CRÍTICA DE “LA GRAN BELLEZA”

 

La historia narra la vida de Jep Gambardella.

 

Este personaje, famoso por el éxito de su único trabajo como escritor, se dedica al periodismo y vive, desde los 26 años en una vorágine de superficialidad, falsas apariencias, y lujuria propia de la sociedad italiana más mundana. Al cumplir los 65 años, el protagonista decide que es el momento de replantearse su despreocupado y bohemio estilo de vida.

 

 

A lo largo de la película el director Paolo Sorrentino nos muestra la relación que este artista en decadencia tiene con distintas celebridades y glorias pasadas italianas. Cada uno de estos personajes se nos muestra caído en depravaciones propias de una sociedad rica y arrastrada por una ola de intrascendencia vital disfrazada de falso intelectualismo. En resumen presenta y tilda a esta comunidad de personajes como sumamente trivial, tachándolos de inmorales y denunciando el libertinaje con el que actúan.

 

Por otra parte, toda esta serie de denuncias de lo mundano y la mezquindad se hace a partir de una serie de imágenes ligadas entre ellas y formadas con una gran sensibilidad y estética. El film, su fotografía y la mirada que da de la realidad te hace caer en un torbellino de belleza y emociones hipnótico.
Creo que las imágenes son espectaculares, los planos cenitales, los puntos de fuga con los que se juega, los colores y las formas.. Añadiendo una banda sonora que no sólo congenia sino que se fusiona creando una simbiosis perfecta.

 

 

Hay muchas partes y escenas que me gustan de la película. Si tuviese que remarcar alguna seria la segunda escena. Cuando te empiezas a encontrar perdido en una fiesta llena de vicio y perdición, el protagonista sale a cámara lenta y mira fijamente a los ojos del espectador, se queda parado frente a la cámara mientras el mundo sigue girando a su alrededor.

 

Vilma Bravo

 

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