EL CINE Y LA PRIMAVERA. EL FESTIVAL D’A EN CLAVE SUBJETIVA

El pasado 3 de mayo tuvo final la quinta entrega del Festival Internacional de Cinema d’Autor de Barcelona. Esta edición ha sido memorable, repleta de grandes filmes. En las siguientes líneas no trato ni mucho menos de ofrecer críticas objetivas, que expliquen películas o traten de darles explicación. Me he limitado a describir aquello que quedó grabado en mis sentidos tras ver las cinco películas de las que hablo. A veces imágenes, otras reflexiones o incluso ritmos. Hay una temática común en todos los filmes: el viaje. El mayor de los viajes es la vida, sí. Y son películas que hablan de la vida. Y de cómo ésta se potencia a través del cine. Son impresiones primaverales de filmes primaverales.

 

 

El momento vertical

 

"Güeros" presente en el festival D'A
“Güeros”

 

Más o menos hacia la mitad de Güeros, la ópera prima de Alonso Ruizpalacios, hay un plano que aún hoy me encandila. En él aparece el coche de los protagonistas parado en mitad de la carretera mientras que el resto de vehículos protestan intentando abrirse paso y evitar un atasco irremediable. El único motivo por el que deciden pararse es porque, en caso de que murieran, a nadie le importaría. Una excusa infantil y profunda al mismo tiempo, que viene a ser el tronco vertebral de esta fresca joya. Al ver dicha secuencia, no pude evitar pensar en lo que Nietzsche definió en su día como el momento vertical. Si nuestra vida es el tránsito de la rutina, en ella, debe de haber un momento que rompa esa continuidad asfixiante y horizontal. Ese es el momento vertical, la vida por la vida, el cine por el cine. No se me ocurre ni se me ocurrirá mejor manera de representación del momento vertical que esa secuencia. Rodada en un nostálgico blanco y negro, existe en la propia cinta un discurso metacinematográfico donde se llega a cuestionar a sí misma, cuando los protagonistas empiezan a criticar todas aquellas películas actuales que son interesantes simplemente por el mero hecho de ser en blanco y negro. En Güeros existe el paralelismo entre Tomás y Ruizpalacios: ambos buscan un origen. Éste les rechaza. El paralelismo del viaje como cine y del cine como viaje. Quizá  en ese viaje no encontremos el cine, o ese cine no sea nuestro viaje. Sin embargo, siempre ganaremos algo. Una vez se conoce el pasado, es legítimo del presente traicionarlo y así convertirse en un futuro. Güeros es pasado, presente y futuro.

 

Dónde irán las canciones que cantamos

 

"No todo es vigilia" presente en el festival D'A
“No todo es vigilia”

 

Quizás Ozu, sí. Pero además de Yasujiro Ozu… son pocos los cineastas que se me ocurren que hayan retratado de una manera tan fiel, tan plácida, tan tierna y tan mágica a la vez la vejez como Hermes Paralluelo lo hace en No todo es vigilia. El filme está protagonizado por los abuelos del cineasta: Felisa y Antonio. La estructura es clara y rigurosa: la primera parte de la cinta pasa en un hospital donde se encuentran todas aquellas gentes que hace décadas se encontraban en las plazas de los pueblos conversando, viviendo y amando. Se me ocurren tantas cosas que comentar de la película…
Esos planos vacíos (Ozu es infinito) de paisajes remotos y nevados. La fotografía que el matrimonio observa hacia el final de la película. El tempo pausado con el que el filme transmite, en cierto modo, los años cansados que arrastran sus personajes. O el momento decisivo y emocional cuando el matrimonio sale por vez primera a la calle. Porque esa es otra: el filme pasa en lugares cerrados, donde los ancianos se sienten protegidos y recuerdan su vida pasada. Me gustaría entender No todo es vigilia como un viaje, un proceso de retrospección de la vida pretérita para comprender la vida venidera, que no es otra que la muerte. Vivir la muerte como otra vida. Porque no. No todo es vigilia. No todo es espera. También hay vida, sí. Ante todo la vida. Porque más allá de un drama, de una comedia, de un filme o incluso más allá del arte, por encima de todo eso, No todo es vigilia es algo más. Quizás un poema de verso libre. Quizás un canto.

 

 

Crepúsculos, amaneceres

 

"La sapienza" presente en el festival D'A
“La sapienza”

 

Dice Eugène Green en boca de uno de los cuatro personajes que protagonizan su nuevo filme La sapienza que la arquitectura es crear espacio y llenar el vacío de luz. No se me ocurre mejor definición del cine y el oficio, porque al fin y al cabo es un oficio, del cineasta. No voy a explicar su argumento. Es más: no quiero explicar su argumento. Tampoco diré los nombres de los protagonistas. Su nueva cinta parece haber sido creada a partir de la dicotomía. Es rigurosa a la vez que fresca. Simétrica y natural. Clásica y libre. Green vuelve al pasado para encontrar en el Renacimiento y el Barroco el sentido de la vida de sus personajes.
Un sentido estético, quizás, pero también filosófico. En esa vuelta atrás tanto autor como personajes se dan cuenta de que aquello realmente importante no es el Renacimiento o el Barroco, amar o ser amado, filosofar o vivir, sino ese momento impreciso en el que ambos movimientos se mezclan, se entrelazan, convirtiéndose en uno. Ese instante crepuscular para uno y original para otro. Quizás es verdaderamente ahí, entre el orden y el caos, el amor y el odio, la vida y la muerte, donde surge el cine. Y seguramente esa es la verdadera sapienza, la verdadera sabiduría: crear espacio y llenar el vacío de luz.

 

 

Las curvas de carretera

 

"Todas las canciones hablan de mí" presente en el festival D'A
“Todas las canciones hablan de mí”

 

Hay quien habla de los viajes de ida. Y de los viajes de vuelta. Y de los viajes de ida y vuelta. No creo en los viajes de ida y vuelta. Ni en los de ida ni en los de vuelta. Como si el viaje empezara en la ida y acabara en la vuelta. Como si la vuelta no fuera, en cierto modo, otra ida, otro viaje, un nuevo trayecto, una nueva expresión de lo que alguna vez fue la ida. El viaje es constante e irreversible. La vida. El cine.
Jonás Trueba se embarcó en un viaje, ni de ida ni de vuelta, simplemente un viaje en 1981, año en el que nació. Este viaje dio sus frutos en 2010, cuando estrenó su ópera prima Todas las canciones hablan de mí. Una película reflexiva, literaria y profunda. Tres años después sorprendería con una obra absolutamente libre e independiente a la que titularía Los ilusos. Y ahora vuelve, o mejor dicho; y ahora continua su viaje con una nueva cinta. Los exiliados románticos, que toma el título de la novela homónima de E.H. Carr. Poco diré de ella. Se trata de la road movie definitiva. Y es definitiva porque el filme se construye conforme se va viviendo, igual que esas curvas de carretera que sólo vives cuando pasas por ellas, y se desvanecen en la nada de la misma manera en que han aparecido. Son inesperadas y románticas. Son efímeras pero intensas.

 

Viaje al fin de la noche

 

"Eden" presente en el festival D'A
“Eden”

 

Hay algo en Eden, de Mia Hansen-Løve, que me cautiva. No sé definir exactamente el qué. No sé desentrañar su electricidad. Y sin embargo poco me importa. Es estúpida la necesidad de centrarse en la causa y obviar lo verdaderamente importante, lo realmente irreversible: las consecuencias. El filme de Hansen-Løve cuenta la carrera de un DJ en plena efervescencia del movimiento french touch en el París de los 90 y los 2000. Sus orígenes, su auge, su decadencia. Tras ver la cinta llego a conclusiones. Conclusiones inútiles, quién sabe. Igual que yo me dejo llevar por Eden inquietado sobre su magnetismo, también la autora se sumerge en la noche parisina, intentando desentrañarla. Por eso Eden es más que un mero retrato generacional. Es una búsqueda. ¿De qué? No lo sé con certeza. Quizá de motivos. Quizá de explicaciones. Y el catalizador de esa búsqueda es la música. Probablemente la más frágil de todas las artes. Y precisamente por eso la más subjetiva, pues queda empapada de recuerdos, de vivencias pasadas asociadas a la melodía, al tempo. Eden, quién sabe, es la búsqueda del tempo. El viaje a las catacumbas. La fuerza de la película reside en el enigma de la noche, algo que a tantos otros y en tan diferentes tiempos ha intrigado y seguirá intrigando.

 

Jaime Puertas

 

Un pensamiento sobre “EL CINE Y LA PRIMAVERA. EL FESTIVAL D’A EN CLAVE SUBJETIVA”

  1. Una magnifica reflexión, con un lenguaje que te va cautivando conforme avanzas en su lectura.
    Enhorabuena Jaime por hacernos disfrutar del cine.

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