NEGATIVO GANADOR: Cine polémico

TODO ES BUENO CUANDO ES EXCESIVO

 

Los libros que el mundo llama inmorales son los que muestran su propia vergüenza. – Oscar Wilde

 

Suelo decirle a todos mis amigos que tienen que ver Salò o le 120 giornate di Sodoma (1975), obra última del siempre polémico Pier Paolo Pasolini, y que les va a cambiar la vida. Resulta complejo, creo que para casi todo el mundo que decida adentrarse en el cosmos de este peculiar film, siquiera entender sus propias impresiones a raíz del terrible impacto, atentado a sus cabezas, que provoca. En lo que todos estamos de acuerdo es que si viste Salò no la olvidas fácilmente. Incluso más de treinta años después, ésta es probablemente una de las películas que más disparidad de opiniones ha creado. Hay quien simplemente no puede verla, y es que no es un film apto para todos los públicos. Hay quien acude a ella en busca de una imagen extremadamente atroz que realmente no llega, sobre todo si tenemos en cuenta lo que ha llovido desde entonces y que en los cines cada vez es más fácil encontrar lo que parecen autopsias en directo (porno gore) que juegan a probar los niveles de aguante del espectador. Entonces ¿Qué es lo que hace que Salò sea una de las películas más polémicas de la historia del cine? ¿Por qué es como un abrazo horrible de crueldad, frío, como una patada en la cara para el espectador? Bueno, tiene que serlo.

Pasolini, personaje donde los haya, toma de base la novela del Marqués de Sade, Les Cent Vingt Journées de Sodome, ou l’École du libertinage (1785), pero la traslada a la República de Saló de mediados de los años 40, estado títere de la Alemania nazi de los últimos años de la Segunda Guerra Mundial. Aquí es cuando cuatro autoridades; el presidente, el obispo, el duque y el magistrado, junto con algunas prostitutas veteranas deciden secuestrar/reclutar a nueve chicos y nueve chicas jóvenes para hacer lo que les plazca con ellos, reteniéndolos en una gran mansión, que es donde transcurrirá la mayor parte de la película. Se trazan las reglas del juego: A las seis en punto de cada mañana deberán reunirse en la “Sala de las Orgías”, donde las narradoras (prostitutas) contarán sus relatos varios, todos copularán como animales adulterinamente, incestuosamente y sodomíticamente…Pero los actos no permitidos serán severamente castigados con la pérdida del miembro, con la tortura y la muerte. Cualquier acto de religiosidad se castiga con la muerte. Se establece una realidad, un microcosmos, donde las víctimas quedan desprovistas de cualquier clase de humanidad, se convierten en objetos sin voluntad y quedan sometidos a los instintos más sádicos y excesivos de la autoridad. Cabe decir que a Pasolini le asesinaron después de hacer esta película.

 

Pier Paolo Pasolini

 

Pero lo que me resulta más interesante no es la serie a atrocidades a la cual mayor que transcurren a lo largo del film sino cómo nos lo hace ver: a través del refinamiento, la gracia y el bienestar. Mediante un realismo distante de harmónica elegancia nos hace ver el mundo por los ojos de nuestros villanos. Somos como un compañero más sentado a la mesa y comiendo mierda. Las víctimas, las vemos como tales, monigotes, cuerpos para jugar con ellos. En cierto modo te obliga a sentirte cómodo con esta situación, te hace empatizar con ella. Suenan canciones mientras unas señoras muy simpáticas cuentan sus historias de juventud y la gente se divierte y baila. A veces hasta se recitan poemas. Considero que esta es una película que apela al lado más perverso y cruel y al mismo tiempo humano del espectador, le hace consciente, le culpabiliza y le horroriza para que nunca vuelva a haber en el mundo nadie que tenga tanto poder como para que se puedan repetir situaciones de la misma índole. Como a las cuatro autoridades, te coloca tranquilamente en el sofá de tu casa, observando a lo lejos, a través de un cristal desde el cual todo parece pequeño. Es muy posible que te dejes llevar por el “libertinaje”, que hasta disfrutes del espectáculo y quizás no quieras hacerlo. Salò se convierte entonces en el espejo gris de la más decadente moralidad, el espejo en el que no quieres reflejarte porque tú también eras responsable y cómplice de lo que estaba pasando y te daba igual.

 

Salò o le 120 giornate di Sodoma (1975), Pier Paolo Pasolini

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