CRÍTICA DE “A TIRO LIMPIO”

Maria Asquerino y José Suárez en A tiro limpio
Maria Asquerino y José Suárez

 

Con motivo del reciente homenaje brindado al cineasta catalán Paco Perez-Dolç rescatamos esta interesante película de 1963, su obra maestra como director, al margen de su  larga y exitosa carrera como ayudante de dirección en numerosas películas, así como de productor de cine publicitario, siendo uno de los cineastas más valorados de la industria española con más de cincuenta años de experiencia a sus espaldas.

 

 

Como su propio título explicita, el film nos sumerge en un mundo de delincuencia, traición, y venganza; en definitiva, en los elementos y valores clásicos que constituyen la esencia del cine negro.

 

La película, que transcurre en la ciudad de Barcelona de los años 60, recrea con detalle, gracias a un reparto adecuado a las necesidades narrativas de sus personajes, las vivencias de un grupo de delincuentes que, movidos por distintos motivos pero la ambición como nexo común, aúnan sus intereses para perpetrar distintos golpes que les reporten un beneficio económico.

 

En cuanto a estética se refiere, cabe destacar el uso del blanco y negro en la fotografía del film, a manos de Francisco Marín, como un elemento más que ayuda a contextualizar la historia que nos presenta Perez-Dolç y a resaltar, si cabe más, los rasgos propios del cine negro de los cuales bebe el director.

 

A nivel interpretativo cabe destacar a María Asquerino en el papel de amante de uno de los delincuentes, Román, interpretado de forma correcta y creíble por José Suárez. Su personaje recrea los rasgos de la femme fatale, arquetipo femenino muy característico en el cine negro clásico. Sus escenas fumando y con un diminuto camisón resultan incluso vistas a día de hoy muy modernas para el contexto en el que se estrenó el film, en plena dictadura franquista. El modelo de mujer que representa no era el habitual, ni mucho menos, en la filmografía existente en la época. De hecho, ni siquiera el própio género al que pertenece la película era el característico en las salas de cine de la década, estando el público habituado a otro tipo de historias y personajes, existiendo, en general, la creencia de que una historia de gangsters era solamente creíble en Estados Unidos. Por otro lado, Luis Peña realiza un magnífico trabajo interpretativo en la piel de Martín , el líder del grupo y más despiadado asesino de todos, siendo su papel de traidor un arquetipo más del cine negro clásico.

 

María Asquerino en su papel de ‘femme fatale’

 

Así como hemos resaltado la influencia del cine negro americano en el film cabe señalar una segunda influencia, esta vez proveniente de la nouvelle vague francesa que, pese a ser una corriente incipiente en ese momento, ya desplegaba algunas influencias más allá de sus fronteras y que claramente se ponen de manifiesto en la película ante la abundancia de escenas rodadas en exteriores que aportan un aire documental al propio film pues tiene muchas escenas filmadas en calles y edificios públicos de Barcelona fácilmente reconocibles para el espectador, mostrando así escenas cotidianas y un retrato del ambiente existente en la época.

 

Por último, otro punto interesante a destacar, y que supone una novedad importante en la cinematografía española hasta la fecha, es el uso de la lengua catalana en varios diálogos a lo largo del film, que sorprendentemente no fueron censurados pero que sin duda alguna ayudan a reforzar la credibilidad  de la historia.

 

A tiro limpio es, en definitiva, una excelente incursión de la industria española en el género del cine negro. Sin encontrarnos ante un gran guión, bien contado pero en ocasiones previsible, el film resulta, en su conjunto, una historia bien elaborada y dirigida, con momentos memorables y que sin duda alguna constituyeron un principio de modernidad en la filmografía española.

 

Andrea Capel

 

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