NEGATIVO GANADOR: Otro cine español

Los exiliados románticos

 

Con el verano cada vez más lejos (o más cerca, según el optimismo de cada uno), nos planteamos hablar sobre una película que nos inspira un sentimiento casi devoto por el que para muchos es el mejor periodo del año. Jonás Trueba nos trae en Los exiliados románticos una historia de tres amigos que emprenden un viaje de verano por Francia para intentar recuperar a sus amores del pasado.

 

Los antihéroes de este breve exilio veraniego podrían incluso parecerse a los “flanêurs” de la modernidad que deambulan sin un motivo aparente, en esta especie de road movie (que visita Toulouse, París y Annecy) haciendo que la película pueda funcionar como retrato de una generación que se agarra como puede a una juventud que se le empieza a escapar, y cuyo inminente final la arrastra a plantearse nuevos retos, que a su vez desconoce como afrontar.

 

 

“Quería hacer una película que tuviese la virtud de la levedad” ha dicho su director, y desde luego lo ha conseguido. Se trata de una película fresca, ligera, tanto por la sencilla forma en la que está planteada (numerosas escenas en planos secuencia estáticos) como por su corta duración (poco más de una hora), viéndose cargada a la vez de pequeños detalles que me dicen que todo ha sido un poco más pensado de lo que aparenta (más allá de ese “dirigida sobre la marcha” que anuncia su cartel) sin perder una cierta espontaneidad que la caracteriza. Es en la escena más memorable de la película, con Vito Sanz haciendo un monólogo, donde encuentro un ejemplo: la colocación de los subtítulos entre los dos personajes trazando la barrera que dificulta al protagonista abrir sus sentimientos en una lengua que no es la suya.

 

Los exiliados románticos es la tercera película del cineasta y resulta interesante analizar el proceso en sentido contrario al habitual que ha llevado en su breve filmografía, simplificando la producción de sus propuestas para acercar cada vez más su cine a la realidad. Habrá quienes consideren que el director está dando pasos hacia atrás, pero personalmente lo considero una búsqueda encaminada a encontrar la sinceridad, como un aprendizaje inverso en el que ha ido despojándose de envoltorios para centrarse en contar lo que quiere de la forma más honesta posible.

 

Jonás Trueba sabe de lo que habla pero, sobretodo, habla de lo que sabe, y es esto lo que, a mi parecer, tiñe sus películas de una especie de buena nostalgia que se transmite al espectador, haciendo que incluso pueda añorar lo que ve, sin haberlo vivido.

 

La música de Tulsa toma un papel esencial a lo largo del filme (acompañando literalmente a los personajes en la furgoneta de atrás o en los bares a los que entran) haciendo que algún critico se haya referido a ella como una “película-canción”. Pero es que, efectivamente, durante la película todas las canciones hablan de ellos, como una forma de evidenciar las emociones que viven los personajes y añadiendo una banda sonora acorde a sus vidas dependiendo de cada momento.

 

 

Mencionar la interesante propuesta de distribución inicial que plantearon para la película, haciendo la gira “Sólo en cines de verano” en la que parte del equipo viajaba por algunas capitales españolas para proyectar la película, abrir coloquio posterior y e incluso en varias ocasiones, finalizar con un concierto en vivo de Tulsa.

 

Director: Jonás Trueba

Reparto: Francesco Carril, Luis E. Parés, Vito Sanz, Renata Antonante, Isabelle Stofel

Fotografía: Santiago Racaj

Montaje: Marta Velasco

Arte: Miguel Ángel Rebollo

Producción: Javier Lafuente

Año: 2015

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