CRÍTICA DE “DIOS MÍO, ¿PERO QUÉ TE HEMOS HECHO?”

Los padres junto con sus hijas y sus yernos de Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?
Los padres junto con sus hijas y sus yernos

 

¿Qué se puede decir de una película que te hace reír, pero que no es suficiente? Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho? tiene una idea inicial que consigue llamar a las salas a todos aquellos que son unos apasionados de la comedia o que les apetece pasar un rato divertido. Pero, esto es debido al gran mérito de la persona que realizó el tráiler, pues consigue hacer reír más al público que la hora y media que dura el filme, ya que, aunque se guarde algunos de los mejores chistes, tiene un ritmo a la hora de colocar las bromas que ojalá lo hubiésemos encontrado en la gran pantalla.

 

 

Esta película tiene como idea inicial la de unos padres franceses, bastante racistas y conservadores, que tratan de esconderlo lo mejor posible, o al menos hacen lo que pueden, ya que tres de sus cuatro hijas se han prometido y casado (excepto la última que está a punto de hacerlo) con una persona de distinto país de origen y cultura cada una. Una base que puede dar mucho de si por los prejuicios que pueden tener los padres y su forma de disimularlos, pero que , según mi opinión, no explota todo el potencial que puede llegar a tener. La razón no está en que los gags no sean buenos sino en que abren  bastantes frentes para hacer diversas bromas y que, al final, todas las historias  parecen incompletas, ya que no se decantan por ninguna de ellas como protagonista. Es decir, en primer lugar tenemos la historia de unos padres muy conservadores que intentan llevar lo mejor posible los matrimonios de sus hijas y que tienen una buena relación entre si, pero que en un momento dado, desde que la madre decide ir al psicólogo, comienzan a tener sus primeras diferencias.  En segundo lugar, nos presentan, a medias, los 3 matrimonios ya formados, muy diferentes en cuanto a forma de vida y , entre los cuales, ninguno de los maridos se lleva bien. Y, por último, está la historia de la hija pequeña que está a punto de casarse con el hombre de su vida, pero , parece ser, que todo se ha puesto en su contra. Tres premisas muy interesantes (un matrimonio racista incurable que se autocompadece de su “mala suerte”, las tensiones que viven las 3 parejas entre ellas  y la historia de amor entre dos personas que deben enfrentarse tanto a la familia de ella como la de él), pero que, en definitiva, en vez de complementarse entre ellas, crean vacíos que obligan a poner solo chistes que rozan la superficie. Por ejemplo, hay un momento en el que las hijas mayores y sus parejas se alían para romper la relación entre la hermana menor y su prometido, pues habían conseguido estar más unidos y creen que un elemento nuevo rompería la armonía que acaban de crear. Una idea un tanto común, pero que habría funcionado muy bien y, quizá,  habría podido ser una de las partes más divertidas si se hubiera profundizado en la evolución de las relaciones entre los cuñados y en la historia entre las hermanas, pero que, finalmente, queda como un “mini” obstáculo que debe saltar la nueva pareja para continuar con la boda, pues tan pronto como lo plantean ya está terminando y con un final bastante previsible: la hermana menor rompe a  “llorar”  cinco minutos después de que hubiesen urdido y realizado el plan para que se separaran y todas se abrazan (siento el spoiler si aún no lo habíais adivinado, pero no pude contenerme).

 

Momento en el que se reconcilian con el nuevo miembro de la familia

 

Por otra parte, debo añadir que tuve la “suerte” de poder ver esta película en una sala en la que solo estaba yo. Digo suerte, no porque me guste ver las butacas vacías- cosa que me da un miedo tremendo- sino porque creo que las comedias, las que son buenas de verdad, no necesitan ser vistas en grupo para generar risa (pues todos sabemos que en los cines, por muy malos que sean los chistes, si estás en compañía puedes llegar a reírte de casi cualquier cosa), sino que son las que por si mismas son lo suficientemente capaces de hacer reír a una persona hasta más no poder. Tomo de ejemplo Con faldas y a lo loco o Pequeña Miss Sunshine. ¿Quién no recuerda a Jack Lemmon en la playa vestido de mujer o bailando un tango con una rosa en la boca? ¿O quién no es capaz de reírse en el número final de Olive en el concurso de belleza? Y no necesitas estar en grupo para que, por lo menos, se te escape una sonrisa. Con todo esto, lo que quiero decir es que, no es que sea una mala comedia, porque para pasar un buen rato viendo una película amable en la que todos se ríen de todos y los conflictos quedan en nada, cumple su función perfectamente, pero una vez que pasas las puertas de la sala y vuelves a la realidad no hay ningún gag que se llegue a quedar grabado ni la sensación de haber reído como nunca.

 

Jack Lemmon en Con faldas y a lo loco

 

Pequeña Miss Sunshine. Número final

 

Pero, como siempre y más cuando se trata de comedia (pues el humor es muy personal) para gustos colores. Y es más, nunca se pierde nada por ir a ver cualquier película, sea la que sea. En mi caso, me ha servido para poder nombrar- como ya lo hago poco- a Billy Wilder en esta crítica.

 

Que el cine os acompañe.

 

Andrea Ordóñez

 

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