CRÍTICA DE “VICTORIA”

Ya en febrero, apenas presentada en la Berlinale esta obra dirigida por el director alemán Sebastian Schipper, le concedieron al director de fotografía, el danés Sturla Brandth Grøvlen, el Oso de Plata por la mejor fotografía. La película se dio a conocer inmediatamente y realizó un largo viaje por todo el mundo. A este galardón le siguieron seis premios Lola. Pero, ¿qué es exactamente lo que hace tan particular a este filme berlinés, que ya lleva 16 semanas seguidas en los cines alemanes?

 

Cuatro jóvenes berlineses, Sonne/Sol (Frederick Lau), Boxer /Boxeador (Franz Rogowski), Blinker/Parpadeo (Burak Yiğit) y Fuß/Pie (Maximilian Mauff) conocen frente a un club cerca de la Friedrichstraße, a la joven española Victoria (Laia Costa), que se acaba de mudar a Berlín, trabaja en un café y aún no tiene una red social muy extensa en la ciudad. Con un inglés deficiente, los chicos intentan conversar con Victoria, impresionarla y, al final, la convencen para subir con ellos a la azotea de un edificio. Sonne y Victoria se van acercando el uno al otro paulatinamente, pero el plan que los chicos tienen para la noche, hace que estos intentos de aproximación queden algo confusos. Boxer necesita la ayuda de sus tres amigos y cuando Fuß, debido a que ha consumido demasiado alcohol, no lo puede ayudar, Victoria lo hace en su lugar. Nadie sabe lo que les espera. Estos 140 minutos cambiarán la vida de todos ellos…

 

Victoria y Sonne están perdidos en su mundo...
Victoria y Sonne están perdidos en su mundo…

 

 

En los artículos publicados sobre Victoria, con lo primero que nos topamos es con la proeza de Brandth Grøvlen. La película se ha rodado en un solo plano secuencia, o sea, a tiempo “real”, si se quiere ver así. Aparte de que ello requiere un esfuerzo físico increíble -la Canon C300 pesaba aproximadamente 5,5 kilos- Brandth Grøvlen tenía que vencer otros obstáculos, como por ejemplo mantener la nitidez de la imagen, pegarse a los actores al cambiar de localización -en total había 22 sitios de rodaje-, encogerse en coches, pero también tenía que decidir qué actor tenía que aparecer en el encuadre en qué momento, cambiar de un personaje a otro con gran dinamismo, y, por tanto, realizar su propia interpretación de la secuencia. La singularidad del operador de fotografía le confiere a la película parte de su encanto, ya que, aunque seguramente había un orden en el que debían desarrollarse los sucesos, es él quien dota a las imágenes de cierta imperfección. Esta, a su vez, es la que le da autenticidad al filme, lo que hoy en día rara vez se ve. En la industria del cine, en la mayoría al menos, no abundan estas imágenes. Las imágenes perfectamente planeadas hacen que el cine se aleje cada vez más de la realidad. El plano secuencia obligó a Brandth Grøvlen a grabar imágenes borrosas, a tener frecuentemente un guiado de cámara movido (p.e. cuando tenía que correr tras los actores), tomar planos desenfocados, y crear una dinámica que no puede pasar desapercibida: todo eso es lo que hace que el trabajo de Brandth Grøvlen sea especial. No el hecho de que se rodara en una toma, sino que esta idea obligó al operador de cámara a innovar e improvisar. Se ve cómo la historia evoluciona ante nuestros propios ojos, como si se estuviera allí con ellos en esa noche tan loca en Berlín.

 

Todos los que han tenido ocasión de conocer el ambiente de esta ciudad se dan cuenta de que están ante un filme completamente berlinés. No por el sitio en sí, sino porque muestra de manera sumamente auténtica una pequeña parte de sus habitantes.

 

Claro que no fue solamente el guiado de cámara lo que dio como fruto Victoria. Sebastian Schipper, que realizó sus estudios de Arte Dramático en Múnich y a partir de 1999 empezó a trabajar como director, quería hacer algo innovador en su cuarto proyecto como director. Explica su elección del plano secuencia del siguiente modo: “… los matices que surgen, la dedicación que requiere este tipo de filme y la concentración necesaria por parte de los actores y de la cámara. (…) Queremos experimentar la urgencia y la proximidad de la catástrofe, la imposición y la presión, quizás también la agresión“. Propósitos impresionantes. Y ejecuatados de forma magistral. La fuerza de Schipper es que confía en su equipo, en las personas que ha seleccionado meticulosamente. Esto también es algo que Laia Costa destacó en la rueda de prensa de la Berlinale. Insistió en que esto fue decisivo para el éxito de su interpretación. Durante la mayoría del rodaje los actores gozaban de cierta libertad, vivían una “puesta en escena auténtica”, con amplias posibilidades de improvisación. Naturalmente que había ciertas limitaciones, como p.e. el orden de aparición de los lugares de rodaje y el tiempo aproximado que tenían en cada lugar para cada escena, pero la película en sí vive de la improvisación de los diálogos.

 

El guión comprendía solo unas 12 páginas y fue cambiando continuamente. Los ensayos se prolongaron durante dos meses, los personajes fueron adquiriendo forma, se ensayó la interacción, hasta que cada uno adoptó su rol e interiorizó su personaje hasta el último detalle. El filme demuestra que esta manera de ensayar, más bien típica del teatro, debería retomarse en el cine. Los diálogos, surgidos sobre la marcha y diseminados por toda la película, no se encuentran escritos en un guión. Ya al principio Victoria quiere llevar a Sonne en su bicicleta. La conversación que surge cuando éste “le toca el culo sin querer” es la siguiente:

 

V: You touched my ass! Say sorry.

 

S: I’m sorry, I… I…

 

V: With your heart!

 

S: Sorry.

 

Independientemente de la libertad que el director dé a los actores y a los miembros del equipo, en algún momento todos necesitamos cierto control sobre lo que sucede con nuestra obra. Se realizaron tres intentos para el plano secuencia. En los dos primeros Schipper no estaba presente continuamente, por “miedo a meter la pata” y estropear la toma. Pero tampoco estaba del todo contento con estas primeras tomas. Quería poder intervenir más y por eso en el tercer intento sí estuvo presente y pudo tomar parte en el rodaje, lo que importunó un poco la operación: en una de las escenas en el coche, p.e., dijo en cierto momento que tenían que girar a la derecha. Camino equivocado: el coche entró en la calle en la que se había dispuesto el catering para todo el equipo. Suerte que Brandth Grøvlen consiguió mantener las mesas fuera del encuadre y, bueno, los actores también reaccionaron bien ante este percance y se mantuvieron en su rol. Otra anécdota es cuando Victoria y los chicos están en el club y Schipper grita “Go, go!” y Laia Costa, completamente en su personaje, grita: “I don’t wanna go!” y responde en este caso al director, lo que, sin embargo, encaja igualmente en la trama.

 

Victoria, Sonne y Boxer- se quedarían en el club toda la noche.

 

Normalmente se debería creer que en un rodaje como este un equipo pequeño sería lo mejor. Grande fue mi sorpresa cuando leí que había seis asistentes de dirección, tres equipos de sonido completos y 150 extras.

 

En retrospectiva, Schipper opina que el tema de la película es la solidaridad. Él tiene la impresión de que vivimos en un sistema en el que se ha de ir rápido y solo. Una amiga suya le ha dicho esta frase africana que en su opinión corresponde a su modo de definir la solidaridad: “If you want to go fast, go alone. If you want to go far, go together”. Por consiguiente: dejadnos hacer películas extraordinarias juntos, dejad que se convierta en la norma, dejadnos experimentar y no crear imágenes perfectas. Y sobre todo: no dejéis que nuestra meta sea ganar Oscars. Victoria ha sido descalificada en los Oscars como película de lengua extranjera, ya que el 49% de los diálogos es en inglés. Sin embargo, no se trata en realidad de una película en lengua inglesa. Allí el jurado podría haber mostrado algo más de creatividad.

 

Ved la película en Sitges, no os vais a arrepentir – además me he esforzado en no hacer spoilers!

 

Marta Aitana

 

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