CRÍTICA DE “REQUISITOS PARA SER UNA PERSONA NORMAL”

Leticia Dolera y Manuel Burque interpretando a María y Borja en Requisitos para ser una persona normal
Leticia Dolera y Manuel Burque interpretando a María y Borja

 

Señoras, señores, es posible. Los tornillos de Ikea pueden resultar adorables… ¡y sin que lo pretendan! Con la fotografía de Requisitos para ser una persona normal, el montaje que juega directamente con el espectador y los colores pastel que le dan un tono indie a la película, Leticia Dolera (guionista, directora y actriz del filme) y todo el equipo, demuestran que la idea de la que se parte es importante, pero el concepto a la hora de narrarlo puede suponer el cambio de lo aceptable y convencional a lo diferente y atractivo de la película, consiguiendo, incluso, que los almacenes Ikea sean el escenario perfecto para una historia de amor.

 

 

María de las Montañas (María Zanahoria para los amigos, según su Facebook), es el nombre de la protagonista. Una chica treintañera que sin quererlo, durante una entrevista de trabajo, se da cuenta de todo lo que le gustaría ser o tener para poder llevar la vida que quiere y que es, según ella, la que consigue cualquier persona normal. Cito y me río: trabajo, casa, pareja, vida social, aficiones, vida familiar y ser feliz. Fácil.

 

Después de meditar mucho sobre su forma de vida, Borja, un trabajador de Ikea que conoció mientras divagaban sobre la mejor manera de calcular la verdadera luz que dan las lámparas, se convertirá en su mejor y único amigo y juntos se marcarán retos personales que tratarán de cumplir cada uno con la ayuda del otro. Fácil de nuevo.

 

Por una parte, antes de hacer evidentes algunos de los rasgos más característicos de la película y aviso para los anti-spoiler que no prometo que pueda morderme mucho la lengua, debo reconocer que me muevo entre dos opiniones muy diferentes en cuanto a la factura de la película y el verdadero fondo narrativo de esta. En primer lugar, hay que decir, porque es obligatorio decirlo, que el concepto con el que han tratado la historia a nivel estilístico y de puesta en escena es súmamente atractivo para los espectadores (quizá se deba a que a mi me gusta el concepto hipster que han creado y crea que, por tanto, todos opinen igual que yo…pero, no). El rojo y el azul son las palabras que mejor definen a esta película. Los tonos pastel, el decorado y el vestuario hacen que esta no sea la típica comedia que intenta hacer reír, sino que aporta un estilo diferente y, por tanto, una información visual novedosa. Puede que su intento por ser original sea demasiado evidente y que aprovechen y recalquen las armas de las que disponen de forma constante para recordar que estamos ante un estilo, más que ante una historia, pero… realmente, no les puedo culpar, el resultado visual es extremadamente atrayente . En particular, me estoy refiriendo a una escena en la que Borja y María están dentro de un coche inflando globos en los que tienen que escribir cuáles son sus mayores miedos y dejarlos volar. Mientras escriben, cada personaje está vinculado más que nunca al color que se les ha asignado desde el inicio de la película. El fondo , azul para ella y el rojo para él, destaca los rasgos más característicos de cada uno (los ojos de María y el color de pelo de Borja) jugando con distintos tonos en los globos . Además, la estética de la escena ayuda a difuminar todos los traumas que revelan mediante un montaje en paralelo junto con las palabras que van mostrando sobre los globos y la razón por la que lo escriben, consiguiendo que, aunque sea la parte más cruda de la película, el espectador no caiga y pierda el tono jovial y alegre del que se caracteriza el filme.

 

Leticia Dolera: directora, guionista y actriz

 

Pero, estilos a parte, debo recalcar la sensación que me ha producido esta película al juntar esta estética con la lectura que hay detrás de ella.

 

A mi parecer, el verdadero mensaje del filme es que hay que llegar a aceptarse a si mismo tal y como se es y que las convenciones sociales hacen que los que no lo consiguen o no las sigan sufran para llegar a ellas sin darse cuenta de que lo importante es vivir cada día como si fuera el último y ser feliz con lo que realmente te hace vibrar, aunque no encaje en la mayoría social. Una tesis que alienta a todos aquellos que se sienten excluidos a encontrarse a si mismos y a aceptarse tal y como son. Pero, si ese es, realmente, el concepto que querían transmitir a los espectadores ¿por qué utilizan como imagen para que el público se identifique a una chica que siempre lleva unas adorables trenzas, tiene una cara angelical y un estilo de ropa tan estético? ¿Es este el verdadero estilo de las personas que se sienten así? ¿o es solo la excusa para contar lo que sería, en definitiva, una historia de amor de forma diferente? Aquí es donde creo que falla la película porque la idea principal vende un concepto de armonía y superación, pero no la acompañan para que sintamos que realmente no encajan en la sociedad. Estoy de acuerdo en que no es muy usual este tipo de vestuario en la vida cotidiana, pero, aún así, no representa al tipo de personaje que tratan de vender ni el concepto de que sufran o quieran luchar contra su soledad. En mi opinión, el mundo que crean alrededor de los personajes es demasiado bonito para mostrar una situación que les hace sentirse fuera de lugar.

 

Vale, me recuerdo a mi misma que no estamos hablando de un drama sino de una comedia que intenta abordar este tema de una forma amable y diferente. Pero, aún así, esta contradicción provocó que la sensación final después de salir de la sala no fuera todo lo buena que podría haber sido. Pero, lo que no puedo negar es que el conjunto final, aunque te plantees o no si el concepto estético va acorde con el mensaje que quieren lanzar, consigue, indudablemente, que olvides durante todo el tiempo que dura la película que hay más vida fuera de la sala de cine, de la casa de la “abuela” de Borja y, por supuesto, de la sección de lámparas de Ikea.

 

Que el cine os acompañe.

 

Andrea Ordóñez

 

 

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