POESÍA DESDE LA TRINCHERA. Conversaciones con Hermes Paralluelo

Son pocos los cineastas que se me ocurren que hayan retratado de una manera tan fiel, tan plácida, tan tierna y tan mágica a la vez la vejez como Hermes Paralluelo lo hace en No todo es vigilia. Se me ocurren tantas cosas que comentar de la película… Esos planos vacíos (Ozu es infinito) de paisajes remotos y nevados. La fotografía que el matrimonio observa hacia el final de la película. El tempo pausado con el que el filme transmite, en cierto modo, los años cansados que arrastran sus personajes. O el momento decisivo y emocional cuando el matrimonio sale por vez primera a la calle. Porque esa es otra: el filme pasa en lugares cerrados, donde los ancianos se sienten protegidos y recuerdan su vida pasada. Me gustaría entender No todo es vigilia como un viaje, un proceso de retrospección de la vida pretérita para comprender la vida venidera, que no es otra que la muerte. Vivir la muerte como otra vida. Porque no. No todo es vigilia. No todo es espera. También hay vida, sí. Ante todo la vida. Porque más allá de un drama, de una comedia, de un filme o incluso más allá del arte, por encima de todo eso, No todo es vigilia es algo más. Quizás un poema de verso libre. Quizás un canto.

 

Hermes Paralluelo
Hermes Paralluelo

 

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