CRÍTICA DE “UNDER THE SKIN”

 

Sigue sin estrenarse Under the Skin, película escrita y dirigida por Jonathan Glazer, como adaptación libre de la obra homónima de Michael Faber, protagonizada por Scarlett Johansson, que ha generado diversidad de opiniones en sus proyecciones en la Berlinale o Sitges, entre otros festivales.

 

Las historias sobre invasores de cuerpos, de seres que viven entre nosotros y paranoias similares son un producto sobreexplotado, tanto por los enfoques belicosos con tintes xenófobos como por la fantasía incoherente y plana.

 

 

Por ello, Jonathan Glazer, autor de la ganadora de un Oscar, Sexy Beast , y Resurrection, demuestra elegancia, con imágenes imponentes y, por encima de todo, pulso cinematográfico. La narración se construye sólida introduciendo la lúgubre atmósfera escocesa, al mismo tiempo que Scarlett se desviste a modo de extrema unción de sus víctimas, cuando todavía tratas de entender qué sucede en pantalla. La magnífica banda sonora de Mica Levi es despiadada con el espectador como lo es la historia con sus personajes.

 

 

El director, consciente del diamante en bruto que tenía en el guión, pincela auténticos frescos de colores hipnóticos contrapuestos a la claustrofobia de los espacios mundanos, como el escalofriante y vacío bosque o la destartalada casa que frecuenta la anónima protagonista. Aquí el director no duda en retratar la dicotomía que caracteriza la vida, ya sea humana o no, conforme se va deshaciendo la bruma sobre el personaje de Johansson. La toma de conciencia es la derrota y, justo en ese instante, la película adquiere una dimensión superior y desarma cualquier idea previa sobre aquello que pretende transmitir.

 

Quizá desentone en los momentos pseudo-cómicos, totalmente intrascendentes, sin los cuales la película conservaría intacta su sobriedad. No obstante, pueden resultar un complemento necesario, un accesorio que aporta la imperfección precisa para redondear la obra de un autor sin miedo al ensayo.

 

Under the Skin reza el título y, como un si de un truco de magia barato, Glazer oculta una mano en su espalda, hasta que al final te la muestra, para ver que lo que tanto te impele a levantarte de la butaca y aplaudir lo tenías frente a tus ojos durante los 108 minutos; él tan solo te ha demostrado las capacidades del séptimo arte y su inagotable virtud.

 

Daniel Molina

 

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