CRÍTICA DE “TAXI”

Ficticio, real. Ficticio, ficticio. No, claro que es real.

 

Este sentimiento de haber sido traicionado cuando se sale del cine… Este momento cuando se abandona el cine y todos los que están a nuestro alrededor no pueden dejar de discutir con entusiasmo y uno se pregunta por qué no comparte su estado ánimo. Por una parte, esta experiencia es extremadamente deprimente; por otra parte, nos aclara la mente en el momento en que empezamos a analizar por qué estamos tan decepcionados.

 

Durante el visionado de Taxi navegué varias veces en la incertidumbre de si me encontraba en un documental con historias muy mezcladas pero reales, o si saboreaba la vida de Teherán desde el punto de vista subjetivo de Jafar Panahi, el director del filme. Taxi es una película que ha sido rodada exclusivamente en un taxi, grabada por varias cámaras compactas fijadas en distintas partes del coche. El director de la película se interpreta a sí mismo y va por Teherán durante un día. En esta ciudad es habitual que cualquier ciudadano utilice este medio de transporte para desplazarse, ya que es económico y se puede compartir con gente que va en la misma dirección. A través de eso surge una amplia variedad de la sociedad media iraní, gente de todas las clases sociales y, además, con oficios y opiniones muy distintos, confluye. Parece que el taxi es en Teherán “el sitio” en el que uno puede expresar su opinión abiertamente, si se quiere dar fe de esta imagen de la ciudad.

 

Taxi

 

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