ENTREVISTA A SERGI PÉREZ, MAESTRO Y CINEASTA

Sergi Pérez siempre ha sido cineasta. Lo era, en el fondo, cuando entró a estudiar en ESCAC; lo fue aún más tras realizar el premiadísimo corto Vestido nuevo (su proyecto final de carrera), y lo sigue siendo cada día que imparte clases a los nuevos estudiantes de la escuela. Pero no ha sido hasta que hace unas semanas estrenó su ópera prima El camí més llarg per tornar a casa cuando el gran público lo ha descubierto. ¡Y menudo descubrimiento! La cinta no para de acumular elogios y galardones. Si os dáis prisa, aún podréis verla en pantalla grande.

 

Hemos conversado con él.

 

¿Te consideras un director de trama o de personaje?

 

Realmente nunca me lo había planteado así… Pero te diría que siempre he buscado un equilibrio entre historia y personaje. El inicio de El camí més llarg per tornar a casa es bastante académico en cuanto a estructura se refiere. Sin embargo, a lo largo de la cinta, la trama se va destruyendo a ella misma. No puedo concebir trama sin personaje, ni personaje sin trama. La primera avanza conforme la psicología del personaje, por lo que resulta difícil diseccionarlas.

 

 

En esta, tu primera película, explotas las capacidades del dispositivo cinematográfico, incidiendo en luces, colores, texturas, movimientos de cámara, etc. Además, el filme está dividido en dos partes: empiezas con un realismo próximo a los Dardenne para acabar con secuencias dignas del cine de Lars von Trier.

 

Es ahora, durante las entrevistas, cuando me doy cuenta de todos estos referentes. Y sé que están ahí, y que van apareciendo. Pero durante el rodaje no pensaba en ello. Estaban en mí, claro, pero de una forma inconsciente. Sí que es verdad que en la película quería jugar con dos niveles. Un primer nivel más realista, y otro más manierista, extremo, oscuro y a la vez también más lírico. Quería compaginar estas dos dimensiones, ver cómo se intercalaban y cómo la una iba calando en la otra. Y esta es la base de la puesta en escena de la película y el por qué de todos esos recursos cinematográficos que comentas. Tampoco sé exactamente cuándo nos desprendemos de un nivel para entrar a otro. No era una idea que venía de guión, sino que se fue desarrollando orgánicamente durante el rodaje.

 

Joel, protagonista del film

 

¿Cómo nace este proyecto? ¿Cómo se gesta?

 

Todo nace de una experiencia personal. La idea que tengo del cine está muy ligada con la intimidad, de alguna manera el proceso creativo es terapéutico. La película se gesta en tres partes: en un inicio nació como corto. Sin embargo, estaba contento con la idea y decidí por realizar un largo. El actor fue desde el principio Borja Espinosa, que, en una de las tomas del rodaje del corto, al salir de casa con el perro, se dejó por descuido las llaves en la puerta. Este error me gustó y decidí incorporarlo en la película definitiva. Y así fui sumando capas: el hecho de no poder volver a casa me proporcionaba un tono homérico, en el que el personaje, como Ulises, realizaba un recorrido, y pasaba por diferentes islas en su proceso de luto. En esta segunda parte del proceso se incorporó Niu d’Indi a la producción con Aritz Cirbián. Y Eric Navarro en guión. Sin embargo, tras unas semanas de rodaje, vi que la película se estaba convirtiendo en algo que no quería, que no funcionaba. Fue entonces cuando decidí suspender durante unos seis meses el rodaje, así poder respirar y pensar en la historia. En este momento se mezclaron muchas cosas: hice un viaje oscuro que me marcó, junto a la impotencia de la incapacidad para seguir avanzando la trama. Y fue en este momento cuando florece ese punto de Lars von Trier, como tú antes bien has dicho. Y aquí empezó la tercera parte, la más oscura, la más radical.

 

¿Nunca te dio miedo que un proyecto tan radical en su apuesta, donde todo el peso recaía en un único personaje, fracasara?

 

Siempre, desde el primer momento, he tenido miedo. Supongo que es algo innato, el miedo, durante un rodaje, durante el proceso creativo. Siempre hay miedo a no gustar. Sin embargo, paradójicamente, este sentimiento se mezclaba con otro igual de potente; una seguridad intuitiva. Era como tirarse a la piscina. Y yo lo comentaba con mis compañeros: Me decían que justamente por la radicalidad de la apuesta, por crear un personaje antagónico, que no iba a gustar al público, el proyecto merecía la pena. Siempre estaba el remordimiento de pensar si tendría que hacer las cosas de otra manera, pero, al fin y al cabo, es lo arriesgado lo que hace interesante un proyecto como El camí més llarg per tornar a casa.

 

Hay algo que me fascina de tu película, y es la capacidad, aparentemente sencilla, de hacer que el actor haga suyo un proyecto tan personal en el fondo. ¿Cómo se consigue esto? ¿No ha habido ningún tipo de pudor por parte de Borja Espinosa, por miedo a que cogieras parte de su privacidad?

 

Siempre me ha flipado Borja. Es un actor genial, y siempre había tenido ganas de trabajar con él. No creo que haya una fórmula. Es simplemente conectar, tener las ideas claras y saber transmitirlas. Desde un inicio siempre nos hemos entendido muy bien. Él sabía lo que yo quería, y yo sabía lo que él estaba dispuesto a dar. Y en cuanto al pudor que comentas… No creo que haya sido el caso. Principalmente porque el personaje de Joel no es Borja. Él es muy buen actor, pero en ningún momento se sintió identificado con él.

 

Sergi Pérez (derecha) conversa con Borja Espinosa sobre la escena a rodar

 

Eres un cineasta que das tus primeros pasos en el mundo del videoclip: has dirigido videoclips de Manel y de Mishima. Además de la elección del título a partir de una canción de Mishima. Sin mencionar la especial importancia que en tu ópera prima tiene la banda sonora. ¿Cuán importante es para tu cine la música?

 

La música es tan fundamental para mí como el cine. Igual que cada día trato de ver una película nueva, también intento escuchar un disco nuevo. El camí més llarg per tornar a casa fue una película donde, en un inicio, iba a haber música. Rodé pensando en momentos musicales puntuales. Y me ayudó mucho un músico canadiense llamado Tim Hecker, para conseguir una atmósfera oscura. Sin embargo, en el montaje, se planteó la posibilidad de eliminar la música para que así todo fuera más real. No obstante, cuando vi la película acabada, la sentía como si le faltara un brazo. Necesitaba música y se la puse. Y así quedó. En cuando a la canción de Mishima… el filme en un inicio iba a llamarse Els morts, no obstante me parecía demasiado solemne. Fue Roger Padilla, guitarrista de Manel, quien me propuso este título, a partir de una canción de Tom Waits. Yo no sabía que la canción también era de Mishima, y en un principio tuve problemas: yo he dirigido videoclips de Mishima y quizás iba a tener connotaciones negativas para un filme que nada tenía que ver. Sin embargo, al final, contactamos con ellos, que no tuvieron ningún problema, porque la película debía llamarse realmente así, sentía esa necesidad.

 

Antes de estudiar cine haces bellas artes. ¿Cómo se complementan dibujo y cine en tu visión del mundo?

 

Estudiar bellas artes fue muy importante en mi proceso de aprendizaje. Y lo noté cuando llegué a ESCAC: los encuadres, las líneas, las texturas, la paleta cromática… Son aspectos visuales de la imagen que me han venido obsesionando a lo largo de todos estos años. Y vienen de ahí: de haber estudiado bellas artes. Y la verdad es que lo agradezco mucho.

 

De toda la falta económica está saliendo un cine fresquísimo, y me fascina. Sin embargo es una etiqueta reduccionista.

 

Ilustración de Sergi Pérez
Ilustración titulada «Una cabeza baja»

 

Tu filme se cataloga de esta incierta etiqueta que es el low cost. ¿Qué opinas sobre él?

 

Dependiendo desde qué punto de vista lo observes… Si es desde una perspectiva creativa, me fascina personalmente toda la efervescencia que hay en estos momentos: se están filmando películas muy frescas, muy vivas. Las altas presiones o Los exiliados románticos son ejemplos. Lo malo de la etiqueta de low cost, es su tendencia reduccionista. El low cost es tratado casi como un género, cuando en él coexisten propuestas tan diferentes como la nuestra y Sueñan los androides. Y a veces, precisamente por el bajo presupuesto, te piden más radicalidad… Sin embargo, desde un punto de vista económico, nosotros queremos entrar en el sistema. No queremos no cobrar. El low cost no debe de ser definitivo.

 

¿Tienes planes para futuros proyectos?

 

Actualmente estamos en la guionización de un proyecto del que no te puedo dar más información… Todavía tiene que madurar.

 

Eres un director forjado en ESCAC, donde también impartes clases. ¿Cómo ha sido tu paso de alumno a docente?

 

El hecho de haber pasado previamente como alumno, me ha ayudado a comprender los objetivos de la escuela y los valores que promovía, con los que estuve de acuerdo desde el primer momento. El más importante de todos ellos es la persistencia. Es una escuela donde se imparte teoría pero donde la práctica está al mismo nivel de intensidad. Es, a veces, dura, pero si lo es, es porque el mundo que hay ahí a fuera es igual de complicado. Y algo que siempre me ha encantado, y siempre lo he visto, principalmente, en los profesores de prácticas, es que siempre trataban a sus alumnos como si fueran a hacer cine. Esto en otras escuelas no pasa, justo lo contrario: avisan de lo difícil que es ganarse la vida de esta manera. Se promovía la ilusión. Una ilusión que posteriormente ha dado sus frutos.

 

¿Qué es lo que más te ha aportado la escuela?

 

En resumidas cuentas, ESCAC, siempre que he tenido problemas, la escuela siempre ha estado allí para ayudarme. Y además desde que era estudiante: no me gustó el resultado del corto final, y me dieron una segunda oportunidad. Es más: en El camí més llarg per tornar a casa tuvimos problemas en la postproducción, y ESCAC nos ayudó. Siempre ha estado allí, como una colchoneta al final de la caída, en los buenos momentos, pero también en los malos. Y es lo que más valoro.

 

¿Algún consejo para todos aquellos que aspiran a poder ganarse algún día la vida del cine?

 

¡No! ¡Esta pregunta no…! Siempre la he odiado. Siempre que escuchaba a alguien responderla me daba mucha pereza… A ver… Yo tampoco puedo dar muchos consejos. ¡Al fin y al cabo esta es mi primera experiencia! Sin embargo, me acuerdo de una vez que fui a un seminario de Enrique González Macho, que nos dijo que si realmente queríamos hacer una película, lo lograríamos. No obstante, para ello, deberíamos entender qué significa realmente hacer una película.

 

Entrevista realizada por Jaime Puertas

 

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