NEGATIVO GANADOR: Hitchcock, los secundarios de sus películas.

HITCHCOCK

Los secundarios de sus películas.

Hoy: La ventana indiscreta (1954).

 

 

Uno de los rasgos generales presente en la humanidad, es que somos unos cotillas mirones y Hitchcock consigue desnudarnos con esta realidad incómoda porque en mayor o menor grado todos lo somos.

 

A todos, o casi, nos gustan las películas; meternos en un espacio oscuro durante hora y media a espiar la vida de otros que es la sala de cine, y mirar a través de una ventana que es el encuadre, la vida de esos otros que no somos nosotros, que es el filme. Como bien nos muestran, pero centrándose en el sonido, películas como, “La Conversación” de Francis Ford Coppola, o el film alemán, “La vida de los otros” del director también alemán Florian Henckel von Donnersmarck, en las que el eje central de cada historia es un personaje que espía a otros personajes.

Entonces, podemos afirmar que el voyerismo (sin masturbación o con, esto va al gusto de cada mirón) es la piedra angular que hay entre el realizador y su público. Y Hitchcock usa esa piedra en muchas de sus obras; como en “Psycho”, cuando Anthony Perkins espía a través de un agujero a Janet Leight desde la habitación contigua a la suya. Y si os fijáis, eso es lo que hacemos cuando vamos al cine. Mirar a través de un agujero.

 

Así pues, el “cotilleo” obviando las intenciones de cada personaje y cada persona, es la raíz que alimenta la película que voy analizar hoy.

La que mejor recoge ese principio en la filmografía del director británico y lo exprime hasta dejarle solo la piel, es “La ventana indiscreta”. Esta maravillosa película, como nos tiene ya acostumbrados Hitch, no solo consigue que nos entretenga su historia, sino que nos interese analizar las ideas que se construyen a su alrededor y se suman al conjunto del film, transformándolo en lo que es: Un perfecto ensayo sobre la experiencia cinematográfica del espectador.

 

Pero voy a centrarme en el encabezado de mis artículos, en los personajes secundarios.

 

Forma parte de la filosofía de Alfred Hitchcock que cada persona represente en sus películas lo que es. Es decir, en Rear Window encontramos a los siguientes personajes secundarios: una bella rubia que baila, luego es bailarina, un músico que escribe música con su piano, luego es compositor, una señora que vive sola pero anhela encontrar el amor, un matrimonio con un perrito que duerme en el balcón, una escultora, un matrimonio viejo donde el marido está amargado, y un matrimonio nuevo que rebosa felicidad.

Todos estos personajes secundarios, incluido el perrito, mejor dicho ningún otro como el perrito si habéis visto el film, favorecen la trama principal a cargo de Grace Kelly y James Stewart.

En este film, la bailarina y el compositor están para reforzar el voyersimo de James Stewart, que se dedica exclusivamente y debido a la escayola de su pierna y al aburrimiento, a mirar hacia el exterior, la actividad de la calle y los sucesos ajenos a su propia vida.

 

Luego siguiendo esa filosofía, qué mejor personaje que un fotógrafo para representar el papel de Stewart, porque aparte de ser mirón por su condición humana, lo es también por su profesión.

 

Y además, como es habitual en el cine de Hitch, coge una idea y la llena hasta el borde con otras ideas que refuerzan la primera, luego, añade una lesión importante en la pierna del fotógrafo que le hace quedar lógicamente en reposo durante mucho tiempo. Entonces blanco y en botella: Fotógrafo + Reposo + Aburrimiento = a mirar sin descanso por la ventana.

 

Los matrimonios, tanto el más gastado como el menos, están para beneficiar la relación amorosa que hay entre los protagonistas, ya que lo que espera y lo que puede o quiere ofrecer cada uno choca con las ideas del otro, pero como ya se sabe, tanto en el amor como en la guerra siempre hay uno que cede y otro que no.

 

El matrimonio con el perrito está escrito y rodado por varios motivos que refuerzan la trama principal. Duermen en el balcón porque la acción del film transcurre en verano, además durante uno muy caluroso. Luego es lógico que todos los vecinos, estén a la vista unos de otros porque sus ventanas están abiertas de par en par, reforzando así la idea del fotógrafo lesionado y mirón. Y el otro motivo es el perrito en sí mismo, que con su muerte señala al asesino con su pezuña para que Stewart pueda ir atando cabos y traspase la fina línea de privacidad que hay cuando abres las ventanas de tu casa y te expones a que todos vean lo que haces.

 

Y la escultora está escrita para apoyar el papel del perrito y el subrayar el carácter taciturno del asesino que pertenece a uno de los matrimonios. Papel representado por el conocido Raymond Burr, por series policíacas como “Ironside” o representar al detective Perry Mason.

 

Pero al único que parece que no espían, es el espía por excelencia, el protagonista, primero porque es su punto de vista el motor central de la historia y porque las normas cinematográficas no se construyeron porque sí, y segundo, volvemos a la idea de representar lo que cada persona es, porque sería el colmo que alguien superara las aptitudes de un fotógrafo a la hora de observar.

Y es en ese punto exacto donde entra en juego el importante papel, también secundario, de la enfermera que cuida al fotógrafo mirón. Hablo de Stella, bellamente interpretada por Thelma Ritter.

Ésta actúa de pared donde Stewart hace rebotar sus pensamientos sobre los sucesos que observa a través de la ventana. Ella representa la voz de la experiencia, entre otras cosas porque le dice que no conoce a nadie que le haya reportado nada positivo el hecho de mirar durante tanto tiempo la vida de la gente sin vivir la suya propia.

Le da masajes para evitar las llagas que producen la inmovilidad y habla con él ayudándole también a desenmascarar el asesino junto con el perrito y su novia Grace Kelly. Pero es ella la que primero intenta frenar y se opone fuertemente a la obsesión de Stewart por mirar sin descanso la actividad de sus vecinos, para luego terminar sumándose al bando de Stewart y Kelly gracias al motor que hace girar esta película, la necesidad humana de observar y mirar a su alrededor.

Y todos asentimos con la cabeza diciendo: Oh! Gran director gordito y sumamente inteligente: tienes toda la razón del mundo. Soy un mirón. Pero estoy seguro que él también lo era, quizás Alfred Hitchcock fue el mirón por excelencia de su tiempo y de los muchos que aún quedan. Y hay que dar gracias por ello ya que si no, joyas del cine como ésta y muchas otras, nunca se hubieran rodado.

 

Así pues me despido no sin pena por tercera vez con unos fotogramas de este espectacular film sobre el que cualquiera llenaría páginas de análisis hasta el próximo, Hitchcock y los secundarios de sus películas. Hoy: Encadenados (1946) y Atrapa a un ladrón (1955).

 

 

   

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