CRÍTICA “SUITE FRANCESA”

Suite francesa
Bruno y Lucille interpretados por Matthias Schoenaerts y Kristin Scott Thomas

 

Unidos por la música, un oficial alemán y una mujer parisina en plena ocupación nazi del pueblo francés, dejan de lado la realidad que están viviendo y tratan de olvidar el mundo para crear el suyo propio en el que el único enemigo es la razón. Esta historia de amor dentro de la II Guerra Mundial, fue escrita por Irène Némirovsky, una mujer judía de origen ucraniano, mientras veía a las tropas alemanas desfilar por sus calles. Casi 60 años después, su hija, que guardaba el maletín en el que se encontraba su cuaderno de notas, descubrió que, en vez de un diario, se trataba de una novela inacabada que, ahora en el 2015 todos podemos ver en las salas con el mismo nombre con el que salió a la luz en papel y con notas de la propia autora antes de ser enviada a los campos de concentración, Suite Francesa.

 

 

Año 1940, la ocupación alemana es ya un hecho en algunas partes de Francia. Cientos de personas buscan nuevos hogares vagando por las carreteras con sus pocas pertenencias, pero, los aviones militares paran el avance lanzando bombas sobre las cabezas desprotegidas de la muchedumbre. La gente huye y se esconde y, entre medio del miedo y del caos, Saul Dibb, director de la película, comienza a mostrar la realidad que se abre ante los ojos de Madame Angellier (Kristin Scott Thomas) una mujer con sangre de acero y Lucille (Michelle Williams), su nuera y protagonista del filme, quienes, continuando con su rutina de ir casa por casa cobrando el alquiler, muy a pesar de la joven, se toparon de lleno con las consecuencias de la guerra. Un acontecimiento que provoca en ambas un odio mayor sobre los nazis, pero que, muy pronto, no podrán expresar en voz alta debido a que un teniente alemán llamado Bruno (Matthias Schoenaerts ) aparecerá en sus vidas, alojándose en una de sus habitaciones, y las cambiará por completo. Gracias a este inicio, que se presenta mucho antes de que cualquier signo revele que la trama principal será una historia de amor , consiguen que el verdadero protagonista de la película, el deseo y la atracción entre dos personas, sea, sin que se necesite ninguna otra explicación posterior, un sentimiento prohibido para ambos que generará desafíos y dudas internas que intentarán superar olvidando quienes son y dejándose llevar por los sentimientos.

 

“Yo, antes de la guerra, era compositor” – Bruno

 

Una trama que promete amor y, sobre todo, pasión entre dos personas que de por si nunca deberían sentir nada el uno por el otro, pero que, finalmente, deben utilizar la moral como escudo para esconder sus sentimientos. Desde que el soldado llega a la casa de la familia Angellier, la fascinación silenciosa que siente Lucille queda de forma permanente durante el resto de la película. Una fascinación que va creciendo y evolucionando y que consigue que los espectadores comprendamos, pero que no genera el mismo efecto en el público por parte del soldado, ya que el comportamiento del teniente no varía durante toda la película, el deseo que siente por ella es casi repentino, instantáneo, desde el momento en el que aparece por la puerta. Pero, la sospecha de que Lucille sentirá algo por él es mucho más clara que la que se muestra del hombre. No hay un cambio evidente y la visión que nos dan a los espectadores centrada en la mujer nos deja incompletos y con ganas de conocer más, cuando lo interesante habría sido que se mostrara también los miedos por parte de Bruno, un teniente con ideología nazi que se enamora de una mujer que no piensa igual que él. Y a decir verdad ¿qué es lo que provoca que él quiera estar con ella? Porque por parte de la mujer, la música es el detonante que hace que conecte con el teniente, pero no hay nada más, a parte de la cordialidad con la que se tratan, que nos indique el momento en el que se fija en ella. Quizá, al principio solo sea atracción, pero si lo que quieren es contar la historia de amor imposible entre dos personas, me habría gustado que hubiesen profundizado en el cambio por parte de Bruno.

 

Por otra parte, la forma en la que han dado una solución al hecho de que ambos estén casados, para que los espectadores no lo veamos con malos ojos, me ha decepcionado porque si es un amor instantáneo ¿por qué hay que justificarlo? En el caso de Bruno, han sido más sencillos a la hora de arreglarlo, simplemente la distancia y el tiempo hacen que el teniente esté seguro de que su mujer no le espera, pero… ¿por qué han tenido que poner la excusa de que el marido de Lucille tenía un amante y un hijo secreto? ¿La distancia no es suficiente para ella también? De acuerdo con que vive con su suegra y en aquella época el rol de la mujer era muy diferente al de ahora, pero estoy convencida de que habría sido el doble de interesante que no tuviera ninguna excusa externa que la empujara a tomar la decisión de intentar estar con Bruno. Además, creo que cada vez es menos, pero aún en las películas se justifican más a las mujeres que a los hombres cuando quieren dejar a sus parejas o se enamoran de otra persona. Sobre todo, en las que son más comerciales, cuando deberían de empezar a cambiarlo precisamente en esta clase de historias que tienen una repercusión mayor, ya que llega a más gente y actúa más rápido en el pensamiento de los espectadores.

 

Cuaderno de Irène Némirovsky guardado en un maletín durante casi 60 años

 

Aún así, es una comedia romántica que da lo que prometen que verás. Puede que en mayor o menor medida, pero sales del cine con la sensación de haber visto una historia de amor que te deja con ganas de más. Por mi parte, me ha decepcionado un poco, ya que, aunque la ambientación y el reflejo de aquella época estén muy bien conseguidos, había partes en las que me faltó conectar más con la situación de los protagonistas.

 

Qué el cine os acompañe.

 

Andrea Ordóñez

 

 

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