CRÍTICA DE “UPSTREAM COLOR”

 

Pese a que la película se presentó en el Festival de Sitges en 2013, no fue hasta el mes pasado cuando pudimos disfrutar en nuestras salas de la nueva película del director Shane Carruth: Upstream Color.

 

Han pasado casi nueve años desde que el director realizó su ópera prima Primer, probablemente la  película sobre viajes en el tiempo más confusa de la historia, que además ya es considerada por muchos una obra de culto.

 

En esta ocasión Carruth sigue el mismo método que ya utilizó en Primer, encargándose del guion, la dirección, la fotografía y la música, además de actuar, siendo el protagonista de la película junto con una magnífica Amy Seitmetz.

 

La película nos cuenta la historia de Kris y Amy, dos personajes que verán su vida ligada a un ente sin que ellos lo sepan. Esta conexión provocará que los dos personajes vean sus vidas entrelazadas.

 

A partir de este argumento tan “abstracto” Shane Carruth construye un relato extraño, desconcertante, confuso y muy enrevesado, tal como ya hizo con Primer, mediante un estilo que mezcla elementos de directores tales como Lynch, Cronenberg, Nolan o incluso Mallick.

 

Aunque resulte paradójico, esta “confusión” en la película es lo que precisamente la hace atractiva.   La pregunta es: ¿Tiene Upstream Color realmente una explicación lógica? La respuesta es clara: sí, la tiene, y es fácil de encontrar si se unen los elementos adecuados.

 

Tal como ha dicho varias veces el director, plantea sus películas como problemas matemáticos, como puzzles en los que faltan piezas, o se obvia información para que el espectador ponga toda su atención y se involucre totalmente en la película, uniendo los diversos fragmentos y llenando los huecos mediante su imaginación (método que recuerda al utilizado por Carlos Vermut en Diamond Flash o  en Magical Girl)

 

Los protagonistas de Upstream Color

 

La fotografía está cuidada, el montaje es brillante y la película contiene buenas escenas. Sin embargo, el film comienza cuando cesa la proyección y nos preguntamos qué es lo que hemos visto y buscamos un significado, una unión de todos los elementos de la historia.

 

En definitiva, Upstream Color es una “delicatesen” no apta para todos los paladares, enrevesada, confusa y a ratos desesperante, todo sea dicho. Sin embargo, su planteamiento y la manera en la que juega con el espectador la hacen merecedora de un visionado y, sobretodo, de una profunda (y posiblemente frustrante) reflexión.

 

Daniel Belenguer Guerrero

 

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