propia ensoñación, volviendo en sí. Ahora se encuentra junto a su amada, en una Tierra a punto de ser repoblada de nuevo.

 

Es bien sabido que las antiguas leyendas románticas muestran el amor como una aventura realmente inesperada. El enamoramiento más visceral lleva a las personas, desde lo más profundo de su ser, a emprender actos de, incluso, extrema locura. Lo cual implica que la funcionalidad de los poemas y cantares clásicos sea mostrar la verdadera naturaleza del amor, sincero, visceral y, a fin de cuentas, heróico.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *