LO QUE NO SE RESPIRA, INSPIRA

Inspiración, creación y creatividad, parecen la fórmula perfecta para que nazca una idea, sea buena, o no tan buena. Todos los que nos dedicamos en cierto modo a las artes (o al menos eso intentamos) pretendemos buscar o encontrar cada uno de estos ingredientes para que en nuestra mente, llena de caos y desorden, se halle una idea fuera de lo común, buscando la diferencia de todo lo que hemos visto antes, ya sea coherente o no. Pero estas tres milagrosas palabras, ¿realmente se buscan o se encuentran, o son pura vocación? De manera muy subjetiva, pienso que todos nosotros las tenemos, no todos las encontramos, o las desarrollamos del mismo modo, pero están ahí, escondidas en algún rincón de nuestra cabeza, vagabundeando, esperando a ser usadas. No obstante hay muchos factores que pueden agudizar cada uno de estos términos por separado. Inspiración, es la palabra que más me interesa, rodeada de misterio, por llamarlo de alguna manera, ya que llega sin previo aviso, de repente, y en cualquier lugar o momento. La inspiración parece llamarnos a la puerta, cuando por causas externas, se entremezclan ideas remotas con imágenes y nos “iluminamos”.

 

inspiración

 

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Tras varios minutos debatiendo conmigo mismo sobre cómo debería empezar a escribir sobre Hunter S. Thompson, al fin he hallado la respuesta. Bueno, sólo a medias. “Debes de comenzar con una primera frase excelente”, me he dicho. Un par de oraciones que atrapen a quien lea esto como un anzuelo de púas engancha a un marlín, obligándole a dar violentos coletazos en su intento por zafarse, pero sin conseguirlo.

 

Buscaba algo que pudiera golpear con la fuerza de un martillo, pero que a la vez fuera lírico, como cuando Nabokov escribe: Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Alguna cosa del tipo: Todas las familias felices se asemejan, pero cada familia desdichada es desdichada a su manera, de Tolstoi. O algo, si me lo permiten, más arrollador todavía, como el principio del Aeropuerto de Hailey: A las seis y media de la tarde, un viernes de enero, el Aeropuerto Internacional de Lincoln, estado de Illinois, funcionaba, pero con dificultades.

 

Ante la incapacidad de escribir esta frase por medios propios no me ha quedado otra opción que la del hurto literario. La respuesta no andaba lejos; una cita del propio Thompson en la contraportada del libro que tengo sobre el escritorio:

 

Lejos de mi la idea de recomendar al lector drogas, alcohol, violencia y demencia. Pero debo confesar que, sin todo esto, yo no sería nada.

 

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