CRÍTICA DE “TAXI”

Ficticio, real. Ficticio, ficticio. No, claro que es real.

 

Este sentimiento de haber sido traicionado cuando se sale del cine… Este momento cuando se abandona el cine y todos los que están a nuestro alrededor no pueden dejar de discutir con entusiasmo y uno se pregunta por qué no comparte su estado ánimo. Por una parte, esta experiencia es extremadamente deprimente; por otra parte, nos aclara la mente en el momento en que empezamos a analizar por qué estamos tan decepcionados.

 

Durante el visionado de Taxi navegué varias veces en la incertidumbre de si me encontraba en un documental con historias muy mezcladas pero reales, o si saboreaba la vida de Teherán desde el punto de vista subjetivo de Jafar Panahi, el director del filme. Taxi es una película que ha sido rodada exclusivamente en un taxi, grabada por varias cámaras compactas fijadas en distintas partes del coche. El director de la película se interpreta a sí mismo y va por Teherán durante un día. En esta ciudad es habitual que cualquier ciudadano utilice este medio de transporte para desplazarse, ya que es económico y se puede compartir con gente que va en la misma dirección. A través de eso surge una amplia variedad de la sociedad media iraní, gente de todas las clases sociales y, además, con oficios y opiniones muy distintos, confluye. Parece que el taxi es en Teherán “el sitio” en el que uno puede expresar su opinión abiertamente, si se quiere dar fe de esta imagen de la ciudad.

 

Taxi

 

 

Cuando ese sábado por la noche decidí ir a ver Taxi, ya sabía que esta película es una ficción. Panahi es uno de los directores más conocidos del Irán a quien desde 2010 le está prohibido ejercer su profesión, acusado de difundir “propaganda en contra del sistema”. Yo estaba muy intrigada por averiguar cómo había conseguido de nuevo realizar una producción de cine en contra de la voluntad del régimen. Así que estaba sentada en la sala de proyección, esperando algo a lo grande, esperando algo interesante, y, aunque vi cumplidos ambos deseos (pues, además de interesante, la película es muy dinámica, y era difícil apartar los ojos de la pantalla, aunque fuera por un solo momento), yo me sentí todo el tiempo descontenta porque, aunque sabía que era una ficción, en muchas ocasiones me parecía completamente real. En resumen: estaba confusa y no sabía muy bien qué creer. Es un poco como si en Harry Potter de repente se inventaran una escena en la que Hermione llamara desde Hogwarts con su móvil a casa, aunque durante el resto de la historia le hubieran vendido al espectador la historia de que los dispositivos electrónicos no funcionan en Hogwarts, y ahora esperaran que se lo crea. Es irresponsable destrozar de esa forma un universo creado por un director o guionista, pues esto perturba al espectador. No todo tiene que ser tan transparente como en las historias del cine clásico, pero jugar con el espectador como si estuviera en uno de esos reportajes de comedia en los que te hacen creer una cosa (por ejemplo, que te está llamando el Gobierno), para luego decir que solo era una broma, y que luego te digan que por esto has ganado un viaje a Ibiza, no me parece honesto, sobre todo porque el viaje a Ibiza, en este caso, ni se ha ofrecido.

 

Jafar Panahi

 

Panahi rueda una película en la que él se interpreta a sí mismo haciendo de conductor de taxi en Teherán, para luego poder hacer uso de este material. Simplemente interpreta un papel de un guión, al igual que los clientes del taxi. Todo queda confuso cuando diferentes personas se suben al taxi, él les explica que las cámaras solo están allí por motivos de seguridad; cuando reencuadra el plano para tener grabado lo que le interesa; cuando sube gente al taxi que le reconoce como director y él actúa de manera como si no quisiera hablar de ello, porque está rodando una película “en secreto”; cuando recoge a su sobrina de la escuela (realmente es su sobrina) y ella actúa de forma tan real y vívida que nos hace dudar si eso puede ser ficticio. Únicamente al final del film resulta evidente que se trataba de una ficción ya que entran a robar en el taxi y por ello habría sido imposible para Panahi conservar el material que vemos de la película.

 

Este filme es, sin duda, una innovación dentro del panorama del cine y, por algún motivo, ha ganado el Oso de Oro; sin embargo, en mi opinión, no ha sido una experiencia positiva. Después de que este artículo ya había sido prácticamente escrito en mi mente, pensé si, a través de esta experiencia negativa, se consigue que el espectador refleje si lo visto se basa en hechos reales, si es realista, y si esta era la intención genial del director. ¿O quizás son las críticas positivas que me han inundado en las últimas horas (solo eran positivas), lo que me ha hecho llegar a esta conclusión?

 

Marta Aitana

 

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