NEGATIVO GANADOR – Otro cine español

UN OTOÑO SIN BERLIN – LARA IZAGIRRE

 

Hace unas semanas estuve en Madrid, llegue un jueves, y el viernes cuando me junte con mi amiga Grace decidimos ir al cine. Esa mañana mi hermana me había hablado de una película que había hecho una vasca, me decía que era su primera película y que hablaba sobre una chica que volvía a casa después de un tiempo. Y yo por eso de que era vasca, de que era su primera película y que el tema es algo que me suele tocar vivir desde que me fui de casa, decidí que seria “Un otoño sin Berlin” la película del viernes.

 

De esa manera e igual que me paso cuando mi madre me vino a ver a Barcelona y vimos “Amama”, esta vez, dos vascas se metían en el cine Princesa de Madrid a ver una preciosa historia que ya empezaba a sentir en carnes propias.

Al salir del cine cogí una reseña de la película que tenían en la taquilla y allí lei lo que decía Lara: “Un otoño sin Berlin surge de una necesidad de comunicar cosas que eran importantes para mi de una forma inconsciente y que no podía transmitir si no era a través del cine.[…] Yo buscaba transmitir una sensación concreta de un momento de la vida”.

 

 

Lara lo había conseguido, al menos conmigo, yo había llegado a sentir esa sensación en cada momento de la película, desde que June (protagonista) baja del autobús con la maleta y recorre las calles para llegar al timbre de un portal, hasta el ultimo plano en el que vuelve a ese autobús que la había traído.
No se si condicionada por haber sentido estos momentos tantas veces dentro de mi, o por si verlos representados en un paisaje conocido, la película de Lara me volvió a inspirar de alguna manera.
June, después de haberse marchado sin decir demasiado a nadie, vuelve a casa también sin avisar. Allí se encontrara con Diego, chico con el que tuvo una relación en el pasado y que ahora vive encerrado en casa. También se encontrara con Ane, su amiga de toda la vida, ademas de con su padre y su hermano. A la vez conocerá a Nico, un niño al que le dará clases de francés.

 

 

Siendo esta la tercera película vasca que veo en el cine este año (después de Loreak y Amama), encuentro una forma de narrar en común en las tres películas. No en todos los aspectos, pero si en el ritmo de las historias, no hay prisa, las cosas pasan porque tienen que pasar, como la vida, que se va sucediendo. En esta forma de narrar veo la personalidad, la forma de ser de los vascos, entiendo una cultura, un paisaje, una historia.
En “Un otoño sin Berlin” todo el dramatismo que podría haber en la historia no esta, porque no se mete el dedo en la llaga, porque cuenta la vida, el amor, la amistad… y esto es mucho mas bonito. Hay una ternura en toda la película, una nostalgia, esa nostalgia del personaje de Irene Escolar, la nostalgia de la directora que también vuelve allí a rodar su película. Todo esta retratado con un inmenso amor, como la relación entre June y Diego, o la de June y Nico.

 

 

Con todo esto, me pareció extraordinaria la actuación de Irene Escolar, que me llevo durante toda la película de un lado a otro cada vez sintiéndome mas cerca del personaje de June. Hasta el momento final en el que con solo un plano y el rostro de June llegamos a entender y empalizar con todo lo que ha pasado, esta pasando y podría pasar el personaje.
Una preciosa opera prima que habla sobre como es aquello de volver a casa después de haber estado fuera y de haber mitificado esa vuelta, sobre las relaciones humanas, sobre la vida que pasa y sobre la maduración de un personaje que tiene que aceptar que algunas cosas son como son y que mas tarde, de esta aceptación vendrá su felicidad.