ENRIQUE URBIZU VISITA LA ESCAC

Enrique Urbizu, director y guionista bilbaíno, autor de films como Todo por la pasta, Cómo ser infeliz y disfrutarlo, La caja 507, La vida mancha y No habrá paz para los malvados, nos visitó el pasado 28 de Mayo para una de nuestras regulares charlas con cineastas. Y hay que decir que causó sensación.

 

 

Antes de todo, la primera impresión sobre Urbizu es la de un hombre sincero, sin pelos en la lengua, que dice todo lo necesario para que su discurso sea claro y directo. No duda en lanzar su opinión sobre los temas, siempre basándose en su buena experiencia como cineasta, todo con un toque de humor que le caracteriza.

 

Uno de sus primeros comentarios fue que no rechaza el cine por encargo, ya que este te mete como cineasta en temas que no salen de ti. Le gustaría hacer cine de muchos tipos, porque no piensa en los términos de si ese cine encaja con él o no. Mientras que sí que rechaza el cine sobrecargado por cuestiones políticas e ideológicas, uno de los motivos que le movió a trasladarse primero a Madrid (donde dirige Cómo ser infeliz y disfrutarlo) y después a Barcelona, pues, según él, “no le salía rentable políticamente al gobierno del País Vasco”). Aquí es cuando nos empieza a hablar de sus películas, y empieza por Todo por la pasta, definiéndola como la más representativa del tipo de cine al que quería dedicarse, y la que trazó su camino a seguir.

 

Asimismo confiesa que nunca le ha gustado escribir, pues para ello se requiere un carácter disciplinado del que carece. Con Arturo Pérez-Reverte y Antonio Cardenal empezó todo, ya que primero reescribió Cachito y después le ofrecieron adaptar la novela de Reverte El club Dumas en un guión que se convirtió en La novena puerta, que acabaría dirigiendo Roman Polanski. Así empezó la historia de un cineasta que tuvo de vivir durante un tiempo de guionista. Es empático a la hora de hacer sus guiones, ya que evita escribir cualquier especificación técnica para no obligar al futuro director a hacer nada que no salga de su voluntad.

 

Enrique Urbizu (derecha) junto a Quim Casas durante la charla en ESCAC
Enrique Urbizu (derecha) junto a Quim Casas durante la charla en ESCAC

 

Dice que el no tener continuidad de trabajo provoca que un cineasta que piense mucho sus películas, cosa que las hace más densas. Por eso considera La vida mancha (2003) como su mejor película, porque la rodó inmediatamente después de La caja 507 (2002).

 

Explica también su relación con los actores, sobre todo con José Coronado, con el que trabajó tanto en La caja 507, La vida mancha como en No habrá paz para los malvados. Para él, Coronado aprendió “que menos es más”, ya que lo esencial para el actor es ocultar parte de las emociones que el espectador se encargará de complementar. También destaca a Helena Miquel, quien en su primer papel de protagonista se enfrenta a un actor del tamaño de Coronado y a una película de grandes dimensiones. Un paralelismo con la ficción, ya que encarna a una jueza que se enfrenta a un caso nuevo, un reto distinto. Fue escogida por su físico, pero también porque en la película la voz en la jueza era fundamental.

 

Siguiendo en la misma línea, con su toque de humor, destacó a Montgomery Clift como su actor favorito por su fragilidad, su no exhibicionismo y su discreción. También declaró su poco aprecio por Marlon Brando diciendo que “en lo que tarda Marlon Brando en quitarse el sombrero, John Wayne ya ha llegado a Tejas”.

 

No solo nos habló de cine, sino también de su experiencia en la televisión, ya que hizo dos tv movies y una de las seis Películas para no dormir, Adivina quién soy, que describe como su mayor fracaso.

 

Después de No habrá paz para los malvados empezó con el rodaje de Alatriste, que para él fue una decisión no muy acertada. Recuerda una frase que le dijo uno de los productores de esta serie que nos define muy bien su experiencia: “me acabo de dar cuenta de que estamos haciendo una serie que hay que sentarse para verla, y los espectadores no lo hacen así”. Refiriéndose a que estaban haciendo una serie que no se ajustaba a los parámetros de la televisión.

 

Urbizu encuentra que no acabó de encajar en la televisión porque tiene un gusto por la oscuridad y los silencios que allí estaban prohibidos. Constata que en la TV hay mucha jerarquía donde todo el mundo opina, se ruedan escenas nuevas y para sustituir las escenas del director, se toman decisiones en función del “miedo” a la audiencia, y se elimina el riesgo, lo nuevo y lo desconocido para satisfacer a un target muy amplio. “El control creativo está en manos de los ejecutivos, no en las de los creativos”, acaba diciendo. Pero, por el otro lado, la TV le da el tiempo necesario para poder explicarlo todo.

 

Hizo también referencia a que su trabajo en Alatriste consistía únicamente en la puesta en escena, porque el guión ya estaba hecho. Además, del rodaje en Budapest aprendió básicamente que es difícil rodar con un equipo que literalmente no te entiende. Acabó por definir la serie como “frustrante”.

 

Los alumnos le preguntan sobre su método de escoger sus guiones, a lo que él simplemente contesta que “hay historias que vienen a ti”; se inspira en la vida real, el instinto, y sus intereses. Fue interesante escuchar cómo el atentado del 11-M le lleva al camino para escoger la trama de una de sus películas, haciéndose preguntas como: ¿Qué es lo que ha pasado? ¿Qué es lo que ha permitido ese atentado? Llegando a la respuesta de que el azar y el caos son los que posibilitan esa situación.

 

Se le propone recuperar al personaje de Santos Trinidad, a lo que no duda en contestar: “no se puede hacer, creo que Santos está bien así muerto

 

Antes de finalizar la charla deja claro que en el montaje de sus films no hay un solo plano que no haya decidido él. Suele entregar montajes con poco margen para retocar. Para él, el director es responsable del resultado final, y debe que tener razones para ganar las discusiones con los productores sobre las posibles modificaciones. También debe ser humilde.

 

Y eso es lo que hace Urbizu, ser humilde. Y tras disfrutar de una mañana en su compañía, terminamos admirando más su imponente figura.

 

Texto: Hajar Boutjat

 

Fotos: Daniel Molina y Àngels Gázquez

 

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