CRÍTICA DE “CITIZENFOUR”

Citizenfour

 

Entre las bambalinas de un escándalo

 

Libertad, privacidad y la negación de ambas. Este documental nos presenta a Edward Snowden, quizá un héroe, o simplemente alguien digno de admirar y que merezca mucho más que estar recluido en Moscú.

 

La directora, Laura Poitras, añade este documental al tríptico sobre la América post 11-S, y consigue convivir con el más célebre agente de la NSA en sus momentos más críticos, donde el sujeto prepara y lleva a cabo el golpe mediático que le supondrá terminar bajo asilo político.

 

 

Un retrato del personaje que, personalmente, escogió a la autora del filme como narradora y chivo expiatorio, y del momento culmen de su declaración bomba, donde destapó las endebles costuras de un mundo interconectado.

 

Si hay algo que destila el documental es humanidad y, sin duda, lo primero que te sacude es la pena; por una persona tan brillante y consciente de lo que suponía su afrenta al poder, que le condenaría como a un criminal.

 

 

El ritmo de la narración es un ejercicio de tensión de la vieja escuela, in crescendo a lo largo de toda la cinta. Acción- reacción, Glenn Greenwald, periodista de The Guardian, sale del hotel Mira, en Hong Kong, donde se aloja el sigiloso inquilino, y se detienen las rotatorias de medio mundo. Una trama real, construida mediante escuchas, e-mails, reuniones en Bruselas o desde la voz de la propia Poitras hasta la presencia de Snowden, el protagonista que se desnuda ante la cámara, antes, durante y después de que todo el mundo descubra los secretos que él ha revelado. Este traidor para muchos, tildado de terrorista por otros, muestra su personalidad, habla con franqueza y decide hacer frente a las consecuencias de sus palabras.

 

Del interior de habitaciones de hotel, salas de reuniones y redacciones de periódicos, pasamos a los atardeceres de capitales europeas o al anochecer de la brasileña Río de Janeiro, donde nada se tambalea. Edward Snowden ríe, mientras uno de los periodistas que participa en la cinta le pregunta su nombre, quizá contemplando esa ocasión como la última en la que alguien no conozca su identidad.

 

Una conspiración que podría haber sacudido el mundo, pero solo sirvió para derrumbar la vida de un ingeniero que defendió nuestra libertad.

 

Daniel Molina

 

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