CRÍTICA DE “TOMORROWLAND”

Tomorrowland
Tomorrowland

 

Después de Los Increíbles (2004), Ratatouille (2007) y Misión Imposible: Protocolo fantasma (2011), el ganador del Oscar, Brad Bird, presenta la última película de Disney, Tomorrowland: El mundo de mañana (2015).

 

Esta película para niños lleva la ciencia ficción hasta la fantasía, entrando en un juego de códigos que para mi gusto no queda claro. La trama está llena de giros y crescendos que se aprovechan visualmente para mostrar la espectacularidad propia de la compañía Disney.

 

 

En cuanto a la trama, los destinos de Frank Walker (George Clooney) y Casey Newton (Britt Roberston), se unirán para llegar a Tomorrowland, un mundo de otra dimensión, desde donde tendrán que salvar a la Tierra de su inminente destino fatal.

 

Para presentarnos a los dos personajes principales, Brad Bird nos muestra al principio dos historias paralelas, una detrás de otra, en tiempos, lugares y con personajes distintos, con un único punto común: Tomorrowland. Sin embargo, esta ciudad se presenta de forma diferente para los dos personajes. Estas dos historias nos las cuentan los personajes principales desde el principio y se van interrumpiendo continuamente, sobre todo, al principio, lo que, personalmente, me resulta incómodo. Aún así, a partir de la segunda historia, cesan las interrupciones y la historia acaba convergiendo con la primera y siguen juntas hasta el final.

 

Con una fotografía muy colorista y contrastada en algunas escenas y con presencia de claroscuros en otras, Claudio Miranda, genera unas imágenes increíbles que al complementarse con la construcción del trabajo de dirección artística a cargo del departamento de efectos especiales, desprenden una espectacularidad y estética visual impresionante.

 

Los dos protagonistas de la palícula, Gorge Clooney y Bitt Roberston

 

Como he dicho en otras ocasiones, el hecho de crear un mundo nuevo y nunca visto permite que el departamento de arte diseñe espacios y objetos realmente inesperables, lo que impacta positivamente al público. Así como los pequeños detalles de este mundo me parecieron muy originales, la estética general me decepcionó, porqué era como si ya la hubiera visto, dado que era la típica imagen futurista.

 

En cuanto a los efectos especiales, hay que tener en cuenta que sin ellos no sería posible contar esta historia. Francamente, ha habido momentos que me han impresionado muchísimo, como el cambio de espacio y luz que experimenta Casey o los planos secuencia de Frank volando por la ciudad. Sin embargo, ha habido algún plano donde, para mi gusto, los diferentes elementos no se integraban a la perfección. Además, los CGI que constituyen la ciudad me separaban un poco de la película, ya que me desprendían artificiosidad. Sin embargo, es posible que tratándose de una ciudad futura se deseara dicha artificiosidad. Aún así, considero que están muy bien trabajados.

 

Con una moraleja y un mensaje final claramente explícito sobre la importancia de no rendirse para conseguir todo aquello que nos interese y sobre la importancia de cuidar nuestro planeta, esta película contiene todos los ingredientes necesarios para tratarse al cien por cien de una película Disney. Sin embargo, tengo que confesar que habiendo visto trabajos anteriores de Brad Bird, este no es de ninguna manera su mejor trabajo.

 

Òscar Larraga Domènech

 

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