CRÍTICA DE “FUERZA MAYOR”

Retrato familiar  en Fuerza mayor
Retrato familiar

 

La sutileza de la complejidad humana

 

Force Majeure, el cuarto largometraje del prominente director sueco Ruben Östlund, sigue la línea crítica que ya encontrábamos en su anterior trabajo, Play (2011). Nos presenta una sátira que no se aleja de la realidad. Con el escenario idílico, popular en las escapadas familiares propias de la clase media-alta, nos reflejará a partir de una catástrofe natural como se van desmoronando las relaciones familiares y en concreto las matrimoniales. Pues el alud será el culpable de sacudir la superficie del ser humano para dejarnos ver la frialdad que se esconde detrás, todo ello a partir del instinto de supervivencia que tiene el padre de familia interpretado por Johannes Kuhnke.

 

Con esa escena del alud retratada inicialmente como si fuese una atracción más para los protagonistas de la escena, provocará la obsesión de la madre de familia ante la actitud que tiene su marido huyendo y dejando a ella y a sus hijos desamparados en medio de ese accidente natural. A partir de entonces el largometraje va mucho más allá interrumpiendo la mecánica familiar que veíamos antes del alud y desestructurándola para reflejar de manera arriesgada con un humor absurdo los asuntos familiares escondidos entre reproches. Con un tono que se moverá entre el drama y la comedia Östlund nos presenta una crítica a los estereotipos y a los roles tanto del hombre como de la mujer, navegando entre lo humillante y lo patético tanto de los personajes como de la situación.

 

La estereotipada escena familiar interrumpida por el alud

 

Un largometraje visualmente impresionante, se nos presenta una belleza invernal bañada de blanco, un blanco que se irá complementando con escenas nocturnas insinuándonos la tormenta familiar que está por venir. A todo ello se le suma des del punto de vista sonoro, una atronadora melodía interpretada por violines y explosiones que no harán más que acentuar las explosiones familiares.

 

La última película de Ruben Östlund, galardonada con el premio del jurado en el pasado Festival de Cannes, nos habla tanto de la frialdad humana como de la fragilidad, pero sobretodo nos habla del vacío, un vacío envuelto entre el miedo y la tristeza. Un largometraje nada convencional dónde la realidad muchas veces supera la ficción.

 

Mar Subirats

 

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