NEGATIVO GANADOR: De Ulises a Superman

Y ODISEO LLEGÓ A KANSAS

“El Mago de Oz” y el Viaje del Héroe

 

“No hay sueño más grande en la vida que el Sueño del Regreso. El mejor camino es el camino de vuelta, que es también el camino imposible.” – Alejandro Dolina

 

¿Qué pasaría si todo aquello que nos rodea desapareciera cómo barrido por un tornado? ¿Y si el mundo que conocemos en tonos sepia pasara directamente a ser en Technicolor? ¿Cómo reaccionaríamos al saber que, definitivamente, no estamos en nuestro hogar? ¿Qué haríamos para volver a casa? Todas estas preguntas surgen al ver a Dorothy Gale aterrizar de forma accidental en el Mundo de Oz. Sin embargo, las mismas preguntas y sus respuestas se encuentran en los mitos y las leyendas, dónde los héroes, que han sido arrancados de sus hogares, se valen de su astucia, su valentía y su corazón para emprender el pedregoso camino de vuelta.

Cuando volví a ver en mi adolescencia “El Mago de Oz” (Victor Fleming, 1939), descubrí que todo bebe de una fuente, en su mayor parte, homérica, en la que Dorothy, con su perro Totó y sus tres compañeros, cruza el umbral de la aventura y del autoconocimiento para poder recuperar aquello que ha perdido y que anhela por encima de cualquier cosa. Sin duda, no estaba viendo la misma película que me hipnotizó de niño, sino que se había convertido en algo todavía más puro. Todos los elementos que aparecían a lo largo del interminable camino de baldosas amarillas contenían una base conceptual clásica. Por eso mismo, no sorprende en absoluto que, con 76 años a sus espaldas, todavía soporte el paso del tiempo y siga cautivando los corazones de todas las generaciones.

 

Poster original de la película

 

Centrándonos en todos los elementos que condicionan el Viaje del Héroe en la película, Dorothy se convierte por azar del destino en una extraviada que lucha frenéticamente por volver a su Kansas natal. Sin embargo, antes de que un tornado traslade su casita en la granja a Oz, Dorothy tiene deseos de huir del mundo real a un “lugar más allá del Arco Iris”, pero una vez se ve desplazada hacia el mundo mágico, el temor de no estar ya en Kansas se hace presente y tiene deseos de volver, cueste lo que cueste, iniciándose así en la Aventura. Al igual que con Ulises en “La Odisea“, aquí se juega con la predestinación del héroe, ya que, una vez Dorothy descubre que la casa ha caído encima de la Bruja Mala del Este, los zapatos de rubíes de esta pasan por arte de magia a ser de ella, provocando la ira de la Bruja Mala del Oeste, su hermana, quién cree ser la heredera legítima de ese objeto y que se convierte irremediablemente en la némesis de Dorothy. Por otro lado, un pueblo de gente menuda recibe a la heroína entre vítores por haber matado a la Bruja opresora y Glinda, la Bruja Buena del Sur (y, según el esquema de personajes creado por Joseph Campbell, el Mentor del héroe) la introduce en el camino de baldosas amarillas hacia la Ciudad Esmeralda, morada del todopoderoso Mago de Oz. Estos zapatos mágicos, como Excalibur en la leyenda artúrica, serán el elemento sobrenatural que aportará la energía suficiente para que la heroína pueda afrontar los problemas que surjan en su aventura.

 

Sin embargo, todo Viaje del Héroe no es puramente individual; en su recorrido, Dorothy encontrará tres personajes pintorescos: un Espantapájaros que quiere tener un cerebro, un Hombre de Hojalata cuyo único deseo es tener un corazón (y por tanto, sentimientos), y un león cobarde en busca de su bravura. Estos cuatro compañeros se caracterizan principalmente por tratar de encontrar al final del camino una de las cualidades propias de un héroe: sabiduría, coraje, corazón y la oportunidad de volver al hogar, creando así un grupo enteramente equilibrado debido a su búsqueda de una redención personal, ya que cada uno espera conseguir del Mago lo que anhelan.

 

Los compañeros de viaje de Dorothy, cada uno con una búsqueda personal

 

Tampoco la lucha entre el bien y el mal deja de ser una constante en la odisea de Dorothy. A medida que los héroes van aproximándose a la morada de Oz, la Bruja Mala del Oeste, jugando el papel canónico de la Sombra del héroe, sembrará una serie de obstáculos que ralentizarán la llegada a la Ciudad Esmeralda. Tanto Dorothy como sus tres compañeros son víctimas de estas trampas, que harán que la duda y el desasosiego acerca del cumplimiento de su cometido se apodere de ellos. Los héroes de esta historia, después de todo, no dejan de ser vulnerables. Son seres melancólicos, incompletos y con una vertiente humana total. Sin embargo, gracias a la ayuda de una fuerza sobrenatural (ya sea personificada, en este caso, en forma de la Bruja Buena del Sur), Dorothy y compañía adquieren la energía suficiente para completar su destino y llegar a la Ciudad, de una forma muy similar a la llegada del Ulises a Ítaca.

 

La Bruja, Sombra de Dorothy, hará todo lo posible por obstaculizar su camino

 

El rechazo a los héroes por parte del Mago en su primer encuentro se transforma en un obstáculo realmente imposible de superar. Cualquier esperanza que estos pudieran tener para cumplir con total seguridad su cometido se desvanece. Acto seguido, Dorothy es raptada por la Bruja Mala del Oeste y sus compañeros deciden ir a su castillo a rescatarla, sorteando a los Guardianes del Umbral (término acuñado por Campbell) disfrazándose de guardias de la Bruja e infiltrándose en el castillo. La apoteosis clásica de la lucha entre el bien y el mal culmina con un enfrentamiento entre el Héroe y su sombra, en la que Dorothy vence a la Bruja y el orden dentro del reino del gran Oz queda restablecido.

 

En su regreso a la Ciudad Esmeralda, una vez derrotada la Bruja (como Medusa en el mito de Perseo), Dorothy y sus tres amigos descubren la verdadera naturaleza del enigmático Mago de Oz: El “Hombre detrás de la cortina”. En la mitología clásica, el arquetipo del farsante es un elemento bastante casual. En el caso del Mago de Oz resulta ser un hombre que se hace pasar por una divinidad pero que, después de todo, no deja de ser un hombre. No obstante, el farsante no es un necio; el Mago es un hombre sabio que dispone de las respuestas que nuestros héroes han ido buscando todo el viaje y aporta a estos todo aquello que han perdido por medio de símbolos: al Espantapájaros le entrega un diploma debido a su inteligencia adquirida, al Hombre de Hojalata le ofrece un reloj-corazón cuyo sonido se parece al de un corazón orgánico, y al León Cobarde le entrega una medalla al valor por hacer frente a los peligros del viaje.

 

El mago y los héroes

 

Otro rasgo de las leyendas mitológicas que podemos encontrar en el fin del Viaje de Dorothy es la tentativa del héroe de quedarse al otro lado del umbral o de regresar al hogar. Dorothy, que no deja de ser una niña, se ha encariñado mucho de sus compañeros y le duele dejar Oz, pero su deseo de volver a Kansas es más fuerte. Finalmente, se encontrará en su cama, recién despierta de un desvanecimiento provocado por el tornado, rodeada de su perro Totó, de su tía Emma y su tío Henry, a quienes tanto ha añorado, y de los tres trabajadores de la granja (trasladados al mundo real, el equitativo al Espantapájaros, al Hombre de Hojalata y al León Cobarde).

 

Una vez ha regresado, Dorothy descubre la importancia del hogar.

 

No son pocas las adaptaciones al cine del regreso del Héroe al hogar. Hay distintos géneros que lo han abordado y desde diferentes enfoques. “El Mago de Oz”, tanto la película de Victor Fleming como el cuento original de L. Frank Baum han utilizado los elementos clásicos del Viaje del Héroe para mostrar, tanto a niños como a adultos, la importancia del auto-conocimiento y del lugar de origen que encierra nuestra esencia personal. Tal como exclama Dorothy rodeada de sus seres queridos al final de la película, “No hay lugar como el hogar.”.

 

 

ÁLVARO GONZÁLEZ GUARDIOLA

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