NEGATIVO GANADOR PRESENTA: LAS CABRAS DE HITCHCOCK

Cuando me ofrecieron escribir una sección para Negativo Ganador (entonces no se llamaba así; de haberlo hecho puede que hubiera meditado más mi respuesta), además de alegrarme y creerme el trasunto de Truffaut, Rohmer y compañía, supe de inmediato que el día previo a cada entrega iba a ser un infierno.

 

Trabajo siempre in extremis, como ése redactor de periódico al que el chaval de la linotipia le arranca la página de la máquina de escribir, mientras todavía teclea fútilmente para llegar a tiempo a la hora del cierre. Todas las ideas y conclusiones brillantes (¡ja!) que me han asaltado en algún momento u otro a lo largo de estos días previos, se han esfumado de mi cabeza (con un ahínco de fuga digno del Eastwood de Escape from Alcatraz) en el preciso momento de sentarme a confeccionar este artículo. Y aquí estoy, desvalido ante la página en blanco, como Norman Rockwell ante el lienzo que habrá de convertirse en unas pocas horas en la próxima portada del Saturday Evening Post.

 

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