CRÍTICA DE “NATIONAL GALLERY”

National Gallery

 

La persistencia de la realidad

 

Con más de cuarenta películas a sus espaldas, el veterano Frederick Wiseman, uno de los maestros del documental y pionero del Direct Cinema, demuestra una vez más con su última película National Gallery que ninguna de sus películas te va a dejar indiferente. Pues al salir de la sala después de ver la maravillosa pieza de Wiseman, se sale anonadado, enamorado del arte. Pues éste largometraje de tres horas es un reclamo a toda ese gente que siente pasión por el arte o más bien dicho del arte en todas sus vertientes.

 

 

Wiseman a partir de la observación y de la no intervención lo que va hacer es ocupar un espacio durante un periodo de tiempo con el fin de retratar lo que acontece en él, sin fantasear ni cuestionar la institución. Pues el cineasta se adentra en el museo londinense y va mucho más allá del mundo pictórico. La película está montada de tal manera que va intercalando los cuadros con la gente que los observa, con grupos de niños que visitan por primera vez el museo, como se restaura un cuadro, como se modela un marco, clases de dibujo o discusiones entre críticos de arte, lo que hace con ello no es sino humanizar el arte y por consiguiente la institución. Encontramos en la película una revelación de las trastiendas del museo.

 

 

Con la sensibilidad que caracteriza a Wiseman, éste lo que va hacer con una minuciosa observación es adentrarnos a uno de los mausoleos de la cultura y hacernos un recorrido alternado desde la pintura occidental de la edad media hasta la del siglo XIX. Así pues viajaremos con Tiziano y su Diana y Calisto, con Rubens y su Sansón y Dalila y en especial con Leonardo da Vinci con su famoso cuadro La virgen de las rocas. Así pues encontramos todo un universo a disposición de la cámara. Pues lo que hace éste maestro del documental es mostrarnos que cuando se es espectador de cualquier manifestación artística lo que se hace es otorgar vida a la obra de arte, estableciéndose un diálogo entre el que mira y lo mirado, un diálogo entre el pasado y el presente.

 

 

El último largometraje de Frederick Wiseman se tiene que ver como una obra de arte en todos los aspectos. Pues como bien se dice en una de las escenas del documental “explorar la condición humana para encontrar la reacción creativa propia, de cada uno de nosotros a esos cuadros”.

 

Mar Subirats

 

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