Charlas de Verano: Visiones del cine norteamericano contemporáneo

Los alumnos de la ESCAC pudimos disfrutar desde el 1 al 3 de Julio de cinco conferencias sobre el cine norteamericano contemporáneo en las que pudimos ahondar en las mentes creativas más influyentes del panorama cinematográfico actual, teniendo como invitados a ponentes de auténtico lujo.

 

Los Magníficos Anderson: Wes y Paul Thomas ante los juegos reunidos de la postmodernidad. 

 

Partiendo de la coincidencia nominal de estos dos artistas, Jordi Costa establece un recorrido cuyo punto de partida no puede ser otro que la definición de posmodernidad.

 

 

El ponente, con una dilatada trayectoria en el terreno del cine, el cómic y la cultura popular, se basa en distintos autores literarios para intentar descifrar este concepto tan en boga como indefinible, el cual termina sintetizando como una reorganización de la realidad en función de la intención del autor. Es esta reestructuración del mundo y de los personajes que lo pueblan la cual sirve para entroncar con las filmografías de los directores que nos ocupan.

 

Si bien ya nos advierte desde el inicio de su intervención, pues las divergencias creativas y formales entre la pareja Anderson son evidentes e insalvables, Costa navega en ambos universos en busca de puntos de unión que permitan una insólita convergencia entre ellos.

 

En primer lugar, desde la puesta en escena, el cine de Wes Anderson puede tildarse de autoconsciente, en algunos casos hasta el extremo, mientras que PTA se mantiene dentro de la moderación, aun en un contexto bastante artificioso.

 

En segundo lugar, el sentido de sus películas tienden hacia una dimensión crítica contra diferentes aspectos de la sociedad: Paul Thomas se dirige a la religión, el poder y la opresión, mientras que Wes indaga en los dramas que surgen las clases sociales. Aunque pueda parecer un paralelismo, la divergencia es radical y no aparece a simple vista, sino en la postura que toma el director ante el sujeto a estudio. Por un lado, el autor de Pozos de Ambición ataca a sus personajes, los desgarra y los deja que se destruyan entre ellos. Quizá la característica adecuada que englobaría toda su filmografía sería la crudeza, más o menos camuflada dependiendo del filme. Por el contrario, el demiurgo que hilvana Life Aquatic, opta por la condescendencia, por arroparlos en su soledad y permitir que se recreen en la autocompasión.

 

Y en tercer y último lugar, llega la convergencia del genio inherente del apellido Anderson, cuyo común denominador no es otro que la figura paterna y, como no podría ser de otra manera, la diferencia en su representación por parte de cada uno.

 

Veamos Boogie Nights o Sydney, ambas de Paul Thomas, y se verán claramente figuras paternas que actúan como tales sin obligación, por un impulso, cuyo apoyo resulta vital para el protagonista y su supervivencia. En cambio, Wes Anderson, si en El Gran Hotel Budapest puede acercarse a la concepción de un padre postizo propia de su homólogo, en Los Tennenbaums. Una Familia de Genios se transporta al extremo opuesto, con un personaje histriónico cuya existencia no es más que un castigo y una humillación para sus hijos.

 

Para concluir, observando el conjunto de detalles destacados, además de las puntuales coincidencias, son las abismales disidencias las que de un modo escatológico, de demiurgo a demiurgo, hacen que sus obras tengan muchas más similitudes de las que se cree, sobre todo en lo inclasificable de ellas.

 

La serialidad contemporánea norteamericana. De la complejidad a la depuración.

 

Desde Twin Peaks y El Detective Cantante hasta la actualidad, Manel Jiménez, doctor en Comunicación Social y experto en series, televisión y la amplitud del audiovisual, crea un timeline imaginario que define la senda creativa e industrial que ha seguido la serialidad televisiva. Por lo que surge un paralelismo evidente con la propia evolución del cine, desde el primitivo y su virtud de entretenimiento, entendiéndose a sí mismo como una atracción de la que el espectador debe disfrutar; hasta considerarse el séptimo arte y una forma de expresión autoral.

 

De ahí que comience por la serie de David Lynch como la primera obra televisiva que supuso un cambio de paradigma. En cierta manera, las herramientas narrativas eran similares a lo que se había creado hasta el momento, pero esas formas eran las mismas del propio cine. Por ello, la clave del éxito radica en tratar de ir más allá de la auto-conclusión episódica.

 

Sin embargo, tanto Twin Peaks como El Detective Cantante, teniendo en cuenta su calidad y relevancia dentro de la historia del audiovisual, adquieren un papel de germen que permite pasar de la complejidad a la depuración que disfrutamos en la actualidad.

 

Depuración que sigue su paso a través las nuevas  corrientes televisivas que han supuesto la adoración del personaje por encima de la trama (véase Breaking Bad y Walter White, Mad Men y Don Draper o Sons of Anarchy y Jax Teller), ya que es esto lo que el espectador busca: ver un rostro familiar, una casa que ya conoce y una pandilla cuyos nombres recuerda. Asimismo, es la influencia del cine en gran parte lo que ha transmutado series estáticas, no por ello menos buenas, en largometrajes divididos en capítulos con publicidad de por medio.

 

Figuraciones del cuerpo en David Lynch y David Cronenberg, por Adrián Martin y Cristina Álvarez López.

 

David Lynch y David Cronenberg dos directores fundamentales que han ahondado en la memoria colectiva del público alzándose como estandartes del cine contemporáneo, relacionados superficialmente por su tratamiento del subconsciente, los miedos más profundos del individuo, el inconsciente y el mundo de los sueños pero profundamente relacionados en su tratamiento de la figuración del cuerpo y sus partes en el que los dos cineastas coinciden en sus obras. Este fue el tema elegido por Adrian Martin (Reputado ensayista, crítico y profesor en la Universidad de Monash, Australia) y Cristina Álvarez (Ensayista, crítica y fundadora de la revista online Transit) en su conferencia.

 

Mediante una investigación formidable los dos ponentes consiguieron desentrañar las obsesiones y temas recurrentes sobre los que versa toda la obra de estos directores desde sus orígenes (véase los primeros cortos de Lynch como Six Men Getting Sick o The Grand Mother) en que se ve presente el tratamiento del cuerpo , la obsesión con el nacimiento y la reproducción que veremos posteriormente en El hombre elefante o Eraserhead en que se pueden ver muchos paralelismos con la obra de Cronenberg .El tratamiento del cuerpo humano relacionado con lo industrial en Crash o el tratamiento de los traumas visto en Scanners o en su más reciente Map to The stars.

 

Sin embargo, Adrian Martin y Cristina Álvarez no se quedaron allí, indagaron aún más en el cine de los dos directores relacionando el tratamiento del cuerpo y del alma visto a través del tiempo por diversas corrientes filosóficas a través de diversas épocas aportando múltiples interpretaciones y puntos de vista sobre unos cineastas complejos, revolucionarios y tremendamente complejos.

 

Neoclasicimo(s).

 

Xavier Pérez, crítico teatral y cinematográfico, autor de diversos libros y profesor de Narrativa Audiovisual, propone un repaso a los autores que han replanteado las bases del clasicismo y se han postulado en el lado opuesto de la evolución que siguió el cine moderno.

 

Y, aunque en películas como las de Martin Scorsese, se puedan filtrar recursos manieristas, el neoclasicismo nace realmente pronto, quizá tanto que pueda confundirse con el propio clasicismo.

 

Licencia para Matar, de Clint Eastwood, puede considerarse un filme funcional, sencillo, pero le sirve para empezar su carrera. En su mayor parte, se puede considerar una filmografía neoclásica, sin descuidar la existencia de obras como Sin Perdón, la cual es deliberadamente clásica. Años más tarde, Spielberg, sí, Steven Spielberg, se verá influenciado por el estilo de Eastwood, pero como mostrará con sus películas, preferirá desmarcarse hacia el neoclasicismo en su máxima expresión.

 

Cabe destacar a Alexander Payne o James Gray, autores nacidos lejos del clasicismo y que optan por defender sus principios con planos realmente expresivos, visuales, dejando claro que es posible hacer este cine y no solo está al alcance de algunos.

 

Por último, el polémico, tal vez por su claroscuro creativo que se detecta en su filmografía, lo cual provoca tantos aplausos como estirones de pelo entre la crítica y el público, M. Night Shyamalan es un autor que podría catalogarse como neoclásico aunque mantenga un estilo bastante personal y pueda vincularse a una vertiente menos pura que sus coetáneos arriba mencionados. Destacable, más allá del argumento y el giro, sería El Sexto Sentido, donde reactiva los 90, retomando el punto de vista y demostrando que el (neo)clasicismo sigue vivo.

 

Pensamiento Fincher: Hollywood ante las nuevas fronteras de lo digital.

 

Doctor en Bellas Artes y experto en comunicación así como todo el conglomerado audiovisual que hoy día se extiendo en una sociedad tan digitalizada como la actual, Fernando de Felipe propone una mirada analítica a las implicaciones de la imagen digital y su aplicación en el cine, la televisión e incluso los videojuegos.

 

En primera instancia, incidió en el aspecto técnico, dado que es obvia la ventaja que permite la grabación digital, como experimentó Cuarón en los planos secuenciales de Hijos de los Hombres y, recientemente, Iñárritu en Birdman.

 

En segundo lugar y a raíz de las posibilidades artísticas que surgen del digital, los autores se enfrentan a un obstáculo poroso y poliédrico, como es la dimensión ética de la imagen en pantalla. Una representación de ello sería la cámara subjetiva de la bomba en Pearl Harbor o la banalidad en lo que se convierte la guerra en la todavía no estrenada Stalingrado, donde la intención epatante y, siendo perversos, comercial supera un juicio que justifique el uso de ciertas imágenes.

 

En tercer y último lugar, el ponente nos mostró cómo la imagen digital permite que autores como Fincher o Malick nos deleiten con obras cuya existencia sería imposible mediante los medios tradicionales. Precisamente, la pasión de David Fincher por el digital lo ha convertido en una de sus señas de identidad, tanto en títulos de crédito reveladores y visualmente imponentes (The Girl with the Dragon Tattoo, Fight Club) como en el uso de croma para crear localizaciones hechas a medida buscando una perfección casi enfermiza (PerdidaZodiac).

 

Daniel Molina y Daniel Belenguer

 

 

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