CRÍTICA DE “PAULINA”

Ojo por ojo y la justicia se quedó ciega

 

Mateo 18:21

“Entonces se le acercó Pedro, y le dijo: Señor, ¿cuántas veces pecará mi hermano contra mí que yo haya de perdonarlo? ¿Hasta siete veces?”

 

 

¿Existe realmente la justicia en nuestra sociedad o solamente podemos intentar nivelar la balanza con la captura y reprimenda de los culpables? ¿Es la sociedad un culpable exento de la falta de justicia? ¿Son las personas demasiado humanas como para ser capaces de imponer los valores de la justicia? ¿Es más justa la justicia injusta o la injusticia justa?

 

 

Santiago Mitre intenta responder, o mejor dicho plantear, estas preguntas con su segundo film, La patota (Paulina). Un guión sólido, reflexivo y transcendente, escrito por Santiago Mitre y Mariano Llinás, que apuesta por argumentar con claridad y de forma fluida un tema altamente polémico (una joven abogada de clase acomodada, convertida en profesora de una localidad rural, decide tomar una inesperada reacción revolucionaria luego de sufrir una violación). Aunque el guión consigue sortear de forma grácil todos sus entresijos ideológicos parece olvidarse en ciertos momentos de su carácter dramatúrgico (anteponiendo la tesis a la trama), pero gracias a unas firmes interpretaciones de Dolores Fonzi y Oscar Martínez este defecto queda en un muy apartado segundo plano.

 

No está de más decir que Mitre no ofrece una respuesta a las preguntas que plantea pero a cambio sitúa al espectador, con su puesta en escena, en una posición omnisciente, prácticamente divina, haciendo que su dictamen en el momento de juzgar a los personajes y sus acciones sea lo más honesta, imparcial y justa posible. Aún así resulta un ejercicio demasiado arduo para el espectador que puede acabar con una indigestión moral que supera los límites de lo humano. Un trabajo titánico, sin lugar a dudas, el de convertirse en “Dios” durante 103 minutos, pero lo es aún más si el espectador se replantea, al acabar el film, si sería capaz de absolver a una de sus creaciones (habiendo esta cometido uno de los actos más atroces dentro de la naturaleza humana).

 

¿Es posible la existencia de la justicia cuando esta es impartida por un ser humano que tiene tanto las aptitudes de ser víctima como agresor? ¿O se ha de transcender a una posición que sobrepase, o dicho de otra forma, se libere de su condición de persona, y por lo tanto rehúya de su propia naturaleza y se convierta en un ser que sí sea capaz de aplicar una justicia ecuánime? No hallaremos la respuesta en el film, pero lo que sí sabemos es que Paulina, aún a riesgo de convertirse en un mártir social, va a seguir caminando por su desierto personal.

 

Mateo 18:22

“Jesús le dijo: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.”

 

Adrià Berlanga

 

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