LAS GAFAS DE SOL DE ABBAS KIAROSTAMI

Abbas Kiarostami
Ilustración de Guillermo Labarga

 

Hace setenta y cuatro años, tres meses y veintidós días nacía en Teherán Abbas Kiarostami, el gran cineasta iraní. Un poco menos de tiempo hace, cuarenta y cinco años, desde la primera vez que Kiarostami decidió rodar un cortometraje para el Centro de Desarrollo Intelectual de Niños y Adolescentes o también conocido como Kanun. Su primer cortometraje es una pieza de unos escasos diez minutos que cuenta una historia (aparentemente) también escasa. Se trata de Pan y callejuela (1970). En esta pequeña filmación el cineasta iraní nos mostraba las adversidades de un niño que, tras haber salido a la calle a comprar pan, se cruza con un perro rabioso que no le deja pasar por una estrecha callejuela, tan estrecha, me atrevería a decir, como la sociedad iraní de aquel momento. Tras varios intentos fallidos, el niño decide darle un poco de pan al perro y, mientras está distraído comiendo, pasar por la callejuela. Fin. Así de fácil y así de sencillo. “Hágalo usted” dirán los más sensibles. Si cava más allá de la superficie, el espectador podrá encontrar en Pan y callejuela un relato moral sobre el sacrificio, sobre cómo para conseguir lo que queremos, tenemos que dar un poco de pan. Esta fábula sorprendió gratamente al Kanun, que a partir de ese momento histórico empezó a invertir cada vez más en el desarrollo del audiovisual. ¿Quién es Abbas Kiarostami? No lo sé.

 

 

Hagamos un salto en el tiempo. Ahora es 1987, fecha en la que Kiarostami estrena una cinta decisiva en su carrera como cineasta ya que le abrió las puertas en Europa gracias al éxito que tuvo en el Festival de Locarno. Me refiero al filme ¿Dónde está la casa de mi amigo? Dicha película, no muy lejos del cantar de gesta, relata las hazañas de Ahmed, un niño que, por descuido, se lleva a su hogar el cuaderno de deberes de Mohammad Reza, a quien el maestro ha amenazado con expulsión si no vuelve a entregar los deberes. Preocupado y ante la no comprensión de los adultos que lo rodean, Ahmed decide huir de casa y dirigirse al pueblo vecino con tal de encontrar la casa de su amigo y entregarle los deberes. Así de fácil y así de sencillo. “Hágalo usted” dirán los más sensibles. No obstante ¿Dónde está la casa de mi amigo? constituye un retrato magistral y antológico de una sociedad muy determinada con unos valores muy concretos. De este filme me quedo con ese sensacional plano donde Ahmed se encuentra en un camino de colina serpenteante, coronado por un árbol, con tal de llegar al pueblo de su amigo. Nunca sacrificio y deseo habían sido retratados de forma más sutil y poética. Y hablando de poesía, el título de la película lo coge de un poema de Sohrab Sepehri (¿Dónde está la Morada del Amigo?), guía espiritual de Kiarostami. Y hablando de guías espirituales, la figura tradicional del guía en la poesía persa parece tomársela Kiarostami al pie de la letra, pues en (casi) todos sus filmes se encuentra esa figura que, en el momento más antagónico para el protagonista, se revela cual ser divino. ¿Quién es Abbas Kiarostami? No lo sé.

 

Donde esta la casa de mi amigo
¿Dónde está la casa de mi amigo?

 

Diez años después de ¿Dónde está la casa de mi amigo? Kiarostami, tras muchos altercados con la censura islámica, consigue estrenar El sabor de las cerezas, que acabará por ser triunfadora en Cannes y se alzará con la Palma de Oro en la edición de ese mismo año. Ahora el personaje es un adulto, Badii, que vaga por las carreteras en busca de algún hombre dispuesto a enterrarle después de suicidarse. Así de fácil y así de sencillo. “Hágalo usted” dirán los más sensibles. Resulta interesante la prodigiosa tarea de, en un filme protagonizado por un hombre depresivo que busca enterrador, hablar de la vida en el sentido más dionisíaco, en el sentido de las cerezas. ¿Quién es Abbas Kiarostami? No lo sé.

 

El sabor de las cerezas
El sabor de las cerezas

 

Justo dos años después, Kiarostami se presenta de nuevo con otro fresco social sobre la cultura iraní más tradicional. La historia se centra en Behzad, un hombre que se traslada junto a su equipo (que, por cierto, nunca se ve) a una remota aldea kurda con tal de filmar el rito del entierro. Se pasa toda la película esperando a que la supuesta mujer muera con tal de filmarla. El filme es El viento nos llevará. Así de fácil y así de sencillo. “Hágalo usted” dirán los más sensibles. No obstante nunca mis ojos han visto paisajes más idílicos ni mis oídos escuchado conversaciones más poéticas. No hay nada como esa escena donde Behzad guiado (otro guía, mira por donde) por el médico de la localidad, los dos subidos en una moto hablando sobre la vida, el tiempo y el paisaje. Un poco de naturaleza, otro poco de asfalto y otro de poesía. Poesía por encima de todo. Y, sin embargo, que alguien me responda. ¿Quién es Abbas Kiarostami? No lo sé.

 

El viento nos llevara
El viento nos llevará

 

En 2008 Kiarostami presenta Shirin, un filme realmente sorprendente donde un grupo de mujeres están reunidas en una sala de cine viendo una película, que nunca será filmada por Kiarostami, sobre el personaje persa de Shirin. El filme se compone de dos motivos: uno visual y otro auditivo. El primero son todos los rostros de esas mujeres que contemplan, algunas emocionadas, otras somnolientas el filme. En el plano auditivo tenemos la película que ven en fuera de campo, pudiendo así el espectador seguir dos historias paralelas cada cual transcurre por  un canal distinto y se relacionan en esa delgada y confusa línea que es la del sentimiento. Así de fácil y así de sencillo. “Hágalo usted” dirán los más sensibles. ¿Quién es Abbas Kiarostami? Pues no, no lo sé.

 

Ríos de tinta han corrido hablando sobre su figura. Leo y leo. Desde los Cahiers hasta Alberto Elena. Y sin embargo sigo sin saber quién es Abbas Kiarostami. Más bien no sé determinar su figura bajo un código permanente. No sé catalogarlo. ¡Qué horrorosa tarea la de catalogar! ¡Qué mediocre el hombre que busca el raciocinio constante! Hay cosas que no se pueden controlar: los tsunamis, los despertadores, que la peluquera te corte el pelo como quieres o el cine de Abbas Kiarostami. Pero realmente, ¿eso importa? El viento nos llevará de todos modos. ¿Quién es Abbas? Un hombre sencillo con gafas de sol de esas cuyos cristales se oscurecen con mucha luz y se aclaran con poca. Es el niño que busca la casa de su amigo. Es el hombre que vaga en gran plano general a través de los olivos en busca de su amor platónico. Es el niño que viaja con su padre en un Renault 5 naranja observando desde los cristales que la gente, tras la catástrofe de un terremoto, sigue viviendo. Es el hombre que ha intentado suicidarse y en ese momento, justo en ese, se da cuenta de lo buenas que están las cerezas. O el hombre que sube a buscar cobertura al cementerio local para poder hablar por teléfono móvil. Es el niño mentiroso que miente a su madre porque tiene un sentido de la moral más elevado que ella. Porque sabe que, a veces, las personas se merecen más la mentira que la verdad. Es un plano de veinte minutos que muestra el reflejo de la luna sobre el oleaje marítimo. Es Juliette Binoche enfadada con su hijo. Es sonido fuera de campo. El crepúsculo. Un perro rabioso. Una migaja de pan. Un recién nacido. Una anciana que se está muriendo ahora mismo en una remota localidad iraní y no se arrepiente de nada de lo que ha hecho a lo largo de toda su vida. Es una adolescente a la que se le han muerto veinticinco familiares en un terremoto. Es Mohammad Reza llorando porque el profesor se ha enfadado con él. Es la denuncia a la educación opresora. El canto de cualquier estornino. Es Jean-Luc Godard diciendo que el cine empieza con Griffith y acaba con Kiarostami. Es un médico en vespa por prados imposibles. Es poesía persa. Es la tradición de un país en llamas. Es una nube de tormenta pasajera. Es el contemplador de la naturaleza. Romántico tras las gafas de sol. Es el viento que sopla sobre nosotros y nosotros que nos vamos y el viento que nos lleva. Es todo esto, sí. Pero ahora en serio, que alguien me diga quién es Abbas Kiarostami.

 

Jaime Puertas

 

Un pensamiento sobre “LAS GAFAS DE SOL DE ABBAS KIAROSTAMI”

  1. Ole qué arte! Quizás no existe tal Kiarostami, quizás Kiarostami es él consigo mismo. Puede que sus películas sean tan solo reflejos centelleantes, fruto de tales encuentros, convertidos en analogías audiovisuales en función a la realidad que le envuelve. Puede que Kiarostami sea entonces la imagen que genera en sus films, su pacto consigo mismo y con el prójimo que pueda (o crea) comprenderle.

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